Al comienzo de la pandemia de COVID-19, la aparición y rápida propagación de la enfermedad en todo el mundo alarmó al público, a los científicos y a los profesionales de la salud por su grave impacto en la salud humana. Para los que trabajamos en sanidad animal, se trataba de un tipo diferente de alarma. El de la zoonosis inversa.
En febrero de 2020, se notificó el primer caso del virus COVID-19 en un perro. Lo más probable es que el perro contrajo el virus por contacto cercano con un dueño infectado, un caso de “zoonosis inversa”, lo que significa que el virus se había transmitido de un humano a un animal. Desde entonces, la enfermedad ha remodelado nuestra visión de la salud y nos ha hecho reconsiderar las interacciones animal-humano con una multitud de especies.
Se ha documentado que el COVID-19 afectó a 23 especies animales diferentes, poniendo en riesgo la sanidad animal y la salud humana, la conservación de la vida silvestre y la biodiversidad. (Según último datos, 31 de mayo de 2022).
La OMSA tiene una lista de enfermedades para las cuales sus Miembros deben notificar los casos cuando aparecen dentro de sus fronteras, a través del Sistema Mundial de Información Zoosanitaria (WAHIS). De esta manera, podemos mejorar la transparencia a nivel global sobre la situación sanitaria animal. El SARS-CoV-2 en animales se considera una “enfermedad emergente” y fue la tercera enfermedad animal más notificada en 2021. Varias veces cruzó la barrera entre las especies, la mayoría de las veces directamente de los humanos hacia los animales afectados, lo que impactó no solo en la sanidad de nuestros mascotas, pero también en los animales de granja y de zoológico, y en la vida silvestre.
Estos saltos entre especies tuvieron efectos adversos en la sanidad animal y, a largo plazo, en la salud humana y los medios de sustento. A fines de 2021, la investigación científica mostró una alta prevalencia del virus COVID-19 dentro de las poblaciones de ciervos de cola blanca en América del Norte, la primera vez que se detectó el virus a niveles poblacional en la fauna. Si bien las ocurrencias ocasionales de COVID-19 en animales domésticos o de zoológico muestran pocas consecuencias a largo plazo, las infecciones a nivel poblacional en la vida silvestre indican la posibilidad de una mayor evolución del virus en los animales y una futura reintroducción en los humanos en una fecha posterior. Una posibilidad preocupante. Especialmente porque se ha planteado la hipótesis de que las infecciones iniciales de ciervos están relacionadas con la exposición de los ciervos a los desechos humanos o incluso al contacto directo, en varias ocasiones. Eventos que son difíciles de monitorear y prevenir.
Otro ejemplo notable de zoonosis inversa ocurrió con los hámsters domésticos que se infectaron con la cepa Delta del virus COVID-19, muy probablemente por contacto humano. Sin embargo, a diferencia de los ciervos, se confirmó que un hámster transmitió el virus a los humanos. Además del visón, es la única especie en la que se ha documentado que eso puede suceder. Por temor a que aumentara el riesgo de transmisión a humanos, y en línea con una política de cero COVID-19 en el lugar de la infección, miles de hámsters fueron sacrificados para evitar una mayor propagación del virus. Al igual que con otros animales, como el ciervo de cola blanca, el temor es que una nueva especie pueda facilitar la mutación del virus y la aparición de nuevas cepas de virus, amenazando la salud de posiblemente incluso más animales y, una vez más, la salud pública. Sin embargo, actualmente, es importante tener en cuenta que el principal motor de la propagación internacional del virus sigue siendo la transmisión de persona a persona.
Entonces, la pregunta sigue siendo, ¿qué podemos hacer para protegernos de futuras reintroducciones del virus en la población humana? Un primer paso es evitar la zoonosis inversa. Siguiendo medidas de bioseguridad apropiadas y efectivas al interactuar con animales, o simplemente, haciendo cumplir el lavado de manos adecuado antes y después de manipular animales. Evitar el contacto con animales silvestres en absoluto y evitar dejar pertenencias o desechos para que los encuentren. Además, aquellas personas sospechosas o que hayan confirmado que están infectadas con el virus del COVID-19 deben evitar el contacto cercano o directo con animales, incluidas sus mascotas.
Los casos en animales de COVID-19 deben reportarse a las autoridades nacionales, y luego a través del sistema WAHIS, para ayudar a mantener nuestros conocimientos sobre la situación animal fácticos y actualizados. Solo a través del monitoreo del alcance del virus podremos comprender el panorama completo de la sanidad animal y la salud humana, y predecir y prevenir de manera efectiva futuros brotes de la enfermedad. Al tomar estas medidas, ayudamos a garantizar un futuro más sostenible y saludable para los animales y para nosotros mismos.
Saber Más:
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COVID-19 – OMSA – Organización Mundial de Sanidad Animal
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SARS-CoV-2 en animales – Informe de situación 13
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Situación actual de la sanidad animal en el mundo: análisis de eventos y tendencias
La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) celebra hoy el Día de la Tierra junto con comunidades y socios de todo el mundo. La sanidad de los animales, la salud los seres humanos y las plantas depende de la salud de nuestro hogar, la Tierra. Sólo cuidando la salud mundial podremos garantizar un futuro sostenible para todos.
Este año, el tema del Día de la Tierra es “Invertir en nuestro planeta”, es decir, invertir en la protección de la sanidad animal y la biodiversidad de una multitud de ecosistemas en todo el mundo. La OIE acompaña a los países en sus acciones de protección de la sanidad de la fauna silvestre a través de su Marco para la sanidad de la fauna silvestre, que promueve soluciones “Una salud” para la vigilancia de las enfermedades en la interfaz entre los humanos, los animales y los ecosistemas. Si los profesionales de todos los sectores, como veterinarios, responsables de la gestión de la fauna silvestre, ecologistas, científicos y médicos, trabajan en conjunto, los países lograrán desarrollar mejores sistemas y protocolos para la vigilancia de las enfermedades de la fauna silvestre y comprender el complejo funcionamiento interno de los ecosistemas necesarios para el éxito de la salud planetaria, animal y humana.
En su esfuerzo por apoyar la biodiversidad y la salud de los ecosistemas, la OIE se asoció con la UICN (Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza) para publicar el Manual de Procedimientos para el Análisis del Riesgo de Enfermedad en Fauna Silvestre.
A través de esta publicación, la OIE participó en la elaboración de un enfoque estándar destinado al análisis del riesgo de enfermedades de la fauna silvestre, que hasta entonces se había realizado de forma ad hoc. Estas directrices ayudan no sólo a las autoridades de salud pública, a los expertos del desarrollo económico y a los organismos gubernamentales, sino también a las organizaciones dedicadas a la conservación que pueden utilizarlas para diseñar áreas protegidas para la fauna silvestre, investigar el declive de las poblaciones de animales silvestres y gestionar las actividades de translocación o reintroducción de animales.
Al proteger la sanidad de la fauna silvestre, invertimos en biodiversidad y en un planeta más sano y seguro para todos.
Si desea obtener más información sobre la ayuda que brinda la OIE a los profesionales para proteger la sanidad y la biodiversidad de la fauna silvestre, consulte nuestra página de la sanidad de la fauna silvestre.
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Dado que vivimos en un mundo interconectado, la importancia de los datos y la mejora de los conjuntos de datos son primordiales para la elaboración de políticas con base empírica en los planos nacional e internacional. El programa GBADs («El impacto global de las enfermedades animales») será un elemento esencial de una transformación digital más amplia a nivel de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y se complementará con otros conjuntos de datos y esferas de trabajo de la OIE, como la Plataforma de Formación, el Observatorio y el Proceso PVS.
El Proceso PVS es un programa emblemático de la OIE destinado a evaluar las capacidades de los servicios veterinarios para llevar a cabo sus misiones. El Proceso PVS es un proceso gradual: tras una evaluación de las fortalezas y las debilidades de los servicios veterinarios, la siguiente etapa tiene por objetivo evaluar los recursos que se necesitan para subsanar las deficiencias. Para ello es necesaria una etapa crítica de establecimiento de prioridades que depende de la capacidad para entender las repercusiones de una enfermedad en la economía del país, así como en el bienestar de los animales y de los seres humanos y en el medioambiente.
De lo anterior se desprende que los conocimientos exclusivamente veterinarios no son suficientes y que es importante tener en cuenta los datos socioeconómicos a fin de poder alcanzar con eficiencia varios de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.
Para todos es evidente que la sanidad animal y la salud pública están vinculadas y que son cruciales para lograr un planeta sano y sostenible. Por tanto, los vínculos que el programa GBADs está estableciendo con los estudios sobre la carga de las enfermedades humanas llevados a cabo por la Organización Mundial de la Salud y el proyecto GBD («Carga mundial de morbilidad») son de gran interés si se tiene en cuenta que los alimentos de origen animal cumplen una función esencial en la nutrición humana y que muchas enfermedades animales son transmisibles a los seres humanos.
La OIE desempeña un papel importante en la creación de las estructuras institucionales que sustentarán el programa. Esta labor comenzó con la Resolución n.º 35 adoptada en 2016, en la que se encomendó a la Organización desarrollar y probar «una metodología para determinar la carga mundial de las enfermedades animales a fin de corregir las deficiencias en las informaciones económicas sobre el impacto nacional y mundial de las enfermedades animales».
A continuación, en 2018, la firma de una carta de intenciones oficial entre la Universidad de Liverpool y la OIE permitió la creación de una asociación que condujo a la puesta en marcha del proyecto y a su posterior ampliación gracias a la generosa financiación de la Fundación Bill & Melinda Gates, del Reino Unido (Ministerio de Relaciones Exteriores, del Commonwealth y de Desarrollo), de la Unión Europea, de Brooke, del Centro Australiano para la Investigación Agrícola Internacional (ACIAR), y la University College de Dublín. Desde entonces, ocho nuevos asociados académicos e institucionales que participan activamente en el programa GBADs han formalizado su colaboración. Los conocimientos especializados generados por el programa se compartirán mediante el establecimiento de Centros Colaboradores Regionales de la OIE sobre los aspectos económicos de la sanidad animal, la creación de un paquete de competencias en el marco de formación de la OIE y, finalmente, la inclusión de un nuevo capítulo en los Códigos de la OIE (Código Sanitario para los Animales Terrestres y Código Sanitario para los Animales Acuáticos).
Por último, me gustaría expresar mi agradecimiento a todos los autores que han contribuido a esta amplia y variada edición, en la que se exploran la visión, los métodos y las repercusiones de este ambicioso programa. Para ser francos, muchos de nosotros hemos estado esperando este programa desde hace mucho tiempo porque estábamos deseando aprovechar los conocimientos especializados que generará. Por tanto, nos conviene esforzarnos para asegurar su éxito.
Monique Éloit
Directora General
Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE)
Un artículo del Boletín de la OIE: leer el original
La pandemia de COVID-19 ha demostrado que los brotes de enfermedades infecciosas —ya sean naturales, accidentales o intencionales— pueden paralizar el planeta y tener repercusiones sin precedentes en todos los ámbitos de la sociedad.
Ahora que la comunidad internacional lucha unida contra la COVID-19, también debe prestar atención a la advertencia del Secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, de que «las debilidades y la falta de preparación expuestas por esta pandemia muestran la forma en que podría desarrollarse un ataque bioterrorista, y pueden incrementar sus riesgos». Aunque las amenazas del bioterrorismo y las armas biológicas son abrumadoras, no son algo nuevo, y, por ende, la buena noticia es que la comunidad internacional sabe cómo afrontarlas. Desde hace casi dos decenios, el Programa para la reducción de la amenaza de las armas (WTRP) de Canadá y otros miembros de la Alianza mundial contra la proliferación de armas y materiales de destrucción masiva dirigida por el G7, han estado trabajando en la interfaz salud–seguridad para llevar a cabo programas de fortalecimiento de las capacidades y reducir las amenazas biológicas mundiales.
Nos alegramos de que los programas ejecutados por Canadá y otros miembros de la Alianza Mundial, compuesta por 31 países, estén contribuyendo actualmente a la respuesta mundial a la COVID-19. Esto incluye una asociación de larga data entre el WTRP de Canadá y la Dirección de Servicios veterinarios de Ghana, con el apoyo de la Agencia de inspección alimentaria de Canadá, que ha facilitado la realización de pruebas de detección de la COVID-19 en Ghana.
La Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) ha desempeñado un papel fundamental en la consecución de éxitos como este. Durante más de un decenio, la OIE y la Alianza mundial han colaborado para fortalecer la bioseguridad mundial. Juntos, hemos trabajado para mantener el mundo libre de la peste bovina, para convocar conferencias mundiales sobre la reducción de las amenazas biológicas, para proteger a los países del agroterrorismo y para diseñar laboratorios más sostenibles [6].
Los sectores veterinario y de seguridad pública han obtenido grandes logros juntos, pero aún queda mucho por hacer para alcanzar nuestro objetivo común de prevenir, detectar y responder a las amenazas sanitarias en todas sus formas.
Un artículo del Boletín de la OIE: leer el original
La resiliencia es la capacidad de adaptarse a situaciones adversas
En todo el mundo, los Servicios veterinarios siguen desempeñando su papel fundamental para la sociedad, en la protección de la sanidad y el bienestar animal, y la salud pública, respondiendo al mismo tiempo a los desafíos planteados por la pandemia.
Se ha visto que los Servicios veterinarios pueden desempeñar un papel importante brindando apoyo directo para:
- dar respuesta a la pandemia de salud pública a través de pruebas de muestras humanas de SARS-CoV-2,
- participando en investigaciones científicas en la interfaz humano-animal,
- donando equipos básicos,
- contribuyendo con pericia epidemiológica destinada a los servicios de salud pública.
Los Servicios veterinarios también:
- contribuyen manejando las implicaciones de la COVID-19 en la sanidad animal, incluyendo las infecciones de SARS-CoV-2 en los animales de compañía y brotes en animales de peletería de granja,
- realizan investigaciones para comprender la susceptibilidad de las diferentes especies animales al SARS-CoV-2,
- utilizan la comunicación sobre el riesgo para evitar que se tomen acciones inadecuadas contra los animales incluida la fauna silvestre,
- adoptan la gestión del riesgo para evitar el establecimiento de nuevos reservorios en especies sensibles.
Además, los Servicios veterinarios deben trabajar para garantizar la continuidad de las actividades, y en particular garantizar la inocuidad de los alimentos y seguridad alimentaria por medio del mantenimiento del comercio seguro de animales y productos de origen animal.
En estos tiempos difíciles, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) ha demostrado que, con el apoyo de las plataformas de tecnología de la información, puede preservar la continuidad de las actividades tanto en la Sede como en las Representaciones Regionales y Subregionales, y con la comunidad de Miembros a nivel mundial. La OIE continúa compartiendo sus conocimientos y fomentando la solidaridad entre sus Miembros y expertos, promoviendo discusiones científicas, tomando decisiones y optimizando la colaboración con los socios.
La resiliencia también incluye aprender de una situación para así estar preparados para una situación de emergencia futura
Para fortalecer la preparación a todos los peligros (incluyendo las emergencias «Una sola salud» como la de la COVID-19), la OIE desarrolla y difunde entre sus Miembros directrices basadas en la ciencia y experiencias con el fin de informar sobre el desarrollo de planes y procedimientos de emergencia basados en riesgo. Al igual que disponer de suficiente personal capacitado, equipos y recursos, los planes adaptados a los fines perseguidos deben ser evaluados con regularidad a través de simulacros.
Con el firme apoyo de sus Miembros, la OIE se encuentra en la posición idónea para desempeñar su papel en el fortalecimiento de los mecanismos y estructuras de gobernanza a nivel mundial para dar respuestas eficientes a las futuras emergencias y evitar desastres. Hemos observado de primera mano el fuerte compromiso de los más altos niveles, incluyendo de la reunión de Ministros de agricultura del G20 celebrada en abril de 2020 en la que se hizo un llamado al fortalecimiento del enfoque «Una sola salud» para estar preparados y dar respuesta a las zoonosis.
Los desafíos de hoy en día resaltan la necesidad de incorporar la fauna silvestre a las estrategias «Una sola salud»
De igual modo, ecosistemas equilibrados son un componente clave para la resiliencia, y las amenazas de enfermedades (incluyendo el riesgo de emergencia de enfermedades) pueden reducirse si se garantizan ecosistemas equilibrados y saludables. Dentro de los desafíos de hoy en día también se destaca la necesidad de incorporar la fauna silvestre a las estrategias «Una sola salud». La OIE involucra a sus Miembros, expertos en fauna silvestre y socios clave en el desarrollo de una estrategia a largo plazo para garantizar que la sanidad de la fauna silvestre sea integrada totalmente a las estrategias «Una sola salud» y de sanidad animal de la OIE.
Es por ello que la OIE apoya la iniciativa franco-alemana de crear un Consejo de Expertos de alto nivel «Una sola salud» destinado a brindar apoyo a la Alianza Tripartita (FAO-OIE-OMS) a la que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) será asociado, en sus responsabilidades respectivas para abordar futuras crisis.
Juntos debemos optar por un enfoque multilateral, interdisciplinario y multisectorial
La OIE está dispuesta a desempeñar un papel activo en el diálogo mundial y comprometerse con la comunidad internacional para garantizar una resiliencia integral. Juntos debemos optar por un enfoque multilateral, interdisciplinario y multisectorial para prepararnos y dar respuesta a los peligros y emergencias que afrontan los Servicios veterinarios de manera holística y sostenible.
Esta edición de Panorama proporciona información sobre algunos de los proyectos, iniciativas y programas de la OIE y sus socios diseñados para ayudar en la preparación para emergencias y resiliencia de los Miembros de la OIE. Quiero agradecer a los autores de estas contribuciones y espero que la presente entrega les sea enriquecedora y de gran utilidad.
Monique Éloit
Directora General
Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE)
Un artículo del Boletín de la OIE: leer el original
