Artículo

Cartas al futuro: lo que los ataques con ántrax de 2001 nos enseñan sobre la preparación y la respuesta ante emergencias

global health security
Más de veinte años después de los ataques con ántrax, la colaboración intersectorial se ha consolidado como el factor clave para mitigar las fuerzas impredecibles y complejas que moldean nuestro mundo.

Un poco más de veinte años atrás, un ataque biológico desencadenó una alarma mundial cuando esporas mortales de ántrax fueron enviadas por correo a medios de comunicación y organismos gubernamentales en Estados Unidos de América (EE. UU.), infectando a 22 personas, de las cuales cinco fallecieron. El caso conocido como “Amerithrax”, que dio lugar a una investigación interinstitucional, es recordado por la Oficina Federal de Investigación (FBI) como el más complejo en la historia de las fuerzas del orden hasta la fecha. Aunque el mundo no era ajeno a los atentados bioterroristas, este episodio estaba destinado a tener un eco profundo y a influir en la manera en que comunidades e instituciones de todo el planeta se preparan frente a amenazas inesperadas. 

El ántrax es una enfermedad zoonótica que causa alta mortalidad en los animales y que puede infectar a los seres humanos. Bacillus anthracis – el patógeno responsable de la enfermedad – puede entrar en el organismo de los animales cuando estos ingieren o inhalan esporas bacterianas presentes en el suelo donde se alimentan. Como las esporas pueden contaminar fácilmente el agua y el alimento, el ántrax representa una grave amenaza para la sanidad animal. 

La enfermedad puede dañar la producción ganadera y provocar graves reducciones en las fuentes de alimentos de origen animal, afectando así los medios de vida de los agricultores y, más ampliamente, de comunidades enteras. El impacto potencial en la salud pública es igualmente devastador. Los seres humanos pueden estar expuestos al patógeno por contacto directo o indirecto y, aunque con menor frecuencia, al consumir carne de animales infectados. 

Una lección aprendida en la respuesta a emergencias

Los ataques bioterroristas en Estados Unidos dejaron un legado profundo. Fue uno de los primeros episodios en la historia reciente en el que un patógeno capaz de causar enfermedad infecciosa tanto en animales como en personas se empleó como agente biológico susceptible de ser utilizado como arma de manera creativa, como el envío de esporas de ántrax para su inhalación a través de correspondencia. Los acontecimientos también intensificaron el temor público al bioterrorismo. Tras los ataques, cualquier polvo blanco no identificado fue tratado como una posible amenaza biológica, lo que dio lugar a miles de intervenciones de emergencia. La mayoría resultaron ser falsas alarmas o engaños, pero aun así provocaron importantes perturbaciones y elevados costos. 

Andy Weber, investigador principal del Council on Strategic Risks y exsubsecretario de Defensa para Programas de Defensa Nuclear, Química y Biológica, considera que los hechos en Estados Unidos resonaron en todo el mundo. “Cinco personas fueron asesinadas, pero la calidad y cantidad [a las que tuvo acceso el autor] podrían haber provocado consecuencias mucho más graves.”, afirma.

Debemos ser conscientes de los patógenos animales en el mundo y de que el ganado puede ser un objetivo fácil para la introducción de patógenos animales, aún más en granjas densamente pobladas, advierte. El impacto económico en la agricultura podría ser abrumador. Y como resulta difícil atraparlos, los grupos terroristas podrían lanzar ataques múltiples en distintos lugares del mundo con potenciales efectos en cadena catastróficos.

Andy Weber, investigador principal del Council on Strategic Risks y exsubsecretario de Defensa para Programas de Defensa Nuclear, Química y Biológica.

Los acontecimientos dejan una importante lección para el futuro. El sector de la seguridad y el orden público desempeñó un papel innegablemente central en 2001. Sin embargo, para fortalecer la preparación frente a las biamenazas – ya estén dirigidas a los seres humanos o al ganado – es preciso explorar más vínculos: los representantes de los sectores de la salud humana, la salud veterinaria y la salud pública son perfiles profesionales cuyas aportaciones son esenciales para responder a una biamenaza de origen zoonótico. Los profesionales de la sanidad animal están en una posición única para evaluar si la causa de un brote es natural o de origen humano. En caso de duda o sospecha, pueden alertar a las autoridades policiales, que determinarán si procede abrir una investigación criminal. A su vez, las fuerzas del orden pueden recopilar pruebas sobre actividades delictivas y proporcionar una alerta temprana a los Servicios Veterinarios, que deberán intervenir para contener el brote. 

Las emergencias zoosanitarias representan un desafío multifacético que exige un enfoque multisectorial. De hecho, ningún organismo o sector posee por sí solo los conocimientos suficientes para gestionar una emergencia o mitigar sus impactos. En algunos contextos, resulta imperiosamente necesaria la pericia de otros actores, como los del ámbito de la seguridad, cuyas prioridades no siempre están orientadas a la salud. Solo mediante la combinación de los conocimientos de las agencias de seguridad y las fuerzas del orden con los de los Servicios Veterinarios es posible responder de manera eficaz y oportuna a las biamenazas de origen animal, ya sean naturales o deliberadamente liberadas. 

Tomar el control de las próximas amenazas a la seguridad sanitaria

La complejidad del mundo actual aumenta la probabilidad de errores o de respuestas inadecuadas frente a una emergencia sanitaria mundial. Con los cambios en los patrones meteorológicos y el aumento de las temperaturas, el ántrax es más propenso a aparecer de forma natural. Las sequías, por ejemplo, pueden concentrar a personas y animales alrededor de fuentes de agua. Al mismo tiempo, el bajo costo del patógeno, su amplia disponibilidad y su naturaleza versátil lo convierten en un arma de elección para individuos que buscan utilizar la ciencia con fines maliciosos, ya sea por lucro o con el objetivo de provocar desestabilización.

No obstante, el ántrax no es el único agente infeccioso que puede constituir una amenaza a gran escala. Otros patógenos animales y toxinas pueden emplearse como armas de guerra biológica y/o de bioterrorismo, apuntando al ganado para provocar hambrunas y dañar los medios de subsistencia. 

Andy Weber recuerda que, en aquella época, se desarrolló un amplio programa para utilizar enfermedades animales contagiosas como la peste porcina africana y la peste bovina como armas dirigidas contra bovinos, porcinos, ovinos y otros animales, además de contra plantas y cultivos. Asimismo, dado que la mayoría de las armas biológicas desarrolladas contra el ser humano son zoonóticas, los laboratorios de sanidad animal deben extremar la precaución para evitar que sus materiales puedan caer en manos de potenciales terroristas. 

Hacia un mundo más resiliente

En los últimos veinte años, los avances tecnológicos – como la biología sintética – junto con la amplia disponibilidad de estas tecnologías, la inestabilidad global, los fallos en la cooperación internacional y la erosión de los tratados de no proliferación han contribuido al aumento del riesgo de biamenazas. 

La experiencia del ántrax reavivó la conversación sobre el bioterrorismo y agudizó la atención mundial en torno a la necesidad de preparación. La incertidumbre domina un mundo en el que la salud animal, humana y ambiental se han vuelto profundamente interconectadas. Para mitigar o prevenir las amenazas a la sanidad animal, la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH) organiza este otoño una Conferencia Mundial sobre la Reducción de las Amenazas Biológicas. El evento surge de la necesidad de mejorar la seguridad sanitaria mundial, impulsando la acción a través de colaboraciones multisectoriales para reforzar las capacidades de prevención, preparación y respuesta en todo el mundo.

Un poco más de veinte años después de que el mundo quedara sacudido hasta sus cimientos por un acto de bioterrorismo, es importante recordar que solo mediante el trabajo conjunto los sectores de la sanidad animal y la seguridad podrán hacer frente a amenazas potenciales de este tipo. La falta de preparación puede volver vulnerables a ambos sistemas. Sin embargo, con preparación, colaboración y entendimiento mutuo entre los actores clave, podemos garantizar que ninguna emergencia zoosanitaria quede mal gestionada o sin respuesta. Una estrategia de preparación prospectiva e inclusiva es el antídoto frente a los acontecimientos imprevisibles que probablemente enfrentaremos en los próximos años: si estamos preparados hoy, salvaremos vidas humanas y animales mañana.


Próximo evento