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Proteger a los grandes simios del ébola

Ebola surveillance in great apes_two great apes in the forest

Mientras la República Democrática del Congo (RDC) sigue haciendo frente a un brote de la enfermedad por el virus del ébola causado por el virus Bundibugyo, con casos relacionados notificados en Uganda, la atención mundial se centra, como es lógico, en salvar vidas humanas. Según la información más reciente de la Organización Mundial de la Salud (OMS), la RDC ha registrado más de 4 500 casos confirmados y más de 2 000 fallecidos, lo que convierte al brote actual en el más mortífero de la historia del país. La magnitud y la rapidez de la epidemia han reavivado la atención mundial sobre una enfermedad que ha traspasado en repetidas ocasiones las fronteras entre los seres humanos y los grandes simios. 

Sin embargo, se está librando otra batalla lejos de los centros de tratamiento, en los bosques de África Central, donde la enfermedad por el virus del ébola ha devastado las poblaciones de grandes simios. En el caso de una enfermedad que encarna a la perfección el concepto «Una sola salud», proteger la fauna silvestre no es incompatible con proteger a las personas. 

La enfermedad por el virus del ébola y sus diferentes cepas, entre ellas la de Zaire (EBOV) y la de Bundibugyo (BDBV), son sinónimo de epidemias en humanos. Las imágenes de personal sanitario con equipos de protección, entierros seguros y centros de tratamiento de urgencias acaparan la atención pública cada vez que el virus resurge. Sin embargo, décadas de investigación han demostrado que los seres humanos son solo una parte de un panorama ecológico mucho más amplio en el que intervienen la fauna silvestre, los ecosistemas y las complejas interacciones en las que surgen las enfermedades. 

El próximo brote de la enfermedad por el virus del Ébola no solo supone un reto para la salud pública, sino también para la sanidad de la fauna silvestre. Comprender lo que ocurre en la fauna silvestre es esencial si queremos prevenir futuras epidemias.

Alexandre Fediaevsky, jefe del Departamento de Preparación ante Emergencias y Resiliencia de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA).

Las víctimas olvidadas de la enfermedad por el virus del ébola 

Mucho antes de que la enfermedad por el virus del ébola se convirtiera en un problema sanitario mundial reconocido por la (OMS), ya había estado afectando a la fauna silvestre. 

Uno de los ejemplos más dramáticos se produjo a principios de la década de 2000, cuando los brotes en la República del Congo provocaron una mortalidad catastrófica entre los gorilas de las tierras bajas occidentales. Un estudio histórico publicado en la revista Science estimó que murieron más de 5 000 gorilas en una sola región, con una disminución de las poblaciones locales de hasta un 90-95 %. Esos hallazgos transformaron la comprensión científica del ébola, revelando que el virus no solo era una amenaza para la salud humana, sino también uno de los mayores peligros infecciosos a los que se enfrentaban los grandes simios de África. 

Estudios posteriores confirmaron que el virus del ébola de Zaire, junto con la caza furtiva y la pérdida de hábitat, ha contribuido a graves descensos en las poblaciones de gorilas y chimpancés en toda África Central. 

No son el reservorio, pero sí son muy vulnerables 

A menudo se considera que ciertas especies de murciélagos frugívoros son los huéspedes reservorio más probables; sin embargo, aún hay que confirmar estas pruebas. Estos animales pueden ser portadores de virus sin presentar una enfermedad grave, lo que permite que el virus persista en la naturaleza. En ocasiones, el virus se transmite a otros animales silvestres, como gorilas, chimpancés y duikers (pequeños antílopes africanos) y, en determinadas circunstancias, a los seres humanos. 

Este proceso, conocido como efecto colateral o «spillover», es la clave de la aparición del ébola. Las infecciones en humanos pueden producirse a través del contacto con fluidos de animales infectados, tras lo cual la transmisión de persona a persona mantiene los brotes. 

Es fundamental comprender estas vías ecológicas. Cada brote ofrece una oportunidad para mejorar el conocimiento sobre las especies reservorio y sobre cómo los cambios medioambientales, la composición, la densidad y los movimientos de las especies silvestres, así como las actividades humanas, interactúan para crear condiciones favorables a la aparición de enfermedades.  

Una interfaz sanitaria bidireccional

La enfermedad por el virus del ébola se describe habitualmente como una enfermedad zoonótica, es decir, una que se transmite de los animales a los seres humanos. Sin embargo, cada vez se reconoce más que la relación entre las personas y la fauna silvestre es bidireccional. 

Aunque actualmente hay pocas pruebas de la existencia de una «zoonosis inversa» (es decir, que los seres humanos transmitan la enfermedad por el virus del ébola de vuelta a las poblaciones de grandes simios silvestres), los científicos han documentado la transmisión de otros patógenos, incluidos virus respiratorios, de los seres humanos a los gorilas y los chimpancés. Estos hallazgos refuerzan la importancia de minimizar el contacto innecesario entre personas y fauna silvestre durante los brotes de enfermedades y ponen de relieve la necesidad de una vigilancia integrada en la interfaz entre la fauna silvestre y los seres humanos. 

Las poblaciones de fauna silvestre sanas contribuyen a la salud de los ecosistemas, y los ecosistemas sanos, en última instancia, favorecen la salud de las comunidades humanas; precisamente por eso la vigilancia debe extenderse a los animales e ir más allá de los hospitales y las clínicas.

Sophie Muset, coordinadora del Programa de Salud de la Fauna Silvestre y coordinadora del proyecto ZOOSURSY.

De reaccionar a prevenir

Los esfuerzos científicos se han ido desplazando cada vez más de la documentación de la mortalidad de la fauna silvestre hacia la prevención de futuros brotes. 

Los investigadores combinan ahora la vigilancia ecológica, el seguimiento de la sanidad de la fauna silvestre, la modelización epidemiológica y los análisis genómicos para comprender mejor dónde es más probable que surja la enfermedad por el virus del Ébola. 

Un reciente estudio de modelización publicado en Scientific Reports proyectó que un brote de ébola en la población de gorilas de montaña, en peligro de extinción, del macizo de Virunga podría propagarse rápidamente a través de los grupos sociales si no se produjera ninguna intervención. Los autores descubrieron que la vacunación de emergencia de al menos la mitad de los gorilas habituados podría mejorar drásticamente la supervivencia, lo que ilustra cómo las medidas de conservación proactivas pueden reducir el impacto de futuros brotes. 

Al mismo tiempo, los modelos predictivos están ayudando a identificar zonas de alto riesgo en las que se puede dar prioridad a las medidas de vigilancia antes de que se produzcan los brotes. 

Por qué es importante la vigilancia de la fauna silvestre

El actual brote del virus del Ébola Bundibugyo en la República Democrática del Congo demuestra una vez más que la vigilancia debe ir más allá de los casos humanos. 

El seguimiento de la sanidad de la fauna silvestre, el refuerzo de las redes de laboratorios, la mejora de los diagnósticos sobre el terreno y el intercambio de datos entre sectores contribuyen a una detección más temprana y a una mejor comprensión de la dinámica de las enfermedades. El seguimiento de la fauna silvestre puede proporcionar valiosas señales epidemiológicas, al tiempo que sirve de base para las medidas de conservación de las especies en peligro de extinción. El intercambio de información intersectorial puede llevarse a cabo a través de WildEpi, el nuevo mecanismo de notificación propuesto por la OMSA para compartir información sobre cuestiones de sanidad de la fauna silvestre y enfermedades que no figuran en la lista de la OMSA. 

La vigilancia integrada beneficia tanto a la conservación de la biodiversidad como a la salud pública, al mejorar la preparación antes de que los patógenos traspasen las barreras entre especies. 

Por eso, la OMSA destaca el papel fundamental de la vigilancia de la fauna silvestre, la detección precoz y la prevención a la hora de reducir el riesgo de transmisión de zoonosis y reforzar la preparación. 

Reforzar la vigilancia donde más importa

Este es precisamente el objetivo del proyecto ZOOSURSY. 

ZOOSURSY, que opera en 17 países africanos, refuerza los sistemas de vigilancia de las enfermedades zoonóticas en la interfaz entre el ser humano, los animales y el medio ambiente. Al apoyar la capacidad de los laboratorios, las investigaciones sobre el terreno, el seguimiento de la sanidad de la fauna silvestre y la colaboración entre los sectores veterinario, de salud pública y medioambiental, el proyecto contribuye a la detección precoz de enfermedades zoonóticas emergentes y reemergentes, incluida la enfermedad por el virus del Ébola.

En lugar de limitarse a responder una vez que se producen los brotes, la vigilancia integrada ayuda a los países a comprender mejor la circulación de los patógenos en la fauna silvestre, identificar los riesgos en su origen y reforzar la preparación antes de que se produzca la próxima emergencia. 

Mientras la enfermedad por el virus del Ébola sigue suponiendo un reto para las comunidades de África Central, una lección queda clara: la protección de la salud humana y la de la fauna silvestre son objetivos inseparables. Las personas y los grandes simios comparten los mismos hábitats y pueden estar expuestos a los mismos patógenos, lo que convierte la sanidad de la fauna silvestre en una parte importante de la salud pública. Porque la prevención del próximo brote de la enfermedad por el virus del Ébola comienza mucho antes de que se detecte el primer caso humano.