Cómo los nuevos capítulos revisados de la OMSA garantizan un mejor control de la influenza aviar
La 93.ª Sesión General de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) marcó la revisión de la norma de la OMSA sobre el comercio y la creación de una nuevo capítulo sobre bioseguridad. Esta decisión fue impulsada por las solicitudes de los miembros de la OMSA para incluir información sobre bioseguridad en las normas. Como todas las demás normas elaboradas por la OMSA para que sus Miembros las apliquen, las que dominaron la agenda de este año están llamadas a tener un impacto positivo en la sanidad y el bienestar animal en todo el mundo. Entre los ámbitos en los que aportan beneficios de gran alcance, destaca el panorama de los mercados de aves vivas, donde enfermedades infecciosas como la influenza aviar pueden propagarse, como un espacio particularmente vulnerable, pero a la vez central.
Entender el problema desde la perspectiva de las materias primas
Los mercados de aves vivas han desempeñado tradicionalmente un papel clave en el sudeste asiático y en África occidental. En algunos países, constituyen la columna vertebral de ciudades que dependen del comercio centrado en los alimentos y del turismo. En varios de ellos, los mercados de aves vivas garantizan la seguridad alimentaria al proporcionar acceso a productos frescos asequibles y representan una fuente estable de ingresos para los numerosos vendedores que dan vida a este vibrante espacio comunitario.
Sin embargo, enfermedades animales infecciosas como la influenza aviar han sometido estos entornos a una presión considerable, ya que ofrecen un caldo de cultivo para la aparición y propagación de agentes patógenos dañinos. Cuando surgen enfermedades zoonóticas, los brotes afectan al comercio avícola y provocan una pérdida de confianza de los consumidores. Los mercados de animales vivos donde se venden y manipulan suelen estar vinculados a la transmisión de enfermedades zoonóticas, ya que pueden facilitar el movimiento de animales que podrían portar patógenos. La mezcla de especies en estos mercados complica aún más la situación, al plantear riesgos importantes para la salud y la ecología.
Con demasiada frecuencia, las intervenciones de sanidad pública veterinaria para frenar la propagación del virus se han centrado en combatir la enfermedad estrictamente dentro de los límites de los propios mercados. Entre las medidas adoptadas se han incluido la prohibición de guardar aves durante la noche en los mercados, la aplicación de “días de descanso” y la separación de las especies de aves dentro de los mercados. Tras la pandemia de COVID-19, por ejemplo, varios países cerraron temporalmente sus mercados de animales vivos, lo que paralizó los flujos comerciales y las cadenas de suministro alimentario esenciales. Pero esta solución demostró no ser sostenible ni viable a largo plazo. Provocó consecuencias no deseadas, como la aparición de mercados negros no regulados de productos de origen animal y la atribución de la pandemia a estas prácticas culturales. El estigma ahora asociado a los mercados de animales vivos se ha cargado de connotaciones muy negativas.
En cambio, la evidencia muestra que el control de la influenza aviar para la prevención de pandemias debe comenzar antes de que las aves de corral lleguen a los mercados de animales vivos. De hecho, las medidas centradas únicamente en los mercados de aves vivas probablemente no reduzcan de forma eficaz la exposición de comerciantes y compradores al riesgo de influenza aviar si no van acompañadas de intervenciones específicas a lo largo de toda la cadena de suministro. Por tanto, las estrategias de prevención de pandemias deben dirigirse a los criadores y transportistas de pollos en los países donde el virus es endémico, con el fin de reducir el número de aves infectadas que llegan a los mercados.
Dar forma al futuro de los mercados avícolas
Diversos estudios han identificado los principales riesgos asociados a estos entornos. Los mercados que venden animales vivos presentan los mayores riesgos para la salud humana y la biodiversidad debido a su carga patógena, especialmente aquellos que implican animales silvestres, estrechamente vinculados a enfermedades infecciosas emergentes. Factores combinados, como la presencia de animales vivos, incluidos aquellos con alto riesgo de enfermedad, el tamaño del mercado y las prácticas de limpieza e higiene, pueden contribuir a la aparición de enfermedades.
Dada la naturaleza compleja de los riesgos de enfermedades infecciosas, los responsables políticos no deberían centrarse únicamente en los mercados al mitigar futuros brotes. Las intervenciones específicas, basadas en la ciencia y en el riesgo, aplicadas de manera ascendente en la cadena de suministro, así como en los movimientos transfronterizos de aves, pueden hacer que los mercados avícolas sean más seguros sin llevar a las economías locales al borde del colapso.
La bioseguridad deficiente y el comercio no regulado forman parte del problema, ya que pueden agravar los riesgos de enfermedad. Por eso, la revisión del Manual de la OMSA y la incorporación de un nuevo capítulo sobre bioseguridad durante la Sesión General de este año representan un paso hacia poblaciones animales más sanas y libres de enfermedades. En el caso de los mercados de aves vivas, los animales se obtienen a nivel nacional. Sin embargo, independientemente de su origen, es importante aplicar siempre una bioseguridad eficaz desde la granja de origen hasta el mercado.
Como piedra angular de los programas de sanidad animal, la bioseguridad debe aplicarse para prevenir y controlar enfermedades en las poblaciones. Junto con las recientes recomendaciones sobre puestos de inspección fronterizos y centros de cuarentena para apoyar la aplicación eficaz de medidas y procedimientos aplicables al tránsito, la importación y la exportación de mercancías, estos enfoques reducen la introducción de infecciones en las poblaciones y favorecen la continuidad del comercio.
Estas resoluciones están destinadas a dejar un legado duradero en un mundo globalizado, donde el comercio seguro sustenta la inocuidad alimentaria y la resiliencia económica como pocas otras cosas. Al ofrecer recomendaciones para mejorar la aplicación de la bioseguridad cuando se trasladan animales a nivel nacional o internacional, la propagación de agentes patógenos a través del comercio internacional de mercancías debería minimizarse, sin dar lugar a restricciones comerciales innecesarias. Además de reducir el riesgo de enfermedad, los beneficios previstos de estas normas incluyen una menor necesidad de utilizar productos veterinarios, menores tasas de sacrificio de animales con fines de control sanitario, pérdidas económicas limitadas, medios de vida protegidos y una mejoría del bienestar animal. En conjunto, pueden garantizar la seguridad alimentaria y la inocuidad de los alimentos, promover la salud animal, humana y ambiental, y abrir el camino hacia un comercio seguro y la continuidad de las actividades.
Intervenciones específicas de «Una sola salud»
Más allá de las normas, la colaboración entre las partes interesadas también debe ponerse en práctica en este contexto complejo. El enfoque «Una sola salud» busca prevenir las enfermedades zoonóticas abordando los riesgos en su origen, por ejemplo, en los mercados de animales vivos, mediante la colaboración multidisciplinaria entre expertos en salud pública, veterinarios y especialistas en medio ambiente, para garantizar prácticas alimentarias seguras y una regulación eficaz de los puntos de venta de animales y alimentos. Las soluciones «Una sola salud» podrían incluir mejoras en la infraestructura, limpieza regular y “días de descanso” para interrumpir la circulación viral, programas de formación para vendedores centrados en la higiene y la prevención de infecciones, y sistemas de monitoreo y certificación que premien el cumplimiento en lugar de penalizar el comercio.
Esta combinación de enfoques puede ayudar a alcanzar un objetivo más amplio e importante: mercados avícolas resilientes y seguros que sostengan los medios de vida al tiempo que protegen frente a la amenaza inminente de la influenza aviar. Las intervenciones específicas y la aplicación de normas, y no las prohibiciones generales, ofrecen una vía pragmática hacia prácticas comerciales de animales más seguras. Se invita a los Miembros a aplicar diligentemente las normas de la OMSA y adaptarlas a su legislación para garantizar que el riesgo de enfermedad se mitigue hoy y que la salud de todos esté protegida mañana.