El Segundo Informe de Seguimiento del Observatorio se ha publicado y ofrece nuevos conocimientos sobre la adopción mundial de las normas de sanidad animal. Descubra cómo Brasil no solo implementó eficazmente la zonificación, sino que también ayudó a moldear las normas internacionales que respaldan esta práctica. Inicialmente utilizada por el país como herramienta para erradicar la fiebre aftosa, la implementación exitosa de estas normas se ha convertido desde entonces en un mecanismo poderoso para acceder a los mercados internacionales. Por eso, las recomendaciones del informe podrían ser valiosas para muchos responsables de la toma de decisiones.
El mandato fundamental de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) es establecer normas internacionales que garanticen la sanidad y el bienestar animal, apoyen el control y la erradicación de enfermedades y faciliten el comercio internacional seguro de animales y productos de origen animal. Para entender estas normas, se puede pensar en ellas como medidas acordadas y adoptadas por todos los países. Estas medidas, en última instancia, orientan las estrategias y regulaciones nacionales relacionadas con la sanidad y el bienestar animal.
Marcelo de Andrade Mota es el Director de los Servicios Veterinarios de Brasil y el Delegado de la OMSA para el país. En 2025, lideró con éxito los esfuerzos para que Brasil fuera reconocido como libre de fiebre aftosa en todo su territorio. La fiebre aftosa es una de las seis enfermedades para las cuales la OMSA otorga un estatus oficial de libre de enfermedad. La implementación de las normas de zonificación de la OMSA, en cuya elaboración Brasil participó activamente, desempeñó un papel crucial en este logro. Marcelo de Andrade Mota conoce bien tanto el potencial como los desafíos asociados a estas normas:
“Creo que la parte más interesante del proceso de establecimiento de normas de la OMSA es que se basa en el consenso, lo cual es esencial para que los países puedan realmente implementar las normas. Dicho esto, hay que ser honestos: nosotros, los delegados, acordamos las normas en París, en la OMSA, y eso está muy bien. Pero una vez que regresamos a nuestros países, debemos hacer nuestra tarea. Tenemos que dar seguimiento, aplicar las reglas en nuestro contexto nacional y negociar con las partes interesadas pertinentes. Esto puede ser un desafío, pero el hecho de que estas normas se establezcan por consenso recuerda la importancia de su adopción.”
Para evaluar si y cómo los países implementan las normas, el Observatorio de la OMSA ha publicado su Segundo Informe de seguimiento. El estudio de caso de Brasil proporciona un ejemplo claro de la importancia de las normas y del impacto positivo que pueden tener a varios niveles.
El Segundo Informe de Seguimiento del Observatorio
El Segundo Informe de seguimiento del Observatorio proporciona a la OMSA y a sus Miembros conocimientos y recomendaciones sobre el uso e implementación de las normas de la OMSA. A través de un ambicioso metaanálisis de múltiples conjuntos de datos, tanto internos como externos a la OMSA, el informe está diseñado como una herramienta práctica para orientar la estrategia futura de la OMSA y sus Miembros. Por esta razón, se publicará cada cinco años, en consonancia con los ciclos de los Planes Estratégicos de la OMSA.
El informe completo está disponible en línea y aborda temas como comercio y medidas sanitarias, autodeclaraciones y estatus oficial, control de movimientos dentro de países/territorios y precauciones en fronteras, zonificación y compartimentación, uso de antimicrobianos y resistencia a antimicrobianos, así como la implementación del enfoque “Una sola salud”. También se encuentran disponibles fichas informativas y paneles interactivos para que cualquiera pueda consultar y extraer información.
Uso y mejora de las normas de zonificación en Brasil
La zonificación es una práctica que permite a las autoridades veterinarias dividir el territorio de un país en áreas más pequeñas, cada una con animales con un estatus sanitario específico para una enfermedad determinada. De este modo, si se produce un brote en una zona, puede ser contenido sin afectar a las demás, permitiendo que las actividades y el comercio continúen con normalidad en las regiones libres de enfermedad. Para implementar la zonificación de manera eficaz, los países deben establecer identificación de animales, controles de movimiento y medidas de bioseguridad. Mantener zonas libres de enfermedades respalda la producción y el comercio seguro de animales y sus productos.

La introducción del concepto de zonificación en Brasil estuvo estrechamente vinculada a la lucha contra la fiebre aftosa, durante un período de rápido crecimiento y aumento de la demanda de producción de carne. Como explica Marcelo de Andrade Mota:
“Desde la década de 1950, el objetivo de erradicar la fiebre aftosa ha dado forma a la organización de nuestros Servicios Veterinarios en todo el país. Esto impulsó la industria farmacéutica para la producción de vacunas y, eventualmente, también influyó en nuestro enfoque de la zonificación. Brasil es un país muy grande: si queríamos que fuera libre de fiebre aftosa, sabíamos que teníamos que trabajar en áreas más pequeñas, dividiendo el país en zonas y priorizándolas según las necesidades y la capacidad de los Servicios Veterinarios locales.”
Abordamos la enfermedad zona por zona, rodeando cada brote, vacunando animales y luego eliminando gradualmente la vacunación, nuevamente zona por zona. En la década de 1990, tuvimos la primera área reconocida como libre de enfermedad con vacunación; en 2024, todo el país estaba libre de enfermedad sin vacunación, y en 2025, la OMSA reconoció oficialmente este estatus.
Marcelo de Andrade Mota, Director de los Servicios Veterinarios de Brasil y el Delegado de la OMSA.
Para un país como Brasil, hoy uno de los mayores productores y exportadores de carne del mundo, la zonificación es más que una herramienta para erradicar enfermedades. En su nueva era libre de fiebre aftosa, Brasil ha establecido “zonas de paz”, como las llama el Dr. de Andrade Mota, que pueden activarse si la enfermedad reaparece. Si se detectara un caso, la zona afectada se aislaría, mientras que los agricultores en otras zonas podrían continuar moviendo animales y gestionando sus negocios sin interrupciones.
Recomendaciones del Observatorio
El Segundo Informe de seguimiento del Observatorio ofrece recomendaciones prácticas tanto a la OMSA como a sus Miembros para mejorar la implementación de estas normas. Por ejemplo, la OMSA recomienda que los Miembros apliquen medidas funcionales, como controles de movimiento, para apoyar la zonificación. También sugiere considerar el uso de esta medida junto con los mecanismos de la OMSA, como el reconocimiento oficial del estatus y la autodeclaración, lo que puede facilitar acuerdos comerciales bilaterales. Este enfoque se alinea estrechamente con la experiencia de Brasil y podría interesar a muchos otros países.
El mundo hoy está más interconectado y los países están cada vez más interesados en mantener un comercio seguro. Medidas como la zonificación ayudan a mitigar los riesgos y los impactos económicos de las enfermedades animales en el comercio internacional. Ahora que Brasil es libre de fiebre aftosa, nuestro objetivo es aprovechar este estatus y nuestro eficiente sistema de zonificación, reconocido por la OMSA, en los acuerdos comerciales.
Marcelo de Andrade Mota, Director de los Servicios Veterinarios de Brasil y el Delegado de la OMSA.
Esto es posible gracias a las normas internacionales. Para que un país obtenga el respaldo de la OMSA a su estrategia de zonificación, debe cumplir con las normas de la Organización. Sin embargo, no se trata de un proceso unidireccional en el que los países simplemente se adapten a reglas externas. Basándose en su experiencia nacional y sus éxitos, Brasil ha participado activamente en las discusiones sobre las normas de zonificación desde la década de 1980, ayudando a dar forma a estas normas mediante consenso con otros países. Como explica el Dr. de Andrade Mota: “Implementar normas reconocidas por la OMSA es un cambio radical. No solo protegen la sanidad animal y elevan los Servicios Veterinarios, sino que también abren el acceso a los mercados globales, impulsan el crecimiento económico y posicionan a los países como socios confiables en una cadena de suministro ganadera segura y sostenible.”
Más información
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El Segundo Informe de Seguimiento del Observatorio
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El segundo Informe de Seguimiento del Observatorio: Zonificación y compartimentación
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El panel de control sobre zonificación
Después de fuertes lluvias en septiembre de 2025, la fiebre del Valle del Rift apareció en Senegal, Mauritania y Gambia, afectando gravemente tanto a los animales como a los humanos. Aunque la enfermedad no es nueva en estos países, su impacto fluctúa significativamente a lo largo del tiempo, lo que subraya la importancia de la preparación y la vigilancia. Durante el pico de la epidemia, Senegal demostró cómo la recolección y notificación oportuna de datos a través del Sistema Mundial de Información Zoosanitaria (WAHIS) puede marcar la diferencia.
Entre el 16 y el 18 de septiembre de 2025, Mathioro Fall se encontraba en Abiyán, Costa de Marfil, participando en una sesión de formación organizada por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) sobre la notificación de enfermedades animales a través de WAHIS. Como jefe de la División de Protección de la Sanidad Animal en el Ministerio de Agricultura, Soberanía Alimentaria y Ganadería de Senegal, el Dr. Fall es responsable de compartir actualizaciones sobre brotes de enfermedades animales a través de WAHIS, razón de su viaje a Costa de Marfil.
En ese momento, la fiebre del Valle del Rift ya estaba presente en Senegal, habiéndose reportado desde al menos septiembre de 2020 en la región de Rao. Poco después de completar la formación, el Dr. Fall inició sesión en WAHIS para cerrar el evento anterior y abrir uno nuevo, debido al aumento de los brotes de fiebre del Valle del Rift tanto en animales como en humanos. A finales de septiembre, las autoridades sanitarias senegalesas confirmaron infecciones humanas, incluyendo varias muertes, marcando el inicio de un evento importante que abarcó Senegal, Mauritania y Gambia. Este evento epidémico fue posteriormente reconocido como de alto riesgo para la salud humana y animal a nivel nacional, tras una evaluación conjunta de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OMSA.
A principios de diciembre, Mathioro Fall regresó a Saint-Louis —a cuatro horas en coche de Dakar, la capital de Senegal— para una misión de seguimiento de los brotes de fiebre del Valle del Rift. Según los datos que ha estado recopilando y compartiendo semanalmente con la comunidad internacional, la epidemia parece haber alcanzado su punto máximo y se espera que el número de casos disminuya con el tiempo.
« Las medidas de contención están demostrando ser efectivas», explica el Dr. Fall durante una pausa en su misión de campo. «Pero ahora estamos revisando las acciones llevadas a cabo para desarrollar un plan de mejora para futuras epidemias. La fiebre del Valle del Rift es una enfermedad prioritaria en Senegal: conocemos las zonas donde es probable que reaparezca y sabemos que sigue un patrón cíclico. Por lo general, regresa cada dos o tres años, por lo que este es el momento de aprender de lo que hemos hecho y fortalecer la vigilancia y la prevención en las poblaciones animales ».
Vigilando las infecciones animales para proteger la salud de todos
La fiebre del Valle del Rift es una enfermedad transmitida por vectores que puede afectar a diferentes especies animales. El virus es transportado y propagado por mosquitos y, en algunos casos, incluso puede sobrevivir durante años en sus huevos, incluso en condiciones de sequía. Cuando las lluvias intensas provocan la eclosión de los huevos, el virus puede resurgir y comenzar a propagarse nuevamente entre los animales. Los humanos también pueden infectarse, principalmente por contacto con sangre o fluidos corporales de animales infectados, pero también por picaduras de mosquitos.
La enfermedad es particularmente peligrosa para los corderos y cabritos, con tasas de mortalidad que van del 70 % al 100 %. En ovejas adultas y terneros, la mortalidad baja al 20 %–70 % y varía ampliamente entre otras especies. Las ovejas y vacas gestantes casi siempre abortan: un resultado devastador para los agricultores y una señal crucial para los epidemiólogos. Como explica el Dr. Fall: « Junto con las vacunaciones dirigidas, la vigilancia activa de las especies centinelas y el uso de insecticidas en las granjas, debemos trabajar en sensibilizar a los productores sobre los síntomas de la enfermedad para que puedan notificar eficazmente los abortos en sus animales. Esto nos ayuda a reconocer un brote en curso y, en última instancia, permite a nuestros colegas en salud humana estar alertas ante posibles amenazas emergentes ».
Formando a las personas en el mejor uso de WAHIS
Tan pronto como ocurre un brote de una enfermedad animal listada, nueva o previamente erradicada, los Miembros de la OMSA deben notificarlo a través de WAHIS.
Si bien el sistema de información sirve como una fuente clave de datos para los Servicios Veterinarios, las organizaciones internacionales y los investigadores interesados en recopilar y reutilizar información sobre la sanidad animal, la efectividad de WAHIS depende de la dedicación y cooperación de las personas que realizan los informes. Como destacó un estudio reciente en la región Asia-Pacífico, la capacidad es crucial para garantizar notificaciones oportunas de enfermedades. Por ello, se organizan regularmente formaciones en todo el mundo.
« He estado notificando a través de WAHIS durante muchos años », reconoce Mathioro Fall, « pero debo admitir que la última formación a la que asistí me proporcionó consejos útiles para usar la plataforma de manera más eficiente y rápida ».
Las enfermedades más allá de las fronteras
El mapa muestra los brotes de fiebre del Valle del Rift reportados por Senegal, Mauritania y Gambia a través de WAHIS entre el 30 de septiembre y el 10 de diciembre de 2025.
Como todas las enfermedades, la fiebre del Valle del Rift no conoce fronteras, y su carácter vectorial hace que sea particularmente difícil de contener en un área específica. Senegal no es el único país afectado a finales de 2025. Mauritania y Gambia informaron casos durante el mismo período, y Sudáfrica también experimentó una recurrencia de la enfermedad en un evento no relacionado.
Desde el panel de situación de enfermedades de WAHIS, se puede ver que desde 2023 el virus también ha sido reportado en Burkina Faso, Burundi, Ruanda, Madagascar, Uganda, Ghana, Mozambique y Kenia. Notificar de manera transparente la situación de la enfermedad es el primer paso para combatirla, como explica el Dr. Fall:
Un solo país no puede controlar de manera definitiva una enfermedad transfronteriza. El evento de este año fue excepcional, pero habríamos notificado la presencia de la enfermedad de todos modos, porque es nuestro deber como Miembro de la OMSA. Compartir datos sobre los brotes actuales es vital para ayudar a otros países a comprender la situación.
El Dr. Fall, Jefe de la División de Protección de la Sanidad Animal en el Ministerio de Agricultura, Soberanía Alimentaria y Ganadería de Senegal.
«Al notificar, capacitamos a nuestros colegas en otros países para que entiendan lo que está sucediendo, evalúen los riesgos, se preparen en consecuencia y, si es necesario, soliciten recursos con evidencia sólida ».
Diferentes formas de notificar a través de WAHIS
Al recopilar y poner a disposición grandes cantidades de datos para todos, WAHIS sirve como una fuente de información diversa y consultable por un amplio público. Se espera que los países y territorios reporten datos de dos maneras: a través del sistema de alerta temprana y del sistema de seguimiento.
En el primer caso, cuando una enfermedad previamente ausente o erradicada ocurre en animales, el país notifica a la OMSA de inmediato mediante WAHIS. Se emite una alerta y el país que reporta debe proporcionar actualizaciones semanales.
Este sistema está diseñado para ofrecer una visión general de la presencia o ausencia de una enfermedad en un área determinada. Se espera que los Miembros de la OMSA presenten un informe cada seis meses, proporcionando datos epidemiológicos sobre todas las enfermedades presentes en su territorio. Estos datos se muestran en WAHIS y también pueden descargarse y reutilizarse por cualquier persona interesada.
La fiebre del Valle del Rift ha sido noticia en África Occidental en los últimos meses y, como muchas enfermedades transmitidas por vectores, es poco probable que desaparezca pronto. Su capacidad para infectar tanto a animales domésticos como silvestres, combinada con los efectos del cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos, significa que probablemente la población deberá familiarizarse más con esta enfermedad. Mientras tanto, los responsables de la sanidad animal ya están recopilando y compartiendo datos para estar preparados y tomar las mejores decisiones cuando sea necesario.
La peste de los pequeños rumiantes (PPR), una enfermedad viral devastadora y altamente contagiosa que supone una grave amenaza para las ovejas, las cabras y ciertas especies de rumiantes silvestres, pone en peligro el desarrollo económico y la seguridad de más de 330 millones de personas en todo el mundo que dependen de ellos. Sus tasas de morbilidad y mortalidad, que pueden alcanzar hasta el 100 % en poblaciones no inmunizadas, causan pérdidas económicas de hasta 2100 millones de dólares estadounidenses al año debido a la reducción de la productividad, la disminución de los ingresos de los rebaños, la pérdida de ganado y de oportunidades comerciales, la interrupción de las cadenas de suministro, la exclusión de mercados lucrativos, los costes de tratamiento y vacunación, y la pérdida de puestos de trabajo en el sector.
Una estrategia coordinada para combatir la PPR
Desde su primera identificación en 1942, la PPR se ha propagado a más de 70 países de África, Asia, Oriente Medio y Europa Oriental, afianzándose en muchas regiones y suponiendo una grave amenaza para los medios de vida y las economías locales. En 2015, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) pusieron en marcha la Estrategia Mundial de Control y Erradicación de la PPR con el ambicioso objetivo de erradicar la enfermedad para 2030.
Erradicar la PPR supondría mucho más que eliminar a nivel mundial una enfermedad infecciosa. Permitirá abordar desafíos de seguridad, reducir el movimiento ilegal de ganado y gestionar la migración, especialmente en medio de la creciente inestabilidad y los impactos del cambio climático. Más allá de esto, eliminar la enfermedad podría mejorar la productividad, la seguridad alimentaria, la generación de ingresos y el empoderamiento social. Mejorar la sanidad de las poblaciones de pequeños rumiantes puede empoderar a las mujeres y acercarnos un poco más a la equidad de género.
Transformar los servicios veterinarios con alianzas público-privadas
La continua propagación de la PPR y su arraigo en zonas endémicas, agravados por el acceso limitado a los servicios veterinarios para las comunidades marginadas, representan verdaderos desafíos para su erradicación. Sin embargo, las exitosas campañas de vacunación contra la PPR en Marruecos y el Proyecto Regional del Sahel de Apoyo al Pastoralismo (PRAPS), que se centra en el control de la PPR en la región del Sahel (Burkina Faso, Chad, Malí, Mauritania, Níger y Senegal), demuestran claramente que, con inversión en los Servicios Veterinarios e incorporando la vacunación además de las medidas de bioseguridad, la erradicación de la PPR es realmente posible.
Marruecos ha estado invirtiendo en el desarrollo de su sector veterinario privado desde la década de 1980 y, al hacerlo, el país ha alentado a los profesionales veterinarios a establecer prácticas en las zonas rurales para garantizar un apoyo regular a los agricultores. La amplia presencia de la fuerza laboral veterinaria de Marruecos proporciona una red eficaz de profesionales en la que las autoridades de sanidad animal confían cuando es necesario desplegar campañas de vacunación.
Tenemos un sector veterinario privado bien desarrollado en casi todas las regiones de Marruecos, que brinda un apoyo significativo en la realización de campañas de vacunación del ganado contra diversas enfermedades animales, particularmente la PPR, ayudándonos a alcanzar una tasa de cobertura de vacunación muy alta.
el Dr. Abderrahman Abouyassir, Delegado de OMSA para Marruecos
“Su apoyo ha sido crucial para alcanzar nuestros objetivos, especialmente para abarcar al mayor número posible de ganaderos a nivel nacional, así como para sensibilizar y motivar a los agricultores a participar en las campañas de vacunación.”, explica el Dr. Abderrahman Abouyassir, Delegado de OMSA para Marruecos.
Erradicar la PPR no solo beneficia a las ovejas y las cabras, sino que también está relacionado con los medios de vida, la nutrición y la salud de las personas, las economías locales y el acceso a la educación y la atención sanitaria. Al combatir enfermedades como la PPR, los profesionales y paraprofesionales veterinarios contribuyen a mejorar la sanidad y el bienestar animal y trabajan por una vida mejor para nuestra sociedad. Crear infraestructuras veterinarias duraderas para la producción de vacunas de calidad, los diagnósticos y la formación de trabajadores comunitarios en el cuidado animal no solo aborda las enfermedades animales, sino que también responde a desafíos globales más amplios. En zonas donde las mujeres suelen estar infrarrepresentadas en los sistemas veterinarios formales y en los procesos de toma de decisiones, por ejemplo, formarlas como agentes comunitarias de sanidad animal podría no solo fortalecer los servicios de sanidad animal, sino también empoderarlas con habilidades, reconocimiento y una voz más influyente en sus comunidades.
La OMSA alienta a sus Miembros a seguir comprometidos con la erradicación de la PPR mediante una inversión renovada en los servicios veterinarios. Al mantener a los animales seguros, los Miembros protegen y empoderan a sus comunidades y mantienen el crecimiento de sus economías. Una fuerza laboral veterinaria bien formada y equipada es esencial para garantizar la sanidad y el bienestar de los animales y de las personas que dependen de ellos. Juntos, podemos salvaguardar los medios de vida, fortalecer la seguridad alimentaria y construir un futuro resiliente para las comunidades que dependen de los pequeños rumiantes para sus medios de vida.
Proporcionan estiércol para fertilizar los cultivos, actúan como seguro frente a pérdidas agrícolas y sequías, y contribuyen al desarrollo económico nacional y al bienestar general de las comunidades. Los pequeños rumiantes son, a menudo, el activo más importante y a veces el único del que dependen algunas poblaciones para sobrevivir. En estas comunidades, la peste de los pequeños rumiantes (PPR) al ser una enfermedad vírica altamente contagiosa que representa una grave amenaza para las ovejas, las cabras y ciertas especies de rumiantes silvestres resulta devastadora.
Inolvidable es la angustia, la incredulidad y la desesperación en los rostros de las mujeres y los hombres mientras sostenían a sus cabras moribundas, en las que confiaban para tanto, muriendo a causa de una enfermedad que es 100% prevenible. Esto es la PPR: no solo un virus, sino un destructor de vidas.
Dra. Paula Menzies, Presidenta de la Asociación Internacional de Veterinarios de Ovejas y miembro del consejo de la Asociación Internacional de Cabras.
Desde su primera identificación en 1942, la PPR se ha propagado a más de 70 países de África, Asia, Oriente Medio y Europa del Este, arraigándose en muchas regiones. Las pérdidas causadas por la PPR van más allá del animal infectado: incluyen una reducción de la productividad que conduce a menores ingresos del rebaño, pérdida de nutrición e incluso la pérdida de un modo de vida. “Para los pastores nómadas, la PPR es más que una enfermedad: amenaza sus medios de vida, su seguridad alimentaria y su identidad cultural”, dice el experto en pastoralismo Dr. Amarsanaa Lkhagvasuren. “Los pequeños rumiantes son el eje central de su forma de vida.”
En 2015, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) lanzaron la Estrategia mundial de control y erradicación de la peste de pequeños rumiantes, con el ambicioso objetivo de erradicar la enfermedad para 2030. Diez años después, vemos que mantener un esfuerzo mundial sostenido y coordinado sigue siendo tan imperativo como siempre para garantizar la erradicación de la PPR y fortalecer la resiliencia de las comunidades que dependen de los pequeños rumiantes.
Durante un brote de PPR en una zona masái, vi a los pastores devastados al perder entre 10 y 20 cabras por día en rebaños de 600 a 1000 ovejas y cabras. En Burundi, hablé con agricultores que poseían entre 5 y 10 cabras cada uno, y las estaban perdiendo por la PPR, quedando angustiados porque sus hijos ya no podían ir a la escuela.
Dr. Adama Diallo, experto en PPR y miembro del Comité Asesor de la PPR.
La continua propagación de la PPR hacia nuevas regiones y su arraigo en zonas endémicas, agravado por el acceso limitado a los servicios veterinarios en comunidades marginadas, hace que erradicar la enfermedad sea un desafío, pero no imposible. El éxito depende de aplicar intervenciones clave como el control estricto del movimiento del ganado, la vacunación, la educación, la inversión en una fuerza laboral veterinaria bien equipada y el apoyo a las comunidades más vulnerables a la enfermedad.
Las mujeres y los jóvenes, en particular, suelen ser los primeros en detectar signos de enfermedad en los animales, ya que están íntimamente involucrados en su cuidado diario. A pesar de ello, siguen estando subrepresentados en los sistemas veterinarios formales, excluidos de los procesos clave de toma de decisiones y sin los recursos necesarios para responder eficazmente a la enfermedad. “Debemos reconocer, apoyar y amplificar las voces de las mujeres y los jóvenes nómadas”, insta el Dr. Lkhagvasuren. “Las mujeres y los jóvenes no son simplemente beneficiarios de las intervenciones. Son socios y líderes esenciales, cuyos conocimientos, cuidados y perspectivas son vitales para el éxito de los esfuerzos de erradicación.” La Dra. Menzies coincide y añade: “Involucrar a los pastores nómadas, especialmente a las mujeres y los jóvenes, no es opcional; es esencial para erradicar la PPR.”
Cuando las familias están empoderadas económicamente, pueden planificar mejor sus vidas, ya no necesitan recorrer largas distancias para sobrevivir, reduciendo así los movimientos ilegales de ganado y gestionando la migración rural-urbana. Pueden enviar a sus hijos a la escuela, diversificar los ingresos familiares, cuidar mejor del medio ambiente y contribuir indirectamente a abordar los desafíos de seguridad, especialmente en el contexto de la creciente inestabilidad, el cambio climático y otras amenazas emergentes.
La peste de los pequeños rumiantes no se trata solo de la morbilidad y mortalidad de ovejas y cabras, sino también de los medios de vida, la nutrición, la salud y el acceso a la educación y la atención sanitaria. Por ello, la OMSA hace un llamado a sus Miembros para que se comprometan a fortalecer su colaboración y cooperación en la implementación de estrategias armonizadas de erradicación. Esto solo será posible mediante esfuerzos coordinados y armonizados de movilización de recursos.
La PPR es una enfermedad prioritaria, y su eliminación dependerá del compromiso y la capacidad de los Miembros para movilizar recursos nacionales. Instamos a los gobiernos y socios financieros a posicionar la financiación para su erradicación como una prioridad. Al hacerlo, podremos proteger los medios de vida, fortalecer la seguridad alimentaria y construir un futuro resiliente para las comunidades que dependen de los pequeños rumiantes para su sustento.
¿Has leído?
Al contrario de las suposiciones comunes entre los expertos en sanidad animal, cuando nuevos brotes surgen, la capacidad limitada y el conocimiento organizacional son barreras más importantes para la notificación de enfermedades que el miedo a las repercusiones para el sector ganadero. Este hallazgo proviene de un nuevo estudio de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) en la región de Asia y Pacífico, que por primera vez aplica un enfoque conductual a este tema.
Cuando se produce un brote de una enfermedad animal, la información es clave para controlar su propagación y garantizar que los ganaderos de la zona y de los países vecinos puedan continuar con sus actividades habituales, protegiendo ante todo la sanidad animal. Para facilitar el intercambio de información útil sobre eventos sanitarios animales, la OMSA creó el Sistema Mundial de Información Zoosanitaria (WAHIS): una plataforma a través de la cual nuestros Miembros están obligados a notificar cualquier brote de enfermedades animales listadas en su territorio.
Esa es la teoría; luego viene la práctica. Los profesionales de la sanidad animal deben poner estas normas en acción, y eso puede ser un desafío. Hay muchas razones por las que un Miembro de la OMSA podría no notificar una enfermedad, algunas de las cuales se han convertido en suposiciones comunes entre los expertos en sanidad animal. La capacidad limitada, la falta de tiempo o el temor al escrutinio internacional son solo algunas de las barreras que a menudo se mencionan como obstáculos para una notificación oportuna. Sin embargo, nuevas investigaciones en la región de Asia y Pacífico ofrecen una perspectiva renovada sobre por qué algunos Miembros no reportan enfermedades animales a la OMSA.
Desmintiendo suposiciones comunes
Aunque estas ideas sobre las barreras para la notificación no son necesariamente incorrectas, el informe “Idenstificando barreras para la notificación de enfermedades animales terrestres y acuáticas en Asia y Pacífico” demuestra que aplicar un enfoque conductual a este tema puede ofrecer una perspectiva completamente nueva.
A partir de la encuesta y del análisis de todos los datos recopilados, queda claro que la notificación de enfermedades depende en gran medida de la capacidad de actuación. Las personas son el centro de una notificación exitosa. Por ello, por primera vez, el estudio adoptó un enfoque conductual, partiendo de la premisa de que todo está influenciado por las personas, especialmente cuando se trata de bioseguridad.
Con esto en mente, el estudio mostró que, contrariamente a la creencia común, no hay evidencia que respalde la idea de que la importancia de un sector influya en la intención de notificar una enfermedad. En otras palabras, los países no son menos propensos a reportar un brote simplemente porque afecte a un sector animal importante en su territorio. Otra suposición frecuente que merece ser reconsiderada, al menos en la región de Asia y Pacífico, se refiere al riesgo percibido de la notificación. El estudio encontró que este riesgo percibido es en realidad bajo entre los países involucrados. De manera similar, el análisis no identificó relación alguna entre la confianza en los socios comerciales y la intención de notificar. En conjunto, estos factores parecen tener menos influencia sobre el comportamiento de notificación de los Miembros de la OMSA de lo que se pensaba anteriormente.
Aprendiendo de los hallazgos clave
Por otro lado, el estudio evidencia que el conocimiento organizacional y la capacidad, así como el control conductual percibido, son fuertes predictores de la intención de notificar. Dicho de otro modo, los países tienen más probabilidades de reportar una enfermedad cuando las personas responsables están bien capacitadas y seguras de los procedimientos que deben seguir. De igual manera, cuanto más fácil se percibe el proceso de notificación, mayor es la disposición de los países a cumplir con sus obligaciones de reporte.
Otro hallazgo clave del estudio es la actitud positiva hacia la notificación y la percepción de los beneficios que conlleva, compartida por los países que participaron en la encuesta y en los grupos focales relacionados.
Equilibrando riesgos y beneficios
Los Miembros de la región de Asia y Pacífico que participaron en el estudio destacaron que el mayor riesgo que perciben al notificar un brote es la posible reducción en el acceso a los mercados internacionales. Por el contrario, reconocen que mantener una reputación internacional de transparencia constituye el beneficio más significativo. En general, los resultados de la encuesta indican que existe margen de mejora en la región y, potencialmente, a nivel global.
En conjunto, el estudio reveló muchos aspectos positivos sobre la notificación en la región. Las actitudes hacia la notificación son fuertemente positivas y los beneficios percibidos de reportar enfermedades son consistentes y claros. A pesar de estas fortalezas, se identificaron varias barreras clave, que incluyen desafíos en el diagnóstico y la confirmación de laboratorio, procesos de toma de decisiones y administrativos, así como limitaciones en los sistemas de vigilancia y reporte. A partir de estas conclusiones, el estudio desarrolló pasos concretos y recomendaciones clave para fortalecer sistemas de sanidad animal más resilientes y receptivos en toda la región de Asia y Pacífico.
La peste de los pequeños rumiantes (PPR) es una enfermedad viral devastadora y altamente contagiosa que representa una grave amenaza para las ovejas, las cabras y ciertas especies de rumiantes silvestres. Con tasas de morbilidad y mortalidad que pueden alcanzar hasta el 100% en poblaciones no inmunizadas, la PPR causa pérdidas económicas de hasta 2100 millones de dólares estadounidenses al año. Más allá de su impacto económico, socava gravemente los medios de vida, la seguridad alimentaria y la nutrición, especialmente en regiones vulnerables donde las comunidades dependen de los pequeños rumiantes como fuente clave de ingresos y estabilidad.
Las pérdidas provocadas por la PPR que incluyen la disminución de la productividad, menores ingresos ganaderos, pérdida de animales y oportunidades comerciales, interrupciones en las cadenas de suministro, exclusión de mercados rentables, costos de tratamiento y vacunación, y pérdida de empleos en el sector, afectan directamente a la seguridad alimentaria mundial y aumentan los niveles de pobreza, especialmente en las comunidades rurales. Aproximadamente un tercio del impacto financiero ocurre en África, y una cuarta parte en Asia del Sur.
La erradicación de la PPR está al alcance
Presente en más de 70 países de África, Asia, Medio Oriente y Europa del Este, la peste de los pequeños rumiantes se ha vuelto endémica en muchas regiones, representando una amenaza seria para los medios de vida de los ganaderos y las economías frágiles. Impulsados por la erradicación de la peste bovina, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) lanzaron en 2015 la Estrategia mundial de control y erradicación de la peste de pequeños rumiantes, con el objetivo de eliminar la enfermedad y mejorar la salud económica de los países más afectados. La estrategia traza un camino claro hacia la erradicación mediante la coordinación regional, el aumento de inversiones en los servicios veterinarios y la aplicación de medidas de control de enfermedades, incluyendo la vigilancia, la bioseguridad y la vacunación cuando sea necesario.
Controlar la PPR para promover el desarrollo económico
“Los beneficios de erradicar la PPR van mucho más allá de eliminar una enfermedad infecciosa”, afirma la Dra. Paula Menzies, presidenta de la Asociación Veterinaria Internacional de Ovinos y miembro del consejo de la Asociación Internacional de Caprinos. “Sabemos lo que significa para los ganaderos perder sus animales por enfermedad, hambre o conflicto, no solo para la economía, sino también para su estabilidad social.”
Por el contrario, los países libres de PPR disfrutan de beneficios económicos directos y oportunidades comerciales en mercados lucrativos. En áreas áridas, semiáridas y de difícil acceso, la erradicación de la PPR y la mejora de la sanidad de los pequeños rumiantes pueden abordar problemas de seguridad, reducir el movimiento ilegal de ganado y gestionar la migración, especialmente en medio de una creciente inestabilidad y los impactos del cambio climático.
Un ejemplo clave es el Proyecto Regional de Apoyo al Pastoralismo en el Sahel (PRAPS), cofinanciado por los gobiernos y el Banco Mundial, que se centra en el control de la PPR en la región del Sahel (Burkina Faso, Chad, Mali, Mauritania, Níger y Senegal). Entre 2016 y 2022, se distribuyeron 188 millones de dosis de vacuna contra la PPR en la región, incluyendo 32,2 millones de dosis solo en 2022. En Níger, los ingresos de los hogares pastorales y agro-pastorales apoyados por el PRAPS aumentaron en un 24 % entre 2022 y 2025, y en Malí, se registró un aumento del 52 %. El proyecto PRAPS no solo contribuye a la vacunación contra la PPR, sino que también fortalece los servicios de salud animal, las infraestructuras y el sector agrícola, el cual, según el Banco Mundial, es 2 a 3 veces más eficaz para reducir la pobreza que otros sectores.
Compromiso continuo
La naturaleza transfronteriza de la enfermedad significa que su erradicación requiere una coordinación sólida y alianzas eficaces entre organizaciones internacionales como la FAO y la OMSA, organizaciones regionales como la Oficina Interafricana de Recursos Animales de la Unión Africana (UA-BIRA)*, y todos los socios involucrados en el Marco Global para el Control Progresivo de las Enfermedades Transfronterizas de los Animales (GF-TADs), tanto a nivel mundial como regional. En los diez años desde el lanzamiento de la estrategia, la OMSA ha mantenido su compromiso con la erradicación de la PPR. Y, mientras ésta continúa afectando a las comunidades, especialmente en África, el Medio Oriente y Asia, donde se encuentra más del 80 % de la población mundial de pequeños rumiantes, hacemos un llamado a nuestros Miembros para que armonicen sus esfuerzos de control y erradicación y movilicen los recursos financieros necesarios para garantizar servicios veterinarios bien equipados.
La PPR tiene el potencial de convertirse en la segunda enfermedad animal erradicada en la historia, después de la peste bovina. Su erradicación reduciría la pobreza mundial y mejoraría la seguridad alimentaria global, demostrando que la PPR no se trata únicamente de la morbilidad y mortalidad de ovejas y cabras, sino que es una enfermedad que afecta el bienestar de más de 300 millones de familias rurales en todo el mundo que dependen de la cría de pequeños rumiantes. Erradicar la PPR no es un gasto, sino una inversión en un futuro mejor para todos.
* Otras organizaciones regionales involucradas incluyen : SAARC – South Asia, GCC & AOAD – Oriente Medio, ECO – Central Asia/West Eurasia, RECs en África – IGAD, EAC, ECCAS/CEBERVIRHA, ECOWAS, SADC, UMA/Maghreb region
Un poco más de veinte años atrás, un ataque biológico desencadenó una alarma mundial cuando esporas mortales de ántrax fueron enviadas por correo a medios de comunicación y organismos gubernamentales en Estados Unidos de América (EE. UU.), infectando a 22 personas, de las cuales cinco fallecieron. El caso conocido como “Amerithrax”, que dio lugar a una investigación interinstitucional, es recordado por la Oficina Federal de Investigación (FBI) como el más complejo en la historia de las fuerzas del orden hasta la fecha. Aunque el mundo no era ajeno a los atentados bioterroristas, este episodio estaba destinado a tener un eco profundo y a influir en la manera en que comunidades e instituciones de todo el planeta se preparan frente a amenazas inesperadas.
El ántrax es una enfermedad zoonótica que causa alta mortalidad en los animales y que puede infectar a los seres humanos. Bacillus anthracis – el patógeno responsable de la enfermedad – puede entrar en el organismo de los animales cuando estos ingieren o inhalan esporas bacterianas presentes en el suelo donde se alimentan. Como las esporas pueden contaminar fácilmente el agua y el alimento, el ántrax representa una grave amenaza para la sanidad animal.
La enfermedad puede dañar la producción ganadera y provocar graves reducciones en las fuentes de alimentos de origen animal, afectando así los medios de vida de los agricultores y, más ampliamente, de comunidades enteras. El impacto potencial en la salud pública es igualmente devastador. Los seres humanos pueden estar expuestos al patógeno por contacto directo o indirecto y, aunque con menor frecuencia, al consumir carne de animales infectados.
Una lección aprendida en la respuesta a emergencias
Los ataques bioterroristas en Estados Unidos dejaron un legado profundo. Fue uno de los primeros episodios en la historia reciente en el que un patógeno capaz de causar enfermedad infecciosa tanto en animales como en personas se empleó como agente biológico susceptible de ser utilizado como arma de manera creativa, como el envío de esporas de ántrax para su inhalación a través de correspondencia. Los acontecimientos también intensificaron el temor público al bioterrorismo. Tras los ataques, cualquier polvo blanco no identificado fue tratado como una posible amenaza biológica, lo que dio lugar a miles de intervenciones de emergencia. La mayoría resultaron ser falsas alarmas o engaños, pero aun así provocaron importantes perturbaciones y elevados costos.
Andy Weber, investigador principal del Council on Strategic Risks y exsubsecretario de Defensa para Programas de Defensa Nuclear, Química y Biológica, considera que los hechos en Estados Unidos resonaron en todo el mundo. “Cinco personas fueron asesinadas, pero la calidad y cantidad [a las que tuvo acceso el autor] podrían haber provocado consecuencias mucho más graves.”, afirma.
Debemos ser conscientes de los patógenos animales en el mundo y de que el ganado puede ser un objetivo fácil para la introducción de patógenos animales, aún más en granjas densamente pobladas, advierte. El impacto económico en la agricultura podría ser abrumador. Y como resulta difícil atraparlos, los grupos terroristas podrían lanzar ataques múltiples en distintos lugares del mundo con potenciales efectos en cadena catastróficos.
Andy Weber, investigador principal del Council on Strategic Risks y exsubsecretario de Defensa para Programas de Defensa Nuclear, Química y Biológica.
Los acontecimientos dejan una importante lección para el futuro. El sector de la seguridad y el orden público desempeñó un papel innegablemente central en 2001. Sin embargo, para fortalecer la preparación frente a las biamenazas – ya estén dirigidas a los seres humanos o al ganado – es preciso explorar más vínculos: los representantes de los sectores de la salud humana, la salud veterinaria y la salud pública son perfiles profesionales cuyas aportaciones son esenciales para responder a una biamenaza de origen zoonótico. Los profesionales de la sanidad animal están en una posición única para evaluar si la causa de un brote es natural o de origen humano. En caso de duda o sospecha, pueden alertar a las autoridades policiales, que determinarán si procede abrir una investigación criminal. A su vez, las fuerzas del orden pueden recopilar pruebas sobre actividades delictivas y proporcionar una alerta temprana a los Servicios Veterinarios, que deberán intervenir para contener el brote.
Las emergencias zoosanitarias representan un desafío multifacético que exige un enfoque multisectorial. De hecho, ningún organismo o sector posee por sí solo los conocimientos suficientes para gestionar una emergencia o mitigar sus impactos. En algunos contextos, resulta imperiosamente necesaria la pericia de otros actores, como los del ámbito de la seguridad, cuyas prioridades no siempre están orientadas a la salud. Solo mediante la combinación de los conocimientos de las agencias de seguridad y las fuerzas del orden con los de los Servicios Veterinarios es posible responder de manera eficaz y oportuna a las biamenazas de origen animal, ya sean naturales o deliberadamente liberadas.
Tomar el control de las próximas amenazas a la seguridad sanitaria
La complejidad del mundo actual aumenta la probabilidad de errores o de respuestas inadecuadas frente a una emergencia sanitaria mundial. Con los cambios en los patrones meteorológicos y el aumento de las temperaturas, el ántrax es más propenso a aparecer de forma natural. Las sequías, por ejemplo, pueden concentrar a personas y animales alrededor de fuentes de agua. Al mismo tiempo, el bajo costo del patógeno, su amplia disponibilidad y su naturaleza versátil lo convierten en un arma de elección para individuos que buscan utilizar la ciencia con fines maliciosos, ya sea por lucro o con el objetivo de provocar desestabilización.
No obstante, el ántrax no es el único agente infeccioso que puede constituir una amenaza a gran escala. Otros patógenos animales y toxinas pueden emplearse como armas de guerra biológica y/o de bioterrorismo, apuntando al ganado para provocar hambrunas y dañar los medios de subsistencia.
Andy Weber recuerda que, en aquella época, se desarrolló un amplio programa para utilizar enfermedades animales contagiosas como la peste porcina africana y la peste bovina como armas dirigidas contra bovinos, porcinos, ovinos y otros animales, además de contra plantas y cultivos. Asimismo, dado que la mayoría de las armas biológicas desarrolladas contra el ser humano son zoonóticas, los laboratorios de sanidad animal deben extremar la precaución para evitar que sus materiales puedan caer en manos de potenciales terroristas.
Hacia un mundo más resiliente
En los últimos veinte años, los avances tecnológicos – como la biología sintética – junto con la amplia disponibilidad de estas tecnologías, la inestabilidad global, los fallos en la cooperación internacional y la erosión de los tratados de no proliferación han contribuido al aumento del riesgo de biamenazas.
La experiencia del ántrax reavivó la conversación sobre el bioterrorismo y agudizó la atención mundial en torno a la necesidad de preparación. La incertidumbre domina un mundo en el que la salud animal, humana y ambiental se han vuelto profundamente interconectadas. Para mitigar o prevenir las amenazas a la sanidad animal, la Organización Mundial de Sanidad Animal (WOAH) organiza este otoño una Conferencia Mundial sobre la Reducción de las Amenazas Biológicas. El evento surge de la necesidad de mejorar la seguridad sanitaria mundial, impulsando la acción a través de colaboraciones multisectoriales para reforzar las capacidades de prevención, preparación y respuesta en todo el mundo.
Un poco más de veinte años después de que el mundo quedara sacudido hasta sus cimientos por un acto de bioterrorismo, es importante recordar que solo mediante el trabajo conjunto los sectores de la sanidad animal y la seguridad podrán hacer frente a amenazas potenciales de este tipo. La falta de preparación puede volver vulnerables a ambos sistemas. Sin embargo, con preparación, colaboración y entendimiento mutuo entre los actores clave, podemos garantizar que ninguna emergencia zoosanitaria quede mal gestionada o sin respuesta. Una estrategia de preparación prospectiva e inclusiva es el antídoto frente a los acontecimientos imprevisibles que probablemente enfrentaremos en los próximos años: si estamos preparados hoy, salvaremos vidas humanas y animales mañana.
Próximo evento
En 2025, Tanzania se convirtió en el primer país de África Oriental en obtener la aprobación oficial de su Plan Nacional de Control de la Rabia por parte de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA). Este hito subraya el esfuerzo coordinado del país para eliminar las muertes humanas causadas por la rabia transmitida por perros.
Aunque el Plan Nacional de Control de la Rabia de Tanzania fue aprobado oficialmente durante la 92ª Sesión General de la OMSA, los Servicios Veterinarios del país, dirigidos por el Dr. Benezeth Lutege Malinda, llevaban años colaborando con autoridades locales, profesionales de la salud, veterinarios, líderes comunitarios y organizaciones no gubernamentales (ONG) en esta estrategia. El objetivo: detener la transmisión de la rabia transmitida por perros en un plazo de cinco años.
“Puedo decir que, para Tanzania, esta aprobación es un hito para nuestra nación”, afirma el Dr. Malinda. “Demuestra que estamos decididos, como país, a aprovechar y mantener esta aprobación, para que en 2030 estemos entre los países libres de rabia.”
Cada año, se reportan alrededor de 1.500 casos de rabia humana en Tanzania — la gran mayoría provenientes de mordeduras de perros. Detener el ciclo de transmisión en su origen animal es un paso fundamental para eliminar la enfermedad. Esto, apoyado por la gestión de la población canina, que incluye la tenencia responsable , el acceso a atención veterinaria, la esterilización y campañas educativas, podría reducir esta cifra a casi cero.
“Una vez que has experimentado los beneficios de una aprobación, quieres seguir adelante.”
La aprobación oficial en 2025 del Plan Nacional de Control de la Rabia de Tanzania por parte de la OMSA no fue la primera del país. Anteriormente, Tanzania recibió su primera aprobación oficial de la OMSA (entonces conocida como OIE) para su plan nacional de control de la peste bovina. “Esa aprobación ayudó a guiar al país en todos los pasos establecidos por la estrategia de control”, recuerda el Dr. Malinda. “Y finalmente, logramos erradicar la peste bovina.”
Impulsada por este éxito, Tanzania confía en que eliminará la rabia y, en el futuro, erradicará también la peste de los pequeños rumiantes (PPR).
Planificación para la eliminación
Se necesitaron tres años de planificación estratégica para elaborar el Plan Nacional de Control de la Rabia de Tanzania, el cual —como uno de sus principales objetivos— reunió a varias ONG independientes para trabajar juntas hacia una meta común. A lo largo de los años de coordinación, el país logró mapear la enfermedad, identificando zonas de alto y bajo riesgo con el fin de eliminar la rabia de manera progresiva y metódica.
Hemos creado una especie de plan de ‘retroceso’, algunas zonas ya están libres de rabia — podemos considerarlas limpias— así que nos enfocamos en mantenerlas así, mientras abordamos gradualmente las zonas de mayor riesgo. Y ahora, [los Servicios Veterinarios de Tanzania y las ONG] trabajamos en equipo, siguiendo el análisis que presentamos en nuestro expediente.
Dr Benezeth Lutege Malinda, Dirigidos, los Servicios Veterinarios, Tanzania
Además de las acciones focalizadas con asistencia de ONG, las asociaciones público-privadas también son un motor fundamental de la estrategia de control de la rabia en Tanzania. “[La rabia] realmente afecta a las comunidades de bajos ingresos,” continúa el Dr. Malinda. “Y a veces, el gobierno —especialmente si actúa solo— no puede llegar a las bases, donde la gente común sufre de rabia. Pero el sector privado está presente en todo el país.” Para fortalecer esta colaboración, Tanzania creó una iniciativa llamada Organización de Salud Animal de Tanzania (TAHO), dedicada a promover la sanidad y el bienestar animal en apoyo del sector ganadero nacional. “Esto ha contribuido enormemente a nuestros esfuerzos para implementar nuestras estrategias. El sector privado se organiza por regiones, mientras que el gobierno elimina los obstáculos para que podamos alcanzar nuestras metas.”
Estas alianzas también desempeñan un papel clave en aliviar la carga financiera de las iniciativas de bienestar animal, como la implementación del plan de control de la rabia, financiando ciertas actividades para avanzar. “Ahora mismo, por ejemplo,” explica el Dr. Malinda, “hay personas ya en el campo llevando a cabo campañas de sensibilización sobre la rabia, programas de esterilización y vacunación —todo coordinado a través de nuestro portal nacional, con el sector privado ejecutando estas acciones en terreno.”
Para garantizar un despliegue eficaz del plan nacional, el país ha invertido en instalaciones de almacenamiento donde se conservan vacunas —donadas por el sector privado o adquiridas por el gobierno— para ser utilizadas en situaciones de emergencia. Esto, junto con la vigilancia epidemiológica, dará a la autoridad veterinaria una ventaja si algún distrito muestra un riesgo inesperadamente alto de infección.
Construyendo el futuro
El éxito del Plan Nacional de Control de la Peste Bovina ha impulsado a Tanzania a redoblar esfuerzos para eliminar la rabia en los próximos cinco años.
“Con ese mismo espíritu, vemos la rabia como otra enfermedad mortal — pero prevenible,” afirma el Dr. Malinda. “Tenemos una visión muy positiva. Y no solo con la rabia; también nos estamos alineando con los esfuerzos globales en torno a la PPR.”
Mientras se prepara para iniciar el proceso que lleve a una tercera aprobación oficial para el país, el Dr. Malinda alienta a otros Miembros a hacer lo mismo. Según él, los beneficios de una aprobación oficial hacen que valga totalmente la pena el esfuerzo. La confianza generada por una certificación oficial de la OMSA se traduce en nuevas asociaciones, cambios de políticas e inversiones tanto en el programa como en los Servicios Veterinarios del país.
“Aconsejo a mis colegas de otros países: siéntense, preparen su expediente. No es una tarea fácil —requiere verdadera dedicación. Hay que sentarse, enfocarse y elaborar un documento sólido, científicamente riguroso. El comité científico es muy exigente. Evalúan todo, palabra por palabra. Pero una vez que se obtiene la aprobación, se siente un gran orgullo y reconocimiento. Ver a tu país ahí arriba motiva no solo a nosotros como profesionales veterinarios, sino a toda la nación y a nuestros socios en todo el mundo. Depende de nosotros —como expertos, directores de los Servicios Veterinarios y profesionales del ámbito— tomar la iniciativa.” – Dr. Benezeth Lutege Malinda.
La fiebre aftosa es una enfermedad animal altamente contagiosa cuyos impactos han sido estudiados desde hace mucho tiempo por investigadores de diferentes disciplinas. Debido a sus repercusiones en los sistemas alimentarios y las economías, se ha establecido como una de las enfermedades del ganado más temidas en todo el mundo, especialmente en los países con una vocación comercial. Su presencia renovada en la Unión Europea (UE) ha suscitado preocupaciones entre las partes interesadas en aquellos países que han estado libres de la enfermedad durante décadas.
El comercio, la seguridad alimentaria y la economía bajo amenaza
La fiebre aftosa genera sobresaltos en todo el mundo por su impacto devastador en los intercambios comerciales, la seguridad alimentaria y la economía. Con signos clínicos que varían según la cepa del virus, la edad y raza del animal, la enfermedad suele causar ampollas dolorosas que resultan en graves pérdidas de producción. Lo que significa que lejos de circunscribirse a una crisis veterinaria, la fiebre aftosa ocasiona consecuencias profundas y a largo plazo. Al reducir la producción de leche y carne, la enfermedad supone una amenaza única para el sector ganadero e intensifica la pobreza y la inseguridad alimentaria en las comunidades afectadas.
En el Reino Unido, durante un brote de fiebre aftosa a principios de la década del 2000, se sacrificaron más de seis millones de animales (cerdos, ovejas y bovinos) y el gasto público ascendió a 3 000 millones de libras esterlinas. Las cifras de este tipo son una clara indicación del potencial que tiene la enfermedad para trastocar ampliamente la sociedad, cerrar fronteras, detener los movimientos y hacer tambalear la economía.
Los recientes focos de fiebre aftosa en Hungría y Eslovaquia, once en total, han desencadenado rápidas respuestas de las autoridades de inspección fronterizas. En abril, varios países anunciaron una prohibición temporal para restringir el uso y transporte de productos lácteos y cárnicos a partir de la UE, en razón de las preocupaciones de que los viajes fronterizos puedan facilitar la transmisión a través de alimentos contaminados, transporte de vehículos y embalajes.
La resiliencia de la UE puesta a prueba
La fiebre aftosa se notifica comúnmente en África, Asia y Oriente Medio, pero ha sido eliminada en países con altos ingresos. La UE estuvo libre desde 2011, cuando el último brote se produjo en Bulgaria. No obstante, en Europa, el año 2025 empezó con un cambio de situación. Tras décadas sin ningún caso, Alemania notificó un foco en una granja de búfalos en enero.
El brote se contuvo con éxito y el 14 de abril el país recuperó sin demora el estatus de la OMSA de “país libre de fiebre aftosa sin vacunación”. Entretanto, después de medio siglo, en Hungría se notificó el primer caso en un predio de bovinos cerca de los límites con Austria y Eslovaquia, en un área con una densidad moderada de bovinos. “Estábamos en estado de choque cuando nos dimos cuenta de lo que estaba pasando”, afirma el Dr. Bognár Lajos Levente, Delegado de Hungría ante la OMSA. “Para nosotros, fue una verdadera sorpresa ver que la enfermedad había llegado a la UE. No creo que ningún país esté realmente preparado para este tipo de brote, en especial considerando que la región estuvo tanto tiempo indemne de la enfermedad”. Tres brotes se notificaron poco después en la vecina Eslovaquia, donde se declaró el estado de emergencia y se impusieron restricciones fronterizas. Por su parte, el Dr. Martin Chudy, Delegado de Eslovaquia, recordó la noche en la que se detectaron los primeros signos de la enfermedad, con dos vacas que tenían una temperatura altamente sospechosa. “Cuando se trata de responder a un brote, siempre hay que estar un paso por delante del virus”, indicando que dada la complejidad de la fiebre este acercamiento resultaba aún más urgente.
Desde el 17 de abril, no se han notificado nuevos brotes en Hungría ni en Eslovaquia. Los últimos datos presentados por las autoridades veterinarias nacionales pueden encontrarse en el portal del Sistema mundial de información zoosanitaria (WAHIS) gestionado por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA).
La respuesta ante el resurgimiento
Al igual que para otras enfermedades, la vigilancia, la colecta de datos y la notificación oportuna son claves a la hora de contener y prevenir la propagación. La fiebre aftosa representa un reto excepcional al ser extremadamente infecciosa: una vez que se instala en una población, contenerla se vuelve exponencialmente más difícil, lo que hace que las medidas de respuesta rápida sean especialmente críticas. Igualmente, las actividades recreativas como el visitar un parque zoológico o la caza, revisten un riesgo.
Cuando aparece, la fiebre aftosa a menudo requiere el sacrificio masivo de los animales afectados y la implementación de rigurosas medidas para contenerla. Entre las medidas de bioseguridad contra su propagación figuran la limpieza y desinfección de las instalaciones afectadas (después de la despoblación), las restricciones en los desplazamientos de animales, personas, vehículos y equipos de la granja, una vigilancia intensiva de la zonas tampón en torno a los focos, todas ellas fueron implementadas en Hungría y Eslovaquia desde el inicio del brote. En algunas circunstancias, también se puede recurrir a la vacunación de emergencia. No obstante, los países pueden mostrarse reacios debido a las preocupaciones acerca del impacto de la vacunación en la recuperación del estatus libre de fiebre aftosa y en el comercio internacional.
El uso de los acercamientos del sistema de gestión de incidentes (SGI) ha redundado en agilidad y eficacia en la amplia respuesta de la UE ante la enfermedad. La OMSA desarrolló recientemente su propio SGI, gracias al generoso respaldo del Programa de Reducción de la Amenaza de las Armas de Global Affairs Canada en apoyo de los objetivos del G7-led Alianza mundial contra la proliferación de armas y materiales de destrucción masiva. El GSI se activó por primera vez con el fin de acompañar la respuesta de la OMSA a la emergencia experimentada por tres países de la UE, y con implicaciones potenciales adicionales.
EL GSI ofrece una poderosa herramienta en términos de una evaluación del riesgo continua, asistencia en el intercambio de experiencias entre países y organizaciones socias, al igual que en el campo de la difusión de información al público.
Alexandre Fediaevsky, jefe del departamento de preparación y resiliencia de la Organización.
“Entre los beneficios de activar un GSI figuraron un proceso de toma de decisiones más rápido y una capacidad incrementada de coordinación externa e interna, y de intercambio de información.”, explica Alexandre Fediaevsky.
La lucha contra la desinformación durante las emergencias
La pandemia de COVID-19 constituyó un ejemplo único de cómo los sistemas de información pueden someterse a una fuerte presión en tiempos de incertidumbre. A una escala mucho menor, los recientes brotes de fiebre aftosa en la UE pusieron de relieve el peligro que la desinformación acarrea en la sociedad, influenciando las percepciones del público y ampliando los miedos.
Los informes y titulares de los medios de comunicación erróneos durante los brotes contribuyeron a la inquietud pública en torno a la infección humana, pese al consenso científico de que la fiebre aftosa supone un riesgo mínimo para las personas. Esta situación también ocurrió en países no directamente afectados por la enfermedad en donde se tomaron medidas de precaución. De acuerdo con el Ministerio de Medio Ambiente, Alimentación y Asuntos Rurales (DEFRA) del Reino Unido, algunos medios informaron de manera inadecuada de que se necesitaron seis o siete días para llevar a cabo los controles de las importaciones comerciales y se permitió que la enfermedad entrara en el país.
Además, fue abundante la especulación relacionada con los orígenes del brote. Pese a la declaración de la OMSA de que se carecía de evidencia que sugiriera que los recientes brotes de fiebre aftosa pudiesen ser deliberados, algunas afirmaciones no verificadas suscitaron la alarma en cuanto a esta posibilidad, alimentando los temores de una introducción deliberada. Tan pronto como las noticias empezaron a circular, el virólogo Jiří Černý de la Universidad Checa de Ciencias de la Vida en Praga alertó públicamente del peligro de las conclusiones precipitadas. Entre tanto, algunos medios informativos reaccionaron a las noticias desacreditando relatos falsos y situando los eventos en su contexto.
Un informe reciente del Foro Económico Mundial destacó que la desinformación y la información errónea se perciben como los mayores riesgos a corto plazo que enfrenta el mundo, resaltando la urgencia de resolver el problema. El esfuerzo requerido para mantener el control sobre la desinformación y la información errónea también hace que se desvíen recursos de la respuesta concreta. Con miras a ayudar a los servicios veterinarios, a los servicios de sanidad de los animales acuáticos y a los organismos de aplicación de la ley a navegar en medio de un panorama cambiante de la información, la OMSA ha desarrollado una serie de directrices sobre el tema junto con la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) y el Programa de Reducción de la Amenaza de las Armas de Global Affairs Canada. Estas directrices tituladas “Contrarrestar la desinformación y la información errónea en emergencias de sanidad animal” presentan algunas estrategias esenciales encaminadas a gestionar la desinformación y la información errónea.
Gracias a un interés renovado y una comprensión en profundidad de la cuestión, la OMSA espera que las directrices ayuden directamente a las audiencias en línea a mitigar el riesgo de fragmentación, garantizando que el seguimiento y el control de la enfermedad sigan siendo oportunos y efectivos. “La eliminación de una enfermedad no quiere decir que nunca volverá”, afirma Emmanuelle Soubeyran, directora general de la OMSA, “por lo que resulta indispensable que se haga todo lo posible para asegurar que todos los países tengan a su disposición las herramientas necesarias, desde los sistemas de gestión de incidentes a la detección temprana y las medidas de control, para responder a la emergencia imprevisible tanto de amenazas viejas como nuevas”.
Advertencia
Pese a que la introducción deliberada de patógenos animales representa un riesgo real, en este caso, no hay evidencia concreta que sustente esta hipótesis. De hecho, el programa de la OMSA sobre la reducción de las amenazas biológicas busca mitigar el riego deliberado o accidental de liberación de patógenos animales. Esto incluye ofrecer apoyo a los Miembros en la investigación de eventos sospechosos y combatir la desinformación. La OMSA no está al tanto de ninguna prueba de que el evento de la fiebre aftosa haya sido causado por una introducción deliberada o de que el virus no tenga un origen natural. Las investigaciones epidemiológicas sobre el modelo de transmisión continúan. Se han considerado y analizado todas las hipótesis plausibles para determinar el origen de los brotes, a partir de los datos disponibles y la evidencia en evolución.
Más información
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Informe de situación 1 – Fiebre aftosa en Europa – OMSA (en inglés)
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Preguntas y respuestas sobre la fiebre aftosa (en inglés)
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Fiebre aftosa – OMSA
Del 17 al 20 de junio de 2025, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) organizó en Grand-Bassam, Costa de Marfil, la tercera sesión para facilitadores del juego formativo ALERT, como parte del proyecto ZOOSURSY financiado por la Unión Europea.
Tras sesiones en Dakar (Senegal) y Yaundé (Camerún), esta nueva edición representa un avance adicional hacia una vigilancia epidemiológica más inclusiva y participativa, arraigada en las comunidades locales.
En total, 14 facilitadores provenientes de instituciones clave recibieron la formación; entre ellas la Universidad Nangui Abrogoua, la Oficina Marfileña de Parques y Reservas, la Escuela Nacional de Aguas y Bosques (ENEF), los servicios veterinarios del ejército, el Instituto Helmholtz para Una Sola Salud (HIOH) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO). El programa se llevó a cabo en colaboración con la Dirección de Servicios Veterinarios, la asistencia técnica de CIRAD y la Escuela de Ciencias y Medicina Veterinarias de la Universidad de Ngaoundéré (Camerún).
Una herramienta lúdica para un desafío vital
Desarrollado en el marco del proyecto EBO-SURSY en colaboración con CIRAD y BIOVIVA, el juego ALERT es mucho más que un recurso educativo. Fue concebido para sensibilizar a las comunidades locales sobre la vigilancia de enfermedades animales con potencial de transmisión a los seres humanos, situando a estas comunidades en el centro de un sistema de alerta temprana.
Frente al aumento de crisis sanitarias, el juego también busca reforzar los vínculos entre los distintos actores del sistema de vigilancia, Servicios Veterinarios, autoridades locales, personal de salud humana, investigadores y gestores ambientales, para fomentar una respuesta coordinada y sostenible.
Formar facilitadores para multiplicar el impacto
Durante cuatro días, los participantes se familiarizaron con los objetivos, la mecánica y la lógica de facilitación del juego. Facilitar ALERT implica más que conocer las reglas: se trata de crear un espacio seguro para el diálogo, fomentar la reflexión colectiva y estimular dinámicas comunitarias en torno a buenas prácticas de vigilancia.
El juego es una herramienta educativa importante. Convertirme en formador me ha proporcionado herramientas concretas para simular escenarios de vigilancia epidemiológica y transmitir mejor este conocimiento a los estudiantes y actores comunitarios de la vigilancia.
Moctar Mouiche, docente-investigador de la Universidad de Ngaoundéré (Camerún)
Formado en 2024 en Yaundé, Moctar Mouiche ha facilitado sesiones en Camerún, Congo y la República Centroafricana, demostrando la adaptabilidad del juego a diversos contextos locales.
La formación concluyó con sesiones prácticas en el Instituto Nacional de Formación Profesional Agrícola (INFPA) en Bingerville, donde alrededor de cincuenta estudiantes del último año tuvieron la oportunidad de probar el juego en condiciones reales.
“En el juego ALERT se trabaja en equipo para alcanzar un objetivo común. Este juego me enseñó a tener en cuenta la opinión de los demás.”
— Estudiante del INFPA
Una herramienta para compartir
Cada institución participante recibió un kit del juego, con la misión de integrarlo en sus actividades de formación, sensibilización o fortalecimiento de capacidades. A través de esta red de facilitadores formados, la OMSA busca ampliar la implementación del juego, asegurando al mismo tiempo un seguimiento activo de su aplicación.
Esta iniciativa forma parte de una estrategia más amplia para construir sistemas de vigilancia resilientes, ágiles y arraigados en lo local. En un mundo donde las enfermedades zoonóticas representan una amenaza creciente, fortalecer la vigilancia comunitaria mediante enfoques participativos, innovadores y accesibles es un imperativo en términos de salud pública, cohesión social y protección ambiental.

