El riesgo oculto del traslado de ovejas y cabras
Al amanecer, los mercados comienzan a cobrar vida. Llegan camiones procedentes de aldeas lejanas. Los agricultores conducen ovejas y cabras por calles estrechas. Los compradores examinan a los animales, negocian los precios y se preparan para el viaje de regreso a casa. Para muchas familias, este momento representa esperanza: un animal vendido puede significar matrículas escolares pagadas, comida sobre la mesa o dinero reservado para la próxima temporada. Para quienes eligen una oveja o una cabra para una celebración, también es una fuente de orgullo y reconocimiento dentro de la comunidad.
En todo el mundo, se estima que 330 millones de personas dependen de los pequeños rumiantes —ovejas y cabras— para su sustento y su seguridad alimentaria. Estos animales son fundamentales para los sistemas de agricultura familiar, especialmente en comunidades marginadas. Proporcionan carne y leche, pero también lana y cuero para la vestimenta, y estiércol para los cultivos. En muchas regiones, las mujeres desempeñan un papel clave en su cuidado y manejo, lo que convierte a la cría de pequeños rumiantes en una vía importante hacia la independencia económica y el bienestar familiar.
Sin embargo, detrás de esta escena tan familiar se esconde una realidad menos visible. El movimiento de animales, tan esencial para el comercio y la supervivencia, también crea oportunidades para la propagación de enfermedades. El riesgo asociado al traslado de ovejas y cabras rara vez es evidente para compradores o vendedores, pero influye en la salud de los rebaños y en la estabilidad de los mercados.
Un viaje que conecta granjas y mercados
Las ovejas y las cabras se encuentran entre los animales domésticos más móviles del mundo. Los pastores las trasladan en busca de pastos y agua mediante migraciones estacionales conocidas como trashumancia, recorren largas distancias para llegar a los mercados y las comercian entre regiones y a través de fronteras. Cada desplazamiento pone en estrecho contacto a animales procedentes de distintos rebaños. Una oveja que parece sana puede haber contraído una infección días antes sin mostrar síntomas. El estrés del transporte, el hacinamiento y los cambios en la alimentación pueden debilitar sus defensas y hacerla más propensa a transmitir enfermedades a otros animales.
En algunos países, las encuestas realizadas en mercados ganaderos han demostrado la intensidad de estos movimientos, con miles de animales cambiando de manos en períodos muy cortos. Cuando los animales se desplazan con rapidez y frecuencia, resulta difícil saber de dónde proceden o adónde se dirigen después. Si aparece una enfermedad, rastrear su origen puede ser como intentar seguir huellas en la arena.
Ciertas infecciones se aprovechan especialmente de esta movilidad. La peste de los pequeños rumiantes, una enfermedad altamente contagiosa de ovejas y cabras, puede propagarse rápidamente a lo largo de las rutas comerciales y acabar con rebaños enteros. La fiebre aftosa afecta a todos los animales de pezuña hendida y puede perturbar tanto los mercados locales como el comercio internacional, ya que las ovejas y cabras pueden actuar como portadoras silenciosas. Algunas enfermedades, como la brucelosis, también pueden afectar a los seres humanos. Para los hogares que dependen de solo unos pocos animales, la pérdida de un rebaño puede significar la pérdida de ingresos, de alimentos y de seguridad.
Estos efectos van más allá de los agricultores individuales. Cuando se producen brotes, pueden desestabilizar las cadenas de suministro, elevar los precios de los alimentos y ejercer una gran presión sobre los Servicios Veterinarios. Las consecuencias se sienten no solo en las zonas rurales, sino también en pueblos y ciudades donde las personas dependen de un acceso constante a los productos de origen animal.
Proteger los medios de vida protegiendo la salud animal
Por esta razón, los expertos en sanidad animal se centran cada vez más en comprender cómo y por qué se mueven los animales. El mapeo de las rutas entre granjas, mercados y zonas de pastoreo ayuda a identificar dónde los riesgos son mayores. La vigilancia de la salud animal en puntos clave de concentración facilita la detección temprana de problemas. La vacunación y los sistemas básicos de identificación y trazabilidad animal pueden reducir aún más la probabilidad de que las enfermedades se propaguen sin ser detectadas.
La Organización Mundial de Sanidad Animal y sus asociados han destacado estos vínculos entre el movimiento de animales y la propagación de enfermedades, no para desalentar el comercio ni las prácticas tradicionales, sino para hacerlas más seguras mediante el control de los desplazamientos. El objetivo no es impedir que los animales se muevan, sino garantizar que sus viajes no transporten amenazas ocultas.
Los pequeños rumiantes son más que simples mercancías. Son cuentas de ahorro con cuatro patas, fuentes de alimento y símbolos de resiliencia para millones de familias. Favorecen la participación económica de las mujeres y ayudan a los hogares a superar tiempos difíciles. Su valor no se mide solo en dinero, sino también en estabilidad y dignidad.
Cuando una oveja o una cabra inicia un viaje, transporta algo más que su propio peso. Lleva consigo las esperanzas del hogar que la crió y, en ocasiones, el riesgo de enfermedad si no existen medidas de protección adecuadas. Comprender esta relación no es solo una cuestión técnica. Se trata de proteger los medios de vida, fortalecer los sistemas alimentarios y garantizar que el movimiento de animales siga siendo una fuente de oportunidades y no de vulnerabilidad.
Lograrlo requiere una responsabilidad compartida. Agricultores, comerciantes y Servicios Veterinarios desempeñan un papel fundamental para mantener sanos a los animales durante sus desplazamientos —mediante el intercambio de información, la aplicación de medidas básicas de bioseguridad y la respuesta rápida cuando surgen riesgos— Al prestar atención a cómo viajan los animales y al apoyar prácticas que los mantengan saludables durante el trayecto, todos pueden contribuir a que estos viajes sigan siendo un camino hacia la prosperidad y no una vía de propagación de enfermedades.