En los últimos seis meses, se notificaron varios subtipos de influenza aviar de alta patogenicidad en más de 40 países. Durante el periodo de alto riesgo de esta enfermedad, es decir entre los meses de octubre y abril, los países deben intensificar sus esfuerzos en materia de vigilancia, implementar las más estrictas medidas de bioseguridad y garantizar una notificación oportuna de los brotes con vistas a frenar su propagación.

París, 19 de noviembre de 2021 – Desde el 1 de mayo de 2021, se confirmaron brotes de influenza aviar de alta patogenicidad (IAAP) en aves de corral y silvestres, en 41 países de diferentes regiones. Presente en la actualidad en África, Asia y Europa, la enfermedad representa una amenaza para la estabilidad económica, la seguridad alimentaria y los medios de subsistencia. Conocida comúnmente como “gripe aviar”, la influenza aviar es una enfermedad muy contagiosa que afecta a numerosas especies de aves de corral, así como a aves de compañía y silvestres; también puede afectar a los seres humanos de forma ocasional. Se trata de una compleja enfermedad causada por virus divididos en múltiples subtipos, cuyas características genéticas evolucionan con gran rapidez. En los últimos años, numerosos subtipos de los virus de la IAAP circularon en diversas poblaciones de aves en una amplia escala geográfica. En 2021, la notificación de una variabilidad genética sin precedentes de los subtipos generó un panorama complejo desde el punto de vista epidemiológico. Los subtipos H5N1, H5N3, H5N4, H5N5, H5N6 o H5N8 circulan actualmente en las poblaciones de aves de corral y silvestres de todo el mundo.

El modelo estacional de la influenza aviar se ha estudiado y demostrado a lo largo de la última década, con la mayoría de los brotes registrados durante el invierno del hemisferio norte. Gracias a los datos comunicados por los países al Sistema Mundial de Información Zoosanitaria (OIE-WAHIS), es posible realizar una mejor previsión de la dinámica estacional: los brotes comienzan a aumentar progresivamente en octubre, alcanzan su punto máximo en febrero y continúan hasta el mes de abril. Durante el pasado mes de octubre, ya se notificaron alrededor de 16 000 casos de IAAP en aves domésticas y silvestres, lo que indica un aumento del riesgo de circulación del virus. En pocos casos, la enfermedad también representa un riesgo para la salud humana y, hasta el momento, se han asociado algunos casos humanos recientes al subtipo H5N6, actualmente en circulación. Por lo tanto, la influenza aviar constituye una de las prioridades de la Alianza Tripartita (FAO, OIE y OMS) y debe tratarse en base al enfoque Una sola salud.

Es fundamental que los países efectúen una notificación oportuna de los brotes a la OIE, con el fin de seguir con precisión la evolución y la propagación de esta enfermedad transfronteriza. Están sujetos a notificación todos los casos de IAAP identificados en aves de corral y en especies no avícolas, incluida la fauna silvestre. La obligación actualizada de notificación entrará en vigencia el 1 de enero de 2022. Además, se solicitará a los países que notifiquen las infecciones por el virus de la influenza aviar de baja patogenicidad identificado en aves domésticas y silvestres cautivas, que hayan demostrado una transmisión natural a los seres humanos asociada a repercusiones sanitarias de gravedad. Los laboratorios de referencia de la OIE especializados en la influenza aviar están capacitados para brindar asistencia a los laboratorios nacionales para la realización del diagnóstico de sus muestras, en función de las necesidades de los países.

Dadas las repercusiones de la enfermedad sobre los ingresos de los avicultores y sobre el comercio internacional, el sector de la sanidad animal debe implementar estrictas medidas de bioseguridad en las granjas, el comercio y los mercados de aves vivas para evitar así su propagación. Por ejemplo, se recomienda encarecidamente aislar las aves infectadas de las sanas y limpiar y desinfectar las instalaciones avícolas. Además, para mitigar los brotes en las aves de corral domésticas y prevenir la introducción del virus en las parvadas, es fundamental una planificación adecuada y la implementación de programas de vigilancia de las aves silvestres, así como la aplicación de medidas destinadas a evitar el contacto directo o indirecto entre las aves domésticas y las silvestres. Por lo tanto, la OIE insta a los países a mantener sus esfuerzos de vigilancia y a seguir notificando oportunamente los brotes de influenza aviar tanto en las aves de corral como en las especies no avícolas, incluidas las aves silvestres.



La erradicación de la peste bovina en el mundo nos transmite un mensaje de optimismo en el marco de la lucha contra las enfermedades infecciosas de origen animal. La reciente pandemia de la COVID-19 demostró claramente la fuerza devastadora de las enfermedades infecciosas emergentes, además de recordarnos la función de protección que desempeñan las vacunas.

Este texto se publicó originalmente en el sitio web de iD4D bajo la licencia internacional de Creative Commons BY NC ND 4.0

Durante siglos, los brotes de peste bovina causaron la muerte de millones de cabezas de ganado, búfalos, yaks y animales silvestres en África, Asia y Europa. Dichos brotes acarrearon una verdadera escasez de alimentos, generando terribles hambrunas, crisis económicas y sociales, además de la interrupción del arado con tracción animal, utilizado en las zonas rurales para el cultivo. Décadas de esfuerzos concertados de gobiernos y organizaciones locales, con el respaldo de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE), la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) y otros socios, permitieron la erradicación de la peste bovina gracias a la realización de campañas de vacunación masiva del ganado. La victoria mundial sobre esta devastadora enfermedad se declaró en 2011, diez años después del último caso notificado a la OIE.

Hacia una mejor gobernanza de la sanidad animal

Más allá de la importancia de haber erradicado la peste bovina en el mundo, las lecciones aprendidas beneficiarán a las generaciones futuras. La historia de la lucha contra la enfermedad fue uno de los principales motores para la creación de numerosos Servicios Veterinarios nacionales, además de promover la creación de las primeras escuelas de veterinaria. Uno de los principales ejemplos es la inauguración de la primera escuela de veterinaria del mundo en Lyon (Francia), en 1761, lo que impulsó la creación de otras escuelas en toda Europa. Igualmente, en África, la primera escuela veterinaria se fundó en Egipto, en 1827, en el marco de la lucha contra la peste bovina. Más tarde, surgieron las redes nacionales y regionales de laboratorios veterinarios destinados al diagnóstico y el control de calidad de las vacunas para luchar contra la enfermedad. En Asia, el Instituto de Investigación Veterinaria de la India se creó en 1913 con la intención de desarrollar una vacuna contra la peste bovina, mientras que en África, el Centro Panafricano de Vacunas Veterinarias de la Unión Africana (AU-PANVAC) inició sus actividades en el año 1986. A escala mundial, la devastación causada por esta enfermedad impulsó la creación en 1924 de la Oficina Internacional de Epizootias (OIE) que, más tarde, se convirtió en la Organización Mundial de Sanidad Animal. Estas estructuras, instituciones y organizaciones sentaron las bases sólidas de los actuales sistemas de gobernanza de la sanidad animal.

Hasta la fecha, la erradicación de la peste bovina constituye un hito sin precedentes en la historia de la sanidad animal. La única hazaña comparable en el ámbito de la salud pública es la erradicación de la viruela, una enfermedad de origen humano, en los años 1980. Ambas enfermedades tienen un origen vírico y comparten características que las convirtieron en un objetivo de erradicación desde que se dispuso de herramientas de diagnóstico fiables y vacunas seguras y eficaces, además de un apoyo político y financiero. En la actualidad, siguiendo el camino marcado por la peste bovina y la viruela, se trata de lograr la erradicación de otras enfermedades infecciosas, como la rabia transmitida por los perros y la poliomielitis en los seres humanos, además la peste de pequeños rumiantes (PPR) en los animales.

Preparando el camino para la erradicación de otra enfermedad en 2030

En la actualidad, la meta de la comunidad internacional es la erradicación de la peste de pequeños rumiantes (PPR) en 2030. Se trata de una enfermedad que afecta a ovejas y cabras en alrededor de 70 países, en particular en África, Asia y Oriente Medio, donde vive el 80 % de la población de los pequeños rumiantes. Principalmente, se trata de animales a cargo de pequeños productores, que dependen de ellos para alimentarse y obtener otros productos, como lana y piel, así como para generar ingresos. Los pequeños rumiantes representan un seguro ante la pérdida de sus cosechas y los periodos de sequía, además de contribuir a la seguridad alimentaria, la nutrición, los medios de subsistencia, el desarrollo económico nacional y el bienestar general de alrededor de 330 millones de personas. En su mayoría, se trata de mujeres, cuyos ingresos son fundamentales a la hora de alimentar y educar a sus hijos y alcanzar su autonomía y empoderamiento. Por lo tanto, la erradicación de la PPR representa un elemento capital para la protección de los pequeños propietarios, los granjeros y sus medios de subsistencia.

Dado que el virus de la PPR pertenece a la misma familia que el virus responsable de la peste bovina, las numerosas lecciones aprendidas de la erradicación de la peste bovina pueden aplicarse a los esfuerzos de eliminación de la PPR. Además, puesto que las vacunas contra la PPR están disponibles con facilidad y pueden inducir una inmunidad protectora a largo plazo, la vacunación representa una de las herramientas clave de la Estrategia de Control y Erradicación.

La vacunación: la piedra angular del control y la erradicación de las enfermedades infecciosas

Si bien las lecciones aprendidas de la erradicación de la peste bovina y la viruela se difundieron en múltiples ocasiones y en foros, las enfermedades infecciosas cuya erradicación se pretende en la actualidad se enfrentan a una serie de retos: inestabilidad política, falta de financiación a nivel nacional y cuestionamientos en torno a las vacunas. La actual pandemia de la COVID-19 puso a prueba nuestra resiliencia y nos recuerda la eficacia de la vacunación en la salud pública mundial si se aplica con una visión de equidad, salvando millones de vidas cada año y reduciendo drásticamente las muertes causadas por enfermedades prevenibles. En el ámbito de la sanidad animal, la vacunación permitió aumentar el rendimiento de la producción, mejorar el estado sanitario los animales y el rendimiento de las inversiones de los productores. En el caso de la peste bovina, la lucha contra la enfermedad aceleró el desarrollo de una vacuna segura y de bajo costo. Una vez la vacuna disponible, fue posible poner en marcha campañas de vacunación a gran escala en las regiones afectadas.

Aunque ahora nos parece un recuerdo lejano, la peste bovina sigue representando una amenaza potencial debido al riesgo de fuga o de liberación deliberada del virus de los institutos que almacenan material con alto contenido del virus. La OIE y sus socios hacen hincapié en la prevención de una posible reaparición y, si fuera necesario, en la preparación para mitigar las consecuencias. Las reservas de vacunas contra la peste bovina para uso mundial brindan una red de seguridad y constituyen el elemento central del Plan de Acción Mundial contra la Peste Bovina. Como resultado de la experiencia de la erradicación de la peste bovina, es prioritaria la distribución de vacunas fiables para la PPR y su introducción en los bancos de vacunas.

La erradicación de la peste bovina demuestra claramente la importancia de la vacunación y la colaboración multilateral en la protección de la sociedad frente los efectos nocivos de las enfermedades infecciosas. Debemos mantener la vigilancia frente al surgimiento de nuevas amenazas sanitarias y a la reaparición de las enfermedades ya existentes. Aprovechemos las importantes lecciones del pasado para asegurar un futuro saludable para todos.

Enlace: Creative Commons — Attribution-NonCommercial-NoDerivatives 4.0 International — CC BY-NC-ND 4.0

Roma/Nairobi/Ginebra/París – La Plataforma de asociación entre múltiples partes interesadas sobre la resistencia a los antimicrobianos se ha puesto hoy en marcha para asegurar que las crecientes amenazas y repercusiones que plantea la resistencia a los antimicrobianos se aborden a escala mundial. 

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), conocidas como la Asociación cuadripartita, suman sus fuerzas en esta iniciativa para hacer hincapié en la amenaza que la resistencia a los antimicrobianos representa para los seres humanos, los animales, las plantas, los ecosistemas y los medios de vida.  

 Se estima que 1,3 millones de personas mueren cada año en todo el mundo como consecuencia directa de la resistencia a los antimicrobianos (RAM) bacteriana. Si no se actúa, esta cifra podría escalar drásticamente, acarreando una elevación del gasto de la sanidad pública y empujando a más personas a la pobreza, especialmente en los países de ingresos bajos, lo cual pone de relieve la necesidad de la Plataforma de movilizar nuevos esfuerzos coordinados.  
 
Los antibióticos y otros agentes antimicrobianos desempeñan un papel fundamental en el éxito de la medicina moderna y han mejorado notablemente la salud de las personas y los animales. Pero su abuso y mal uso les ha restado eficacia, con el resultado de un mayor número de patógenos que han desarrollado la capacidad de sobrevivir a los antimicrobianos que se diseñaron para eliminarlos.  
 
La RAM se produce cuando las bacterias, los virus, los hongos y los parásitos ya no responden a los agentes antimicrobianos. Como consecuencia de la resistencia al fármaco, los antibióticos y otros agentes antimicrobianos dejan de ser eficaces y las infecciones resultan difíciles o imposibles de tratar, con lo que aumenta el riesgo de propagación de la enfermedad, enfermedad grave y muerte. 
 
Por otra parte, 1 300 millones de personas dependen de la ganadería como medio de vida y otros 20 millones lo hacen de la acuicultura, especialmente en países de ingresos bajos y medios. La propagación de cepas resistentes de patógenos afecta inexorablemente a sus medios de subsistencia, ya que incrementa el sufrimiento de los animales y la pérdida de estos. Las aplicaciones a cultivos, así como la eliminación inadecuada de los medicamentos no usados o caducados y los residuos de las industrias y comunidades, pueden ocasionar la contaminación de los suelos y corrientes, propagándose de este modo el desencadenante que hace que los microorganismos no deseados desarrollen resistencia a los instrumentos ideados para contenerlos y eliminarlos. 
 
La nueva Plataforma de asociación entre múltiples partes interesadas sobre la resistencia a los antimicrobianos es un foro inclusivo e internacional que reúne a voces de todos los ámbitos, sectores y puntos de vista a través de un enfoque holístico a escala de todo el sistema centrado en el enfoque “Una salud”, con miras a favorecer una visión común que responda a la necesidad de mejorar la coordinación de esfuerzos entre un gran número de partes interesadas. 


Citas de los dirigentes de la Asociación cuadripartita 

 
“La resistencia a los antimicrobianos pone en peligro la sanidad animal, la inocuidad y seguridad alimentarias, la prosperidad económica y los ecosistemas del mundo. l mundo necesita unir fuerzas ahora para prevenir las enfermedades resistentes a los medicamentos y reducir sus consecuencias”

QU Dongy, Director-General de la FAO

 
“Los retos que plantea la RAM no pueden entenderse o abordarse separadamente de la triple crisis planetaria: la crisis del cambio climático, la crisis de la pérdida de recursos naturales y biodiversidad y la crisis de la contaminación y los desechos, todas ellas causadas por patrones de producción y consumo insostenibles. La crisis climática y la RAM son dos de las mayores y más complejas amenazas a las que se enfrenta actualmente el mundo. Ambas han empeorado por la acción del ser humano y pueden mejorar con la acción del ser humano”

Inger Andersen, Directora Ejectuvia del PNUMA

“Esta plataforma será vital para resaltar la importancia y urgencia de abordar la RAM, generando al mismo tiempo impulso político y apoyo público y manteniendo ambos. Ayudará a dirigir la coordinación mundial para que nuestra respuesta colectiva sea más estratégica, eficiente en el uso de los recursos y sostenible”

Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director-General de la OMS


“Podemos superar la RAM con las asociaciones y los modelos de colaboración adecuados. El momento de actuar es ahora. Nos estamos esforzando por proteger a todos de la amenaza de la RAM”

Dra. Monique Eloit, Directora-General de la OMSA

Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de los Antimicrobianos y la Plataforma

Puesto que las infecciones resistentes a los medicamentos pueden afectar a cualquier persona, en cualquier lugar, la sanidad pública, los sistemas agroalimentarios y los ecosistemas están en riesgo en todas partes. Hacer frente a la RAM es una responsabilidad compartida de todos, razón por la cual el tema de la Semana Mundial de Concienciación sobre el Uso de los Antimicrobianos de este año, que comienza hoy, es “Prevengamos juntos la resistencia a los antimicrobianos”.  
 
La Plataforma es una forma de redoblar los esfuerzos colectivos para salvar millones de vidas y preservar la eficacia de los antimicrobianos para las generaciones actuales y futuras haciendo de ellos un uso sostenible.  
 
La nueva Plataforma involucrará y empoderará a las partes interesadas de todo el espectro de Una Salud de manera inclusiva y transparente a fin de crear consenso entre las partes interesadas públicas y privadas sobre la visión mundial de la RAM, obtener conocimientos para fomentar una comprensión colectiva de los retos y oportunidades planteados por la RAM, y adoptar medidas multilaterales para contener, combatir y corregir la RAM en consonancia con el Plan de acción mundial y los planes de acción nacionales. 



Contactos

FAO

Oficina de prensa

(+39) 06 570 53291 

[email protected] 

UNEP

Oficina de prensa 

(+254) 722 677747 

[email protected] 

WHO

Consultas de prensa

(+41) 22 791 2222 

[email protected] 

WOAH

Consultas de prensa 

+33 (0)1 44 15 18 97 

[email protected]

El desarrollo en Namibia está profundamente arraigado en el sector agrícola. Con un 90 % de tierras aptas para la ganadería, una gran proporción de la población rural del país depende de esta actividad en términos de abastecimiento alimentario, subsistencia y bienestar económico. Se estima que la población de ganado ronda por los dos millones de bovinos, 2,5 millones de ovejas, 1,8 millones de cabras y 17.000 cerdos. Por consiguiente, la producción animal representa un motor para el crecimiento económico y una gran contribución para el PIB local.

Las enfermedades transfronterizas como la fiebre aftosa tienen el potencial de afectar el comercio transfronterizo de ganado y, de manera más amplia, la posición del país dentro del mercado global haciendo más complejas las exportaciones de carne. Las circunstancias empeoran con las sequías que impactan la agricultura de secano y hacen que los pastores busquen áreas más favorables para el pastoreo de sus animales; la modificación imprevisible de los entornos ha puesto a la economía de Namibia desde hace tiempo bajo presión.

La dependencia de las exportaciones animales hace que la economía del país sea vulnerable, los brotes de enfermedad pueden resultar en serias pérdidas series de producción y bloquear en gran medida el comercio de ganado. Es posible prevenir esta enfermedad a través de la implementación de medidas sanitarias eficaces dirigidas a evitar la introducción del virus en la población animal. Los sistemas de detección precoz y de respuesta resultan igualmente importantes ya que permiten una contención y erradicación efectivas.

La situación zoosanitaria general de Namibia también está determinada por su posición geográfica, al compartir fronteras con países y áreas que no están libres de fiebre aftosa. Puede haber desplazamientos de bovinos en búsqueda de pastos a áreas en los que están presentes búfalos silvestres, lo que implica serios retos para el control de las enfermedades animales transfronterizas y la regulación de flujos fronterizos de mercancías. Estos movimientos han dado lugar a brotes tanto de perineumonía contagiosa bovina como de fiebre aftosa en animales que regresan a Namibia.

Mantener a raya las enfermedades infecciosas

Existen diferentes maneras para controlar las enfermedades endémicas. Una de ellas es un acercamiento de zonificación. Se trata de un concepto que se explica en las normas de la OMSA y que permite a un país concentrar sus recursos en un área restringida definida en donde es factible controlar y erradicar la enfermedad. Una extensión progresiva de la zona libre puede llevar a la erradicación de la enfermedad en todo el territorio de un país.

Para los países, la meta final es alcanzar un estatus zoosanitario oficial libre de enfermedad. No obstante, dada la dificultad de lograr dicho objetivo, existen beneficios innegables al establecer y mantener una subpoblación con un estatus zoosanitario específico dentro del territorio nacional, no solo en materia de prevención y control de enfermedad, también con fines de comercio internacional

La fiebre aftosa ofreció la primera oportunidad para la OMSA de establecer una lista de países oficialmente reconocidos libres de la enfermedad, ya sea en todo el territorio en zonas definidas. La zonificación se ha implementado desde 1994 y Namibia fue uno de los primeros países al que se le reconoció una zona libre de fiebre aftosa sin vacunación en 1997. Cabe destacar que, desde entonces, el país ha asegurado el mantenimiento de la zona libre de fiebre aftosa pese a los brotes que han seguido desarrollándose en el resto del país.

Beneficios de las normas internacionales de la OMSA para el comercio internacional

La Dra. Anja Boshoff-De Witt trabaja en el Consejo de la carne de Namibia, una entidad reguladora que facilita las exportaciones de ganado, carne y productos cárnicos procesados en el país. En su parecer, la puesta en práctica de las normas de bienestar animal en el mundo real puede conducir a soluciones transformadores que mejoran la subsistencia y alivian la pobreza.

La aplicación en Namibia de las normas internacionales de sanidad animal de la OMSA ha favorecido el respaldo que tanto se necesita para el crecimiento económico. Al ser un país orientado hacia las exportaciones, es esencial cumplir con estas recomendaciones.

Dr Anja Boshoff-De Witt, Directora de Normas para la carne, Consejo de la carne de Namibia

Las normas de la OMSA constituyen un lenguaje común destinado a lograr una comprensión y confianza entre los países. Su implementación a lo largo de la cadena de producción y abastecimiento es esencial para desarrollar sistemas nacionales de garantía de calidad que minimicen los riesgos potenciales para la salud humana o animal en los países importadores asociados con las mercancías comercializadas.

Un ejemplo concreto que demuestra que el estatus libre de fiebre aftosa basado en las normas internacionales y el reconocimiento oficial de su estatus zoosanitario por parte de la OMSA es la facilitación de las negociaciones de Namibia con socios comerciales interesados en el ganado y en la carne, y la promoción de una relación de confianza mutua. Al implementar estas normas, Namibia ha hecho grandes progresos en el área de la sanidad animal y el comercio seguro. Sus exportaciones de carne bovina se han ampliado a la Unión Europea, Noruega, República Popular China, Sudáfrica, Reino Unido y Estados Unidos de América. Para los productores de ganado establecidos en la zona libre de fiebre aftosa también han surgido nuevas perspectivas: la posibilidad de acceder al mercado internacional y obtener precios más altos para sus animales constituye un enorme incentivo que aumenta los recursos de sus familias.

En Namibia, el ganado de las “zonas infectadas de fiebre aftosa y de las zonas de protección” no se puede mover a la zona libre de fiebre aftosa. Los productos de ganado pueden salir de estas zonas a la zona libre si se preparan o procesan de conformidad con las normas de la OMSA, lo que implica la implementación de un comercio basado en las mercancías para el desplazamiento de carne bovina fresca.

En la actualidad, Namibia está bien encaminada en el mercado mundial de la carne. El país ocupa, respectivamente, el puesto 29 y 35 dentro de los principales países exportadores de carne bovina fresca y congelada, y abastece el 1.4 % de las exportaciones mundiales de ovejas y cabras. Igualmente, ha sido el primer país del continente africano en introducirse en el lucrativo mercado norteamericano tras haber enviado 25 toneladas de carne bovina a Filadelfia a principios del 2020.

Namibia espera seguir utilizando las normas para mejorar la sanidad animal y facilitar el comercio internacional seguro. Una meta mayor es mejorar la situación sanitaria en áreas en donde todavía existe un riesgo de fiebre aftosa, ya sea encarando el problema planteado por sus límites porosos o estableciendo nuevas zonas que puedan obtener el estatus libre de fiebre aftosa.

En 2015, Namibia experimentó uno de sus peores brotes de fiebre aftosa en la zona de protección, cuya erradicación tomó un casi un año con un costo de $13 millones. Las normas de zonificación de la OMSA contribuyeron a solucionar el brote y a sacar adelante al país. El evento constituyó una lección y un consejo de prudencia: las normas de sanidad animal ayudan a encarar los retos de sanidad animal, desbloquean el potencial económico y el acceso al comercio asegurando un mejor futuro para cada cual. Su adaptación a la legislación nacional y la inversión en su implementación son esenciales para promover la situación zoosanitaria y comercial del país.

Hoy se ha lanzado un nuevo Plan de acción conjunto sobre Una Salud por parte de la asociación cuatripartita: la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, antes OIE) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). 

Este primer plan conjunto sobre Una Salud pretende crear un marco para integrar los sistemas y la capacidad de manera que podamos prevenir, predecir, detectar y responder mejor colectivamente a las amenazas para la salud. En última instancia, esta iniciativa pretende mejorar la salud de los seres humanos, los animales, las plantas y el medio ambiente, contribuyendo al mismo tiempo al desarrollo sostenible. 

El Plan de acción conjunto sobre Una Salud, desarrollado a través de un proceso participativo, ofrece un conjunto de actividades destinadas a reforzar la colaboración, la comunicación, la creación de capacidad y la coordinación por igual en todos los sectores responsables de abordar los retos sanitarios en la interfaz entre los seres humanos, los animales, las plantas y el medio ambiente.  

El Plan de acción conjunto sobre Una Salud      

El plan quinquenal (2022-26) se centra en apoyar y ampliar las capacidades en seis ámbitos: Las capacidades de Una Salud para los sistemas sanitarios, la aparición o reaparición de epidemias zoonóticas, las enfermedades zoonóticas endémicas, las enfermedades tropicales olvidadas y las transmitidas por vectores, los riesgos para la inocuidad de los alimentos, la resistencia a los antimicrobianos y el medio ambiente. 

Este documento técnico se basa en pruebas, mejores prácticas y las orientaciones existentes. Abarca un conjunto de medidas que pretenden hacer avanzar Una Salud en los planos mundial, regional y nacional. Estas medidas incluyen, en particular, el desarrollo orientaciones de ejecución para los países, socios internacionales y actores no estatales, como organizaciones de la sociedad civil, asociaciones profesionales, instituciones académicas y de investigación. 

El plan establece objetivos operativos, entre los que se incluyen: proporcionar un marco para la acción colectiva y coordinada con el fin de incorporar el enfoque “Una salud” en todos los niveles; proporcionar asesoramiento normativo y legislativo previo y asistencia técnica para ayudar a establecer objetivos y prioridades nacionales; y promover la colaboración multinacional, multisectorial y multidisciplinaria, el aprendizaje y el intercambio de conocimientos, soluciones y tecnologías. También fomenta los valores de la cooperación y la responsabilidad compartida, la acción y la asociación multisectorial, la equidad de género y la inclusión. 

¿Por qué Una Salud? 

“Una salud” es el principal enfoque para abordar los complejos retos sanitarios a los que se enfrenta nuestra sociedad, como la degradación de los ecosistemas, los fallos del sistema alimentario, las enfermedades infecciosas y la resistencia a los antimicrobianos.  

Utilizar el enfoque ‘Una salud’ que reúna a todos los sectores pertinentes es fundamental para hacer frente a las amenazas sanitarias mundiales, como la viruela del mono, la COVID-19 y el ébola”. La Dra. Monique Eloit, directora general de la OMSA, destaca la necesidad de mejorar la capacidad de prevención de enfermedades en todos los sectores. “Todo empieza por garantizar la sanidad de los animales. La sanidad animal es nuestra salud, es la salud de todos”. 

El Sr. QU Dongyu, Director General de la FAO, añadió: “Una Salud debe comenzar por una correcta ordenación de la tierra y el cese de la deforestación, lo que ayudará a las personas y a sus animales en el entorno circundante. Necesitamos que todos los sectores colaboren estrechamente para identificar e implementar medidas de adaptación y mitigación”. 

La Sra. Inger Andersen, Directora Ejecutiva del PNUMA, afirmó a su vez que “todo el mundo tiene derecho a un medio ambiente limpio y saludable: la base de toda la vida en la Tierra. La actual pandemia demuestra inequívocamente que la degradación de la naturaleza está aumentando los riesgos para la salud en todos los ámbitos”. Los esfuerzos de un solo sector o especialidad no pueden prevenir o eliminar las enfermedades infecciosas y otras amenazas complejas para Una Salud. Y añadió: “Las poblaciones vulnerables de todas las especies, incluidos los seres humanos más pobres y marginados, son las que soportan los costes más elevados. El Plan de acción conjunto reducirá los riesgos sanitarios mediante un enfoque integrado de la salud humana, animal y medioambiental”. 

Está claro que el enfoque ‘Una salud’ debe ser fundamental en nuestro trabajo compartido para reforzar las defensas del mundo frente a epidemias y pandemias como la del COVID-19. Por eso Una Salud es uno de los principios rectores del nuevo acuerdo internacional para la prevención, preparación y respuesta ante las pandemias, que nuestros Estados Miembros están negociando ahora”, afirmó el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, Director General de la OMS.  

Sobre la base de las estructuras y acuerdos existentes, se están desarrollando mecanismos de financiación coordinada para apoyar la implementación del plan. La asociación cuatripartita unirá sus fuerzas para obtener los recursos necesarios en apoyo del enfoque común para hacer frente a las amenazas sanitarias cruciales y promover la salud de los seres humanos, los animales, las plantas y el medio ambiente. 

La Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, fundada como OIE) elabora normas internacionales sobre sanidad y bienestar animal, y salud pública veterinaria, con el fin de que sus Miembros las integren en sus políticas y programas nacionales.

Presentadas en los Códigos y Manuales Terrestres y Acuáticos, las normas de la OMSA brindan recomendaciones para que los países mejoren la sanidad y el bienestar de los animales en sus territorios y elaboren una respuesta conjunta frente a las crisis sanitarias mundiales y a los riesgos comunes.

En el contexto de una sociedad globalizada en la que los animales y las personas están estrechamente interconectados, es fundamental que existan normas comunes entre países y regiones para proteger al mundo frente a la propagación de enfermedades, salvaguardar la salud pública y la sanidad animal, facilitar un comercio internacional seguro y, por último, promover el desarrollo sostenible.

La Organización está respaldada por una amplia red de expertos dedicados a elaborar sus normas internacionales. Esta tarea se lleva a cabo bajo la supervisión continua de las Comisiones Especializadas, compuestas por especialistas de renombre internacional designados por los Miembros. Además, las Comisiones Especializadas desempeñan una función esencial a la hora de supervisar las redes de expertos a lo largo de todo el proceso de reconocimiento del estatus sanitario oficial y en el marco del asesoramiento sobre temas relacionados con sus mandatos específicos.

Las comisiones se reúnen dos veces por año (en septiembre y febrero) para tratar las cuestiones científicas y técnicas planteadas por los Miembros, los expertos y los socios, y así abordar los retos sanitarios actuales.

Si bien a las reuniones sólo asisten los expertos, las Comisiones Especializadas constituyen uno de los principales mecanismos de interacción con los Miembros, y la OMSA se compromete a garantizar una comunicación transparente durante todos los procesos. Las conclusiones de lo tratado por las Comisiones Especializadas, así como los informes correspondientes, están disponibles en el sitio web.  

Mire estas entrevistas para conocer en detalle los debates celebrados durante las reuniones de las cuatro Comisiones Especializadas durante el pasado mes de septiembre: 

Dr Cristóbal Zepeda, Presidente de la Comisión Científica para las enfermedades animales de la OMSA
Prof. Emmanuel Couacy-Hymann, Presidente de la Comisión de Normas Biológicas de la OMSA
Dr Etienne Bonbon, Presidente de la Comisión de Normas Sanitarias para los Animales Terrestres de la OMSA
Dr. Ingo Ernst, Presidente de la Comisión de Normas Sanitarias para los Animales Acuáticos de la OMSA

La rabia, una de las zoonosis más letales que conocemos, sigue matando a alrededor de 59 000 personas cada año, lo que representa una importante carga para los sistemas de salud pública y las economías de los países. No obstante, esta enfermedad se puede prevenir al 100% si la abordamos a través del enfoque “Una salud”.

 “Una salud”, cero muertes

Está claro que la acción de un solo sector no puede eliminar una enfermedad como la rabia. La pandemia de la COVID-19 y sus consecuencias a largo plazo nos han recordado que un sector por separado no puede enfrentar con eficacia las amenazas zoonóticas, dada la estrecha interconexión entre la sanidad animal, la salud humana y la del medio ambiente. La sanidad animal repercute en nuestra propia salud: es la salud de todos. En el caso de la rabia transmitida por los perros, sólo una respuesta coordinada de todos los sectores permitirá que se alcance el objetivo de “cero muertes” humanas. Este año el lema del Día Mundial de la Rabia es “Una salud, cero muertes”, para reafirmar con fuerza este mensaje.

Una simple mordedura basta para que un perro rabioso infecte a una persona. Los perros son responsables del 99 % de los casos de rabia humana a través de las mordeduras y los arañazos. Por lo tanto, es esencial limitar la exposición del hombre a la rabia tratando la enfermedad en su fuente animal. Promover la vacunación contra la rabia a gran escala, la responsabilidad de los propietarios de perros y la sensibilización en torno a las soluciones disponibles son acciones fundamentales contra esta enfermedad que requieren un enfoque global y holístico.

Es crucial que exista una cooperación entre los profesionales de la sanidad animal y la salud humana. No sólo por el impacto positivo que dicha cooperación conlleva en los medios de subsistencia y la economía de las comunidades, sino porque sienta las bases de sistemas sanitarios más fuertes, capaces de responder a las amenazas zoonóticas, más allá de la rabia.

 “Una salud” para todos

La instauración de una respuesta coordinada contra la rabia marcará el camino para el control de otras enfermedades zoonóticas. Al trabajar en el logro de nuestro objetivo común “Cero muertes humanas por rabia en 2030”, no nos centramos exclusivamente en los esfuerzos necesarios en el sector de la sanidad animal. Es esencial que el área de la salud humana implemente medidas fundamentales, entre ellas, el acceso a la atención médica humana y al tratamiento posterior a la mordedura, especialmente en las zonas rurales con acceso limitado o inexistente a las campañas de educación sanitaria y donde se produce el 80 % de los casos de rabia humana.

Si bien disponemos de todas las herramientas para poner fin a la rabia transmitida por perros, incluidas vacunas de alta calidad para perros y humanos, resulta difícil coordinar con éxito e invertir recursos suficientes en su control. La rabia existe aún en dos tercios de los países del mundo, lo que mantiene una situación de pobreza en las zonas endémicas. No obstante, como rara vez existen sistemas formales de vigilancia, suelen subestimarse la presencia de la enfermedad y su correspondiente carga social y económica. Esta situación hace que los responsables políticos y los organismos de financiación se desentiendan frente a esta problemática.

La eliminación de la rabia debe ser una prioridad. Invertir en su control progresivo también ofrece la oportunidad de reforzar los sistemas sanitarios de forma más amplia y de mejorar la equidad y el acceso a la atención para todos. La rabia es un ejemplo muy claro de la puesta en marcha del concepto “Una salud” a todo nivel y de su contribución para que el mundo tenga una mejor capacidad de prevenir, predecir, detectar y brindar una respuesta frente a las amenazas sanitarias, mejorando así la salud de las personas, la sanidad de los animales y la salud del medio ambiente.

A través de la colaboración cuadripartita “Una salud”, conformada por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, fundada como OIE), colaboramos para impulsar el cambio necesario con vistas a mitigar el impacto de los grandes desafíos sanitarios mundiales, actuales y futuros. Para respaldar a los países enfrentados a amenazas sanitarias mundiales, lanzaremos próximamente nuestro plan de acción conjunto “Una salud”. Este marco de acción se basa en el enfoque “Una salud” destinado a reforzar la colaboración, la comunicación, el refuerzo de capacidades y la coordinación en todos los sectores responsables en el ámbito de los problemas sanitarios que surgen en la interfaz hombre-animal-medio ambiente. En particular, apoya las actividades del foro Unidos contra la Rabia, creado en 2020 por la FAO, la OMS y la OMSA. El foro reúne a gobiernos, productores de vacunas, investigadores, ONG y socios del desarrollo con el objetivo de acelerar e implementar un enfoque de “Una salud” para el control de la rabia.

Una de las prioridades de este plan es la eliminación de las muertes humanas por la rabia transmitida por perros. Convocamos a los países alrededor del mundo para que tomen las medidas necesarias encaminadas a garantizar una respuesta coordinada a esta zoonosis mortal siguiendo el concepto “Una salud”.  La rabia aún puede ser fatal, pero también es altamente prevenible. Solo se necesita un esfuerzo unificado para asegurarse de que las muertes por rabia humana pasen a la historia.

Para más información sobre la eliminación de la rabia a través del concepto “Una salud”:

Con el correr de los años, nuestras vidas y sociedades se han visto afectadas por enfermedades como el ébola, la influenza y la COVID-19. Se trata de enfermedades denominadas “zoonosis” que pueden propagarse entre animales y seres humanos, y que han puesto en peligro nuestros sistemas sanitarios mundiales, las cadenas de suministro de alimentos y nuestras economías.

Si bien las repercusiones de las zoonosis son variables, en muchos países se ha observado una carencia de mecanismos adecuados que faciliten una colaboración duradera y sostenible en torno al concepto “Una salud”. Con el propósito de ayudar a los países a cubrir esas carencias, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) desarrollaron nuevas herramientas operacionales que permitan establecer mecanismos de coordinación multisectorial, así como sistemas de vigilancia e intercambio de información.

El liderazgo y las funciones técnicas que se necesitan para hacer frente a las zoonosis deben ser el resultado de una coordinación entre todos los sectores implicados. Por ejemplo, en Qatar, el brote de MERS-CoV sirvió para reforzar la coordinación multisectorial a escala nacional, ampliando así las áreas de trabajo para la gestión de otras enfermedades zoonóticas. La herramienta operacional sobre mecanismos de coordinación multisectorial (MCM OT, por sus siglas en inglés) brinda un enfoque estándar progresivo para que los países establezcan o fortalezcan su mecanismo de coordinación de “Una salud” destinado a gestionar las enfermedades zoonóticas, en base a los principios y las buenas prácticas descritas en la Guía Tripartita sobre las Zoonosis.

Puesto que las enfermedades zoonóticas tienen la capacidad de transmitirse entre seres humanos y animales, por medio de vectores, o incluso a través del medio ambiente, la vigilancia coordinada debe abordar todas las vías de transmisión. La herramienta operacional sobre la vigilancia y el intercambio de información (SIS OT, por sus siglas en inglés) acompaña a las autoridades nacionales en sus esfuerzos por establecer o fortalecer un sistema de vigilancia coordinado y multisectorial para las enfermedades zoonóticas. Se trata de un sistema esencial para la detección temprana de eventos sanitarios. El intercambio oportuno de información puede disminuir el riesgo de transmisión de enfermedades de los animales a los seres humanos.

Estas herramientas operacionales complementan a la ya existente herramienta para la evaluación conjunta de riesgos.

El impacto de las enfermedades emergentes supera los sectores de la salud pública y la sanidad animal: casi todos los ámbitos se ven gravemente afectados. Por tanto, todos deben trabajar mancomunados para responder a los actuales desafíos sanitarios. Esto se aplica igualmente a los mecanismos de coordinación, a la vigilancia y a diversos aspectos de los sistemas sanitarios nacionales.

En un momento en que el mundo se recupera del impacto causado por la pandemia de COVID-19, las herramientas operacionales contribuirán a mejorar la respuesta colaborativa de los países frente a las enfermedades zoonóticas, así como a otros riesgos sanitarios en la interfaz humano-animal-medio ambiente.

Enfermedades animales: su impacto en la sociedad

Si una familia de Madagascar pierde a una vaca cebú por enfermedad, se ve privada de algo más que el valor del animal, ya que el ganado es esencial para su subsistencia al proveer leche para el hogar y fuerza de arado y de tiro en el campo. De hecho, se convierten en una parte íntima de la vida familiar. Las enfermedades animales también pueden tener efectos secundarios en el comercio, el suministro de alimentos, los medios de sustento y, en última instancia, la salud y el bienestar humano. Aunque estos efectos son difíciles de cuantificar, es importante llevar a cabo un análisis en la materia de tal manera que se atiendan adecuadamente las necesidades de los productores ganaderos.

Con esta perspectiva, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, fundada como OIE) se asoció con la Universidad de Liverpool (UoL) para promover el desarrollo de conocimientos en economía de la sanidad animal. El objetivo final es ayudar a los Servicios Veterinarios y de Sanidad de los Animales Acuáticos a tener un mayor impacto en la vida de las personas y en las economías nacionales.

En 2021, la OMSA y sus socios reunieron más de 7 millones de dólares estadounidenses destinados a poner en marcha el Programa sobre el impacto mundial de las enfermedades animales (GBADs). A través del GBADs, nos esforzamos por comprender los costos directos e indirectos de las enfermedades animales con el fin de mejorar no solo la sanidad y el bienestar de los animales, sino también el bienestar humano, especialmente en las comunidades rurales que viven de la agricultura. El impacto incluye los efectos sobre las poblaciones ganaderas y la agricultura, la carga que implican los esfuerzos de mitigación y las consecuencias comerciales.

«El programa GBADs ayudará a los Servicios Veterinarios a mejorar sus inversiones en el fortalecimiento de los sistemas de sanidad animal y la asignación de recursos, y a disponer también de una estructura de datos que les permita evaluar las políticas anteriores«, explica Jonathan Rushton, director del programa GBADs, con sede en la Universidad de Liverpool (Reino Unido).

1300 millones de personas dependen de los animales para subsistir

300 mil millones de dólares es el costo directo anual estimado de las pérdidas de ganado por enfermedades animales

Uniendo la ciencia económica con los conocimientos veterinarios

Hasta la fecha, las estimaciones del “impacto” mundial de las enfermedades animales han sido limitadas debido a la falta de un proceso sistemático y estandarizado entre países y sistemas de producción animal. ¿Cómo afectan las enfermedades animales la salud y el bienestar de los seres humanos? ¿Cuáles son las consecuencias socioeconómicas positivas de la aplicación de medidas preventivas a largo plazo? Las respuestas sólo pueden venir de la fusión de los conocimientos de las ciencias veterinarias y las económicas.

«Si sabemos lo que perdemos o lo que gastamos, tendremos una mejor idea para presentar argumentos en favor de las inversiones provenientes de los gobiernos, el sector privado o los agricultores individuales«, explica Jonathan Rushton, quien también es profesor de sanidad animal y economía de los sistemas alimentarios en la Universidad de Liverpool. «Se trata de invertir en los lugares adecuados para lograr los mejores resultados en la gestión del riesgo«.

El programa GBADs, liderado conjuntamente por la OMSA y la Universidad de Liverpool, lo implementan organizaciones y universidades que trabajan en la intersección entre las políticas públicas, el sector privado y el sector académico.

Este año, el programa entra en una nueva etapa. Hemos puesto en marcha un marco destinado a medir la carga de la sanidad animal, su impacto en las vidas humanas y las economías, y hemos iniciado un estudio de caso en Etiopía. Igualmente, se ha puesto en marcha un segundo estudio de caso en Indonesia, además de una metodología encaminada a poner a prueba las herramientas que proporcionarán datos pertinentes para el futuro. En base a estos logros, tenemos la voluntad de publicar en 2022 las primeras estimaciones del impacto de las enfermedades animales a nivel mundial y nacional.

En mayo de 2021, también se inició nuestro primer Centro colaborador para la economía de la sanidad animal, que reúne a la Universidad de Liverpool, la Universidad de Utrecht y al Instituto Veterinario Noruego. Esta colaboración facilitará la recopilación de información mediante un enfoque estandarizado y analítico, y acompañará el desarrollo de capacidades en el ámbito de la economía de la sanidad animal y la creación de centros de excelencia similares en otras regiones del mundo.

La sanidad animal desde la economía
El programa GBADs reforzarán la inversión en el campo de la vigilancia y la prevención, con el fin de gestionar y limitar los riesgos de emergencia de enfermedades en las especies ganaderas y acuícolas

Sanidad animal para un mejor desarrollo y bienestar de los seres humanos

El ganado y los animales acuáticos son fuente para unos 1.300 millones de la población mundial de ingresos, alimentos nutritivos, ropa, fertilizantes, materiales de construcción y fuerza de tracción. Una salud deficiente de los animales se relaciona con pobreza y desnutrición. Además, repercute directamente en las mujeres que dependen de las economías rurales basadas en la agricultura, que constituyen dos tercios de los productores con bajo ingreso. Vinculando los datos existentes sobre enfermedades animales con las consecuencias socioeconómicas, el programa GBADs identificará cómo la sanidad animal repercute en los ingresos de los hogares más pequeños, en el empoderamiento de las mujeres y en el suministro equitativo de una dieta segura, asequible y nutritiva.

El enfoque que fusiona los sectores de la sanidad animal y la socioeconomía va por buen camino para orientar nuestras acciones a largo plazo. Los datos recogidos por el programa GBADs contribuirán, en última instancia, a lograr sistemas de producción animal más eficientes. También ayudará a todos los sectores a identificar los problemas de sanidad animal más devastadores que se deben abordar para evitar efectos dominantes en los medios de sustento y el bienestar de los seres humanos y los animales.

Para más información sobre el programa GBADs, haga clic aquí.

Financiación del programa GBADs: el gobierno australiano, la Fundación Bill y Melinda Gates, Brooke, la Unión Europea – DG SANTE, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), Irlanda, el Ministerio de Sanidad italiano, la Oficina de Asuntos Exteriores, de la Commonwealth y de Desarrollo del Reino Unido, y el Departamento de Sanidad y Asistencia Social del Reino Unido.

Un artículo del Informe anual de 2021: leer el original

Últimamente, la viruela del mono se ha convertido en una de las principales noticias en el campo de la salud al haber afectado ya a más de 16 000 personas en al menos 75 países en el mundo. Al igual que muchas otras enfermedades, como la COVID-19 que afectó a 23 especies animales diferentes, existe la posibilidad de que esta enfermedad supere la barrera de las especies y haga un salto a los animales domésticos y silvestres, lo que supone un riesgo para la salud de todos. En la Organización Mundial de Sanidad Animal, nuestra misión es mejorar la sanidad animal en el mundo. Puesto que la viruela del mono nos pone en peligro a todos, debemos insistir en las razones y las precauciones necesarias para reducir el riesgo de transmisión a los animales. 

Si bien el contacto entre humanos impulsa el brote actual de viruela del mono, se sabe que la enfermedad es de origen animal y que, por consiguiente, puede transmitirse a ciertas especies. Se han identificado varios mamíferos silvestres susceptibles al virus de la viruela del mono, como la ardilla africana (Funisciurus congicus), la ardilla de árbol, la rata de Gambia (Cricetomys gambianus), los lirones y los primates no humanos. Mientras que algunas de estas especies presentan signos y síntomas de la enfermedad, otras pueden no mostrar ningún signo externo o visible, lo que dificulta aún más la identificación de los eventos de contagio.   

Recientemente, la viruela del mono se detectó en un perro muy probablemente como resultado de la transmisión de humano a animal tras un contacto directo y cercano con sus dueños que presentaban síntomas de la enfermedad. Este fue el primer caso documentado de transmisión del virus de humano a animal. Debemos mantenernos alertas. Si el virus se transmite de los humanos infectados a los animales, se podrían establecer nuevos reservorios animales y el virus podría volverse endémico en nuevas zonas geográficas, lo que aumentaría también la incidencia de riesgos futuros en términos de salud pública. 

En coordinación con sus expertos, la Organización Mundial de Sanidad Animal sigue de cerca esta situación, ya que el aumento de la prevalencia en los seres humanos puede incrementar el riesgo de transmisión a los animales y, de esta forma, alterar la epidemiología de la enfermedad

Dra. Monique Eloit, directora general de la Organización Mundial de Sanidad Animal 

Debemos investigar en detalle la posibilidad de transmisión del virus de los seres humanos a los animales, con vistas a medir las probabilidades de que esto ocurra. En las zonas donde suele existir una interacción estrecha con los animales, como los zoológicos, las instalaciones de rehabilitación de fauna silvestre, los caminos dedicados al senderismo o en los hogares cuando estamos acompañados por nuestras mascotas, existe la posibilidad de un salto del hombre a los animales. El virus de la viruela del mono penetra en el organismo a través de lesiones cutáneas (incluso las invisibles a simple vista), de las vías respiratorias o de las mucosas. 

Por lo tanto, es imperativo tomar algunas precauciones muy sencillas. Por ejemplo, se ha de verificar que todos los residuos, incluidos los médicos, se eliminen de forma segura y que sean inaccesibles para los roedores u otros animales carroñeros. Si existe una sospecha o confirmación de infección por el virus de la viruela del mono, se deberá evitar todo contacto directo con animales, incluido el ganado, la fauna silvestre e incluso las mascotas. 

Todos debemos ser prudentes: la viruela del mono ilustra una vez más la interconexión entre la salud humana y la sanidad animal. Sólo a través de una sólida colaboración entre los expertos de distintos sectores como la salud pública, los veterinarios y las autoridades dedicadas a la sanidad de la fauna silvestre podremos luchar contra esta enfermedad y garantizar un futuro seguro para todos. 

¿Twitter? ¿Facebook? ¿Televisión? En la actualidad, vivimos en la era digital en la que muchos de nosotros recurrimos a las pantallas y a internet en búsqueda de noticias diarias. Sin embargo, la radio permanece como la fuente común de noticias en todo el continente africano. Cuando fallan los periódicos, internet o la señal de televisión, la radio sigue siendo el medio de comunicación más fiable, especialmente para las comunidades remotas o aisladas.

Compartir el acceso a la información sanitaria esencial puede salvar vidas en las poblaciones aisladas. Algunas zoonosis, tales como el ébola, son enfermedades potencialmente mortales que se transmiten de los animales a los seres humanos, y viceversa, y que suelen aparecer en zonas boscosas donde los seres humanos y los animales comparten los ecosistemas. A menudo, se trata de zonas que carecen de una señal estable de internet y televisión.

El Proyecto EBO-SURSY de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) ayuda a los países a mejorar sus sistemas de vigilancia de zoonosis y a sensibilizar a las poblaciones locales de diez países de África Occidental y Central sobre las enfermedades animales. El proyecto se centra en las fiebres hemorrágicas virales, entre ellas el ébola, puesto que algunas de estas enfermedades son endémicas en algunos países.

La comunicación en materia sanitaria no es fácil. Por un lado, desde la perspectiva de los seres humanos, no queremos causar ningún pánico o estigmatización innecesarios en las comunidades y, por otro, debemos evitar que la información sobre las enfermedades animales ponga a los mismos en peligro. Con el fin de involucrar a las comunidades locales y debatir las causas de la propagación de las fiebres hemorrágicas virales de los animales a los humanos, la OMSA se asoció con la ONG Children Radio Foundation (CRF). Se trata de especialistas en radiofonía rural que trabajan directamente con jóvenes periodistas y locutores de radio con la intención de hacer partícipes a las comunidades locales en diálogos radiales abiertos e informativos.

El proyecto EBO-SURSY en las ondas radiales

Juntos, nuestra intervención se ha centrado en cinco emisoras de radio con amplia cobertura en zonas boscosas o en parques nacionales de Guinea y de la República Democrática del Congo (RDC), zonas gravemente afectadas durante la epidemia de ébola de 2014 o de epidemias más recientes. En cada uno de estos cinco centros, formamos a locutores y a jóvenes periodistas, dos grupos preocupados por comprometer a sus comunidades y que se mostraron entusiasmados por el nuevo proyecto, es decir, la interconexión entre la sanidad animal y la salud humana. Ayudamos a transmitir contenidos radiofónicos de forma atractiva, con énfasis en los conocimientos sobre la zoonosis, el ébola y la importancia de la fauna silvestre y, al mismo tiempo, aportamos ideas interesantes para la programación radiofónica a través de nuestraGuía de producción para la sensibilización sobre las zoonosis en la radio”.

La fundación Children Radio Foundation capacita a jóvenes periodistas para que participen en nuevos diálogos con sus comunidades, realicen entrevistas y colecten la opinión de los habitantes de la zona sobre la programación radiofónica. © Organizacion Mundial de Sanidad Animal/Elijah Muwaza

Por ejemplo, el proyecto formó a los locutores en el desarrollo de “Anuncios de seguridad pública y vox-pops” (PSAs, por sus siglas en inglés), en los que se hace la misma pregunta a muchas personas en una zona local, como el caso de los pequeños mercados. Además, los locutores han descubierto nuevas ideas para entrevistar a profesionales de la sanidad animal y a ecologistas, testimonios sonoros de los afectados por enfermedades animales y comentarios sobre el estado de la sanidad animal y las zoonosis en la comunidad. Esta guía ofrece algunos ejemplos detallados de radiodifusión, como este anuncio de seguridad pública:

[Pasos en las hojas. Sonidos de pájaros.]

Voz 1: Bob, mira, otro antílope muerto!

Voz 2: Es la segunda vez en una semana, qué raro!

Voz 1: Realmente extraño. Afortunadamente, decidimos no tocarlo, puede haber sido víctima de una enfermedad.

Voz 2: No lo toquemos y, sobre todo, avisemos de inmediato a los servicios de fauna silvestre.

Voz en off: Un animal silvestre enfermo puede ser una presa fácil, pero no siempre es una buena fuente de alimentación. No debes cazar animales que parezcan enfermos, ya que pueden ser portadores de virus.

Este tipo de mensajes invoca formas creativas para que las comunidades locales que viven en estrecho contacto con la fauna silvestre, en la interfaz animal-ser humano, establezcan la conexión entre sus comportamientos y su salud, así como el vínculo entre la sanidad animal y la salud humana. Además, ofrece a la comunidad un ejemplo de acción (comunicarse con los servicios de protección de la fauna silvestre, o no tocar animales muertos o enfermos), así como la oportunidad de participar en el sistema de vigilancia de las enfermedades animales a nivel regional y nacional. Sólo cuando las comunidades locales reconozcan los signos de enfermedades animales en la naturaleza que les rodea y alerten a las autoridades competentes, podremos garantizar un mundo más seguro y saludable, donde se salven vidas gracias a la acción preventiva, en lugar de por los esfuerzos de respuesta luego de un brote a gran escala.

En Mbandaka, en la plaza del mercado, una mujer vende carne de caza a las familias locales. EBO-SURSY Radio emite programas sobre cazadores que venden animales muertos por causas o enfermedades desconocidas. © Organizacion Mundial de Sanidad Animal/Elijah Muwaza 

Evaluar nuestro impacto en la comunidad

Durante cinco meses, las radios de las regiones boscosas de Guinea y de la RDC emitieron los mensajes esenciales del Proyecto EBO-SURSY Radio sobre zoonosis, carne proveniente de animales silvestres, ébola y otras enfermedades, llegando a más de 700,800 personas. Durante la evaluación posterior del programa, en la que se organizaron grupos de discusión para investigar los hábitos de escucha de la radio, los cambios de comportamiento y las actitudes frente a las zoonosis, descubrimos que en Guinea casi el 45 % de las personas de 18 años o más conocían el programa de EBO-SURSY Radio, y que el 70 % lo seguían con regularidad. En la RDC, el 39 % de los participantes conocía el programa de radio y el 54 % lo escuchaba con asiduidad.

La participación de los miembros de un grupo focal en el juego de las enfermedades de origen animal “verdadero o falso”, antes y después del programa de radio, puso de manifiesto el cambio de conocimientos sobre las zoonosis y las enfermedades animales infecciosas en sus comunidades. Guinea tenía el punto de partida más bajo en cuanto a conocimientos sobre el tema y alcanzó la mejora más notable al final del programa, con un 79 %. Mientras tanto, en la República Democrática del Congo, un país con brotes de ébola más frecuentes, se partía de un nivel más alto de conocimientos sobre las zoonosis (51 %), incluido el ébola, y aún así se consiguió un 45 % de crecimiento global de los conocimientos. Gracias a una mayor familiaridad con las zoonosis, el Proyecto EBO-SURSY pretende aumentar la participación de las comunidades locales en el reconocimiento de los signos de los brotes zoosanitarios que podrían extenderse a la población humana, previniendo así futuros brotes de enfermedades.

Cuando se solicitó a los integrantes de la comunidad una reflexión sobre la evolución de sus conocimientos en materia de zoonosis, el 50 % de los que habían seguido el programa de Radio EBO-SURSY reconoció que se había modificado “mucho” o “enormemente” la actitud de la comunidad frente a la fauna silvestre. Un oyente de Radio Espace Foret en N’zérekoré, Guinea, llamó a la radio para compartir su experiencia:

Agradezco sinceramente la calidad de los mensajes de sensibilización emitidos en la radio. Creo que, si esto hubiera tenido lugar antes del primer episodio de ébola, no habríamos registrado tantas muertes. Comprenderán, al igual que yo, que hoy las comunidades tienen nociones básicas para la prevención de enfermedades. Gracias por la iniciativa y espero que continúe.

Oyente de Radio Espace Foret en N’zérekoré, Guinea

Aunque el programa de radio del Proyecto EBO-SURSY finalizó al cabo de cinco meses, el proyecto sigue difundiendo la “Guía de producción para la sensibilización sobre la zoonosis en la radio” (disponible en francés e inglés) a otros países de África occidental y central afectados por fiebres hemorrágicas virales. No se puede subestimar la importancia de la sensibilización sobre las zoonosis, ya que unas semanas después de que salieran al aire los últimos mensajes de EBO-SURSY hubo un nuevo brote de ébola cerca de nuestro sitio de radio en Mbandaka, RDC. La interconexión entre los animales y los seres humanos en estas comunidades sigue siendo alta  y sólo a través de una mayor sensibilización y respeto por los animales y el medio ambiente con los que cohabitamos podemos construir un futuro más saludable para todos.

 

Al comienzo de la pandemia de COVID-19, la aparición y rápida propagación de la enfermedad en todo el mundo alarmó al público, a los científicos y a los profesionales de la salud por su grave impacto en la salud humana. Para los que trabajamos en sanidad animal, se trataba de un tipo diferente de alarma. El de la zoonosis inversa.  

En febrero de 2020, se notificó el primer caso del virus COVID-19 en un perro. Lo más probable es que el perro contrajo el virus por contacto cercano con un dueño infectado, un caso de “zoonosis inversa”, lo que significa que el virus se había transmitido de un humano a un animal. Desde entonces, la enfermedad ha remodelado nuestra visión de la salud y nos ha hecho reconsiderar las interacciones animal-humano con una multitud de especies.

Se ha documentado que el COVID-19 afectó a 23 especies animales diferentes, poniendo en riesgo la sanidad animal y la salud humana, la conservación de la vida silvestre y la biodiversidad.  (Según último datos, 31 de mayo de 2022).

La OMSA tiene una lista de enfermedades para las cuales sus Miembros deben notificar los casos cuando aparecen dentro de sus fronteras, a través del Sistema Mundial de Información Zoosanitaria (WAHIS). De esta manera, podemos mejorar la transparencia a nivel global sobre la situación sanitaria animal. El SARS-CoV-2 en animales se considera una “enfermedad emergente” y fue la tercera enfermedad animal más notificada en 2021. Varias veces cruzó la barrera entre las especies, la mayoría de las veces directamente de los humanos hacia los animales afectados, lo que impactó no solo en la sanidad de nuestros mascotas, pero también en los animales de granja y de zoológico, y en la vida silvestre.  

Estos saltos entre especies tuvieron efectos adversos en la sanidad animal y, a largo plazo, en la salud humana y los medios de sustento. A fines de 2021, la investigación científica mostró una alta prevalencia del virus COVID-19 dentro de las poblaciones de ciervos de cola blanca en América del Norte, la primera vez que se detectó el virus a niveles poblacional en la fauna. Si bien las ocurrencias ocasionales de COVID-19 en animales domésticos o de zoológico muestran pocas consecuencias a largo plazo, las infecciones a nivel poblacional en la vida silvestre indican la posibilidad de una mayor evolución del virus en los animales y una futura reintroducción en los humanos en una fecha posterior. Una posibilidad preocupante. Especialmente porque se ha planteado la hipótesis de que las infecciones iniciales de ciervos están relacionadas con la exposición de los ciervos a los desechos humanos o incluso al contacto directo, en varias ocasiones. Eventos que son difíciles de monitorear y prevenir.  

Otro ejemplo notable de zoonosis inversa ocurrió con los hámsters domésticos que se infectaron con la cepa Delta del virus COVID-19, muy probablemente por contacto humano. Sin embargo, a diferencia de los ciervos, se confirmó que un hámster transmitió el virus a los humanos. Además del visón, es la única especie en la que se ha documentado que eso puede suceder. Por temor a que aumentara el riesgo de transmisión a humanos, y en línea con una política de cero COVID-19 en el lugar de la infección, miles de hámsters fueron sacrificados para evitar una mayor propagación del virus. Al igual que con otros animales, como el ciervo de cola blanca, el temor es que una nueva especie pueda facilitar la mutación del virus y la aparición de nuevas cepas de virus, amenazando la salud de posiblemente incluso más animales y, una vez más, la salud pública. Sin embargo, actualmente, es importante tener en cuenta que el principal motor de la propagación internacional del virus sigue siendo la transmisión de persona a persona.  

Entonces, la pregunta sigue siendo, ¿qué podemos hacer para protegernos de futuras reintroducciones del virus en la población humana? Un primer paso es evitar la zoonosis inversa. Siguiendo medidas de bioseguridad apropiadas y efectivas al interactuar con animales, o simplemente, haciendo cumplir el lavado de manos adecuado antes y después de manipular animales. Evitar el contacto con animales silvestres en absoluto y evitar dejar pertenencias o desechos para que los encuentren. Además, aquellas personas sospechosas o que hayan confirmado que están infectadas con el virus del COVID-19 deben evitar el contacto cercano o directo con animales, incluidas sus mascotas.  

Los casos en animales de COVID-19 deben reportarse a las autoridades nacionales, y luego a través del sistema WAHIS, para ayudar a mantener nuestros conocimientos sobre la situación animal fácticos y actualizados. Solo a través del monitoreo del alcance del virus podremos comprender el panorama completo de la sanidad animal y la salud humana, y predecir y prevenir de manera efectiva futuros brotes de la enfermedad. Al tomar estas medidas, ayudamos a garantizar un futuro más sostenible y saludable para los animales y para nosotros mismos.