Mientras los gobiernos y los sectores de la sanidad animal se enfrentan a un aumento de la resistencia a los antimicrobianos (RAM), cada vez más expertos reclaman una mayor inversión en prevención, vigilancia, Servicios Veterinarios y sistemas de sanidad animal.
Entre ellos se encuentra la Dra. Laure Weber-Vintzel, especialista sénior en ganadería del Banco Mundial, que pone al servicio de la lucha contra la RAM décadas de experiencia en la práctica veterinaria. A propósito de la reciente publicación del informe El estado de la sanidad animal en el mundo, comparte su visión sobre los obstáculos, las medidas preventivas y las soluciones para reducir el uso de antimicrobianos en la producción ganadera sin comprometer la productividad, e incluso mejorarla.
¿Podría resumir brevemente su trayectoria en el ámbito de la resistencia a los antimicrobianos (RAM)?
Dra. Laure Weber-Vintzel: Empecé mi carrera como veterinaria clínica, donde el uso responsable de los antimicrobianos formaba parte de mi trabajo diario. Posteriormente me incorporé a la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA), una institución comprometida desde hace mucho tiempo con la lucha contra la resistencia a los antimicrobianos. En mi puesto actual en el Banco Mundial trabajo en la intersección entre los sistemas ganaderos sostenibles, la sanidad animal y la colaboración intersectorial, por lo que la RAM constituye una parte importante de mis responsabilidades.
Según su experiencia, ¿cuáles son los principales retos a los que se enfrentan ganaderos y veterinarios en relación con el uso de antimicrobianos?
L. W.: El primero es el acceso. El acceso a medicamentos veterinarios de calidad, incluidos los antimicrobianos, así como a servicios veterinarios básicos, sigue siendo un reto importante y favorece el uso inadecuado de productos adquiridos sin prescripción.
Además, como ocurre en muchos ámbitos de la sanidad animal, la insuficiente inversión en prevención es uno de los factores principales que favorecen la aparición de enfermedades y la consiguiente dependencia de los antimicrobianos.
Y, por supuesto, la falta de concienciación, la inseguridad alimentaria y la pobreza continúan siendo algunos de los principales impulsores de la RAM. Por ejemplo, en zonas con recursos limitados, incluso los ganaderos con formación no siempre pueden permitirse desechar la leche después de un tratamiento, lo que provoca que se consuma leche con residuos de antibióticos.
Existe la creencia de que reducir el uso de antibióticos perjudica la productividad. ¿Es cierto?
L. W.: La realidad no es tan sencilla. Lo que perjudica la productividad es una mala sanidad animal. Por tanto, cuando los antimicrobianos contribuyen a mantener a los animales sanos, también favorecen la productividad. Sin embargo, cuando se utilizan de forma irresponsable, no contribuyen a la sanidad animal y terminan perjudicando la productividad.
Una gestión deficiente de los rebaños y una mala sanidad ganadera favorecen la aparición de enfermedades y la dependencia de los antimicrobianos. Las inversiones en higiene, bioseguridad, vacunación, nutrición y alimentación animal permiten obtener animales más sanos, una mayor productividad y una menor necesidad de antimicrobianos. Se trata de pasar de una estrategia reactiva a una estrategia preventiva, con múltiples beneficios añadidos.
¿Cuáles son las principales carencias de los esfuerzos actuales para combatir la RAM?
L. W.: La lista es bastante larga. Incluye, entre otros aspectos, la gobernanza de la RAM, las inversiones en prevención, la sensibilización de las partes interesadas, los datos sobre el uso de antimicrobianos, el fortalecimiento de los Servicios Veterinarios y el refuerzo de las capacidades de vigilancia.
La vigilancia, por ejemplo, requiere capacidades a todos los niveles: desde redes de campo capaces de asesorar a los ganaderos, detectar precozmente los problemas y responder a ellos, hasta laboratorios con capacidad para adaptar los tratamientos a los patógenos identificados.
Más ampliamente, la RAM sigue percibiéndose como un problema médico o veterinario cuando, en realidad, constituye una amenaza para el desarrollo con consecuencias macroeconómicas reales. Este mensaje debe transmitirse al más alto nivel de los gobiernos. Prevenir y reducir la RAM protege la sanidad de los animales de producción, su productividad y, por tanto, los medios de vida de millones de personas.
¿Y en cuanto a las inversiones? ¿Dónde deberían concentrarse en el futuro?
L. W.: Cualquier medida que mejore la sanidad animal reducirá la necesidad y el uso de antimicrobianos y aumentará la productividad ganadera, ya sea mediante una mejor bioseguridad, una mayor higiene, la vacunación o una alimentación de calidad.
A menudo utilizo la analogía de una fuga de agua: se puede pintar una pared dañada, pero el agua seguirá filtrándose porque no se ha abordado la causa del problema. Lo que necesitamos es cambiar de enfoque; dejar de reparar las consecuencias para empezar a prevenir las causas, redirigiendo recursos, energía e inversiones hacia las etapas previas.
Por ello, debemos invertir en prevención sistémica, vigilancia, regulación de los medicamentos veterinarios y cambios de comportamiento.
La comunicación y la sensibilización de los ganaderos también son fundamentales. Prevenir una enfermedad resulta mucho menos costoso que responder a ella una vez que ha aparecido, y esto también se aplica a la resistencia a los antimicrobianos. Convencer a alguien de invertir en algo que quizá nunca llegue a ocurrir no siempre es fácil. Sin embargo, las pruebas son claras, los ganaderos que invierten en la gestión de sus rebaños, en la prevención y en la bioseguridad simplemente tienen animales más sanos y necesitan menos antimicrobianos.
¿Qué papel deberían desempeñar los gobiernos en la lucha contra la RAM?
L. W.: La RAM es un problema sistémico. Los gobiernos deben adoptar un enfoque integral que abarque desde la inversión en prevención hasta el fortalecimiento de la capacidad de los laboratorios, el acceso a medicamentos de calidad, la supervisión veterinaria y la cooperación intersectorial. Sin un enfoque de este tipo, seguiremos reparando los daños causados por la fuga en lugar de solucionar su origen.
Los gobiernos también tienen un papel importante a la hora de identificar socios para el desarrollo dispuestos a apoyar sus esfuerzos frente a la RAM. Entre ellos se encuentra el Grupo Banco Mundial, que considera la RAM no solo como una cuestión veterinaria o médica, sino como una amenaza para el desarrollo que requiere una acción inmediata.
Si tuviera que transmitir un único mensaje clave al público mundial sobre la RAM, ¿cuál sería?
L. W.: Inviertan en prevención. Los animales sanos, protegidos frente a la exposición a los patógenos, necesitan menos antimicrobianos, son más productivos y generan menores costes asociados a las enfermedades. Las inversiones tempranas reducen el uso de antimicrobianos y la aparición de resistencias al tiempo que aumentan la producción. Actuar de forma preventiva, reforzar la comunicación y desarrollar capacidades beneficia a todos: ganaderos, gobiernos y veterinarios.
La 93.ª Sesión General de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) marcó la revisión de la norma de la OMSA sobre el comercio y la creación de una nuevo capítulo sobre bioseguridad. Esta decisión fue impulsada por las solicitudes de los miembros de la OMSA para incluir información sobre bioseguridad en las normas. Como todas las demás normas elaboradas por la OMSA para que sus Miembros las apliquen, las que dominaron la agenda de este año están llamadas a tener un impacto positivo en la sanidad y el bienestar animal en todo el mundo. Entre los ámbitos en los que aportan beneficios de gran alcance, destaca el panorama de los mercados de aves vivas, donde enfermedades infecciosas como la influenza aviar pueden propagarse, como un espacio particularmente vulnerable, pero a la vez central.
Entender el problema desde la perspectiva de las materias primas
Los mercados de aves vivas han desempeñado tradicionalmente un papel clave en el sudeste asiático y en África occidental. En algunos países, constituyen la columna vertebral de ciudades que dependen del comercio centrado en los alimentos y del turismo. En varios de ellos, los mercados de aves vivas garantizan la seguridad alimentaria al proporcionar acceso a productos frescos asequibles y representan una fuente estable de ingresos para los numerosos vendedores que dan vida a este vibrante espacio comunitario.
Sin embargo, enfermedades animales infecciosas como la influenza aviar han sometido estos entornos a una presión considerable, ya que ofrecen un caldo de cultivo para la aparición y propagación de agentes patógenos dañinos. Cuando surgen enfermedades zoonóticas, los brotes afectan al comercio avícola y provocan una pérdida de confianza de los consumidores. Los mercados de animales vivos donde se venden y manipulan suelen estar vinculados a la transmisión de enfermedades zoonóticas, ya que pueden facilitar el movimiento de animales que podrían portar patógenos. La mezcla de especies en estos mercados complica aún más la situación, al plantear riesgos importantes para la salud y la ecología.
Con demasiada frecuencia, las intervenciones de sanidad pública veterinaria para frenar la propagación del virus se han centrado en combatir la enfermedad estrictamente dentro de los límites de los propios mercados. Entre las medidas adoptadas se han incluido la prohibición de guardar aves durante la noche en los mercados, la aplicación de “días de descanso” y la separación de las especies de aves dentro de los mercados. Tras la pandemia de COVID-19, por ejemplo, varios países cerraron temporalmente sus mercados de animales vivos, lo que paralizó los flujos comerciales y las cadenas de suministro alimentario esenciales. Pero esta solución demostró no ser sostenible ni viable a largo plazo. Provocó consecuencias no deseadas, como la aparición de mercados negros no regulados de productos de origen animal y la atribución de la pandemia a estas prácticas culturales. El estigma ahora asociado a los mercados de animales vivos se ha cargado de connotaciones muy negativas.
En cambio, la evidencia muestra que el control de la influenza aviar para la prevención de pandemias debe comenzar antes de que las aves de corral lleguen a los mercados de animales vivos. De hecho, las medidas centradas únicamente en los mercados de aves vivas probablemente no reduzcan de forma eficaz la exposición de comerciantes y compradores al riesgo de influenza aviar si no van acompañadas de intervenciones específicas a lo largo de toda la cadena de suministro. Por tanto, las estrategias de prevención de pandemias deben dirigirse a los criadores y transportistas de pollos en los países donde el virus es endémico, con el fin de reducir el número de aves infectadas que llegan a los mercados.
Dar forma al futuro de los mercados avícolas
Diversos estudios han identificado los principales riesgos asociados a estos entornos. Los mercados que venden animales vivos presentan los mayores riesgos para la salud humana y la biodiversidad debido a su carga patógena, especialmente aquellos que implican animales silvestres, estrechamente vinculados a enfermedades infecciosas emergentes. Factores combinados, como la presencia de animales vivos, incluidos aquellos con alto riesgo de enfermedad, el tamaño del mercado y las prácticas de limpieza e higiene, pueden contribuir a la aparición de enfermedades.
Dada la naturaleza compleja de los riesgos de enfermedades infecciosas, los responsables políticos no deberían centrarse únicamente en los mercados al mitigar futuros brotes. Las intervenciones específicas, basadas en la ciencia y en el riesgo, aplicadas de manera ascendente en la cadena de suministro, así como en los movimientos transfronterizos de aves, pueden hacer que los mercados avícolas sean más seguros sin llevar a las economías locales al borde del colapso.
La bioseguridad deficiente y el comercio no regulado forman parte del problema, ya que pueden agravar los riesgos de enfermedad. Por eso, la revisión del Manual de la OMSA y la incorporación de un nuevo capítulo sobre bioseguridad durante la Sesión General de este año representan un paso hacia poblaciones animales más sanas y libres de enfermedades. En el caso de los mercados de aves vivas, los animales se obtienen a nivel nacional. Sin embargo, independientemente de su origen, es importante aplicar siempre una bioseguridad eficaz desde la granja de origen hasta el mercado.
Como piedra angular de los programas de sanidad animal, la bioseguridad debe aplicarse para prevenir y controlar enfermedades en las poblaciones. Junto con las recientes recomendaciones sobre puestos de inspección fronterizos y centros de cuarentena para apoyar la aplicación eficaz de medidas y procedimientos aplicables al tránsito, la importación y la exportación de mercancías, estos enfoques reducen la introducción de infecciones en las poblaciones y favorecen la continuidad del comercio.
Estas resoluciones están destinadas a dejar un legado duradero en un mundo globalizado, donde el comercio seguro sustenta la inocuidad alimentaria y la resiliencia económica como pocas otras cosas. Al ofrecer recomendaciones para mejorar la aplicación de la bioseguridad cuando se trasladan animales a nivel nacional o internacional, la propagación de agentes patógenos a través del comercio internacional de mercancías debería minimizarse, sin dar lugar a restricciones comerciales innecesarias. Además de reducir el riesgo de enfermedad, los beneficios previstos de estas normas incluyen una menor necesidad de utilizar productos veterinarios, menores tasas de sacrificio de animales con fines de control sanitario, pérdidas económicas limitadas, medios de vida protegidos y una mejoría del bienestar animal. En conjunto, pueden garantizar la seguridad alimentaria y la inocuidad de los alimentos, promover la salud animal, humana y ambiental, y abrir el camino hacia un comercio seguro y la continuidad de las actividades.
Intervenciones específicas de «Una sola salud»
Más allá de las normas, la colaboración entre las partes interesadas también debe ponerse en práctica en este contexto complejo. El enfoque «Una sola salud» busca prevenir las enfermedades zoonóticas abordando los riesgos en su origen, por ejemplo, en los mercados de animales vivos, mediante la colaboración multidisciplinaria entre expertos en salud pública, veterinarios y especialistas en medio ambiente, para garantizar prácticas alimentarias seguras y una regulación eficaz de los puntos de venta de animales y alimentos. Las soluciones «Una sola salud» podrían incluir mejoras en la infraestructura, limpieza regular y “días de descanso” para interrumpir la circulación viral, programas de formación para vendedores centrados en la higiene y la prevención de infecciones, y sistemas de monitoreo y certificación que premien el cumplimiento en lugar de penalizar el comercio.
Esta combinación de enfoques puede ayudar a alcanzar un objetivo más amplio e importante: mercados avícolas resilientes y seguros que sostengan los medios de vida al tiempo que protegen frente a la amenaza inminente de la influenza aviar. Las intervenciones específicas y la aplicación de normas, y no las prohibiciones generales, ofrecen una vía pragmática hacia prácticas comerciales de animales más seguras. Se invita a los Miembros a aplicar diligentemente las normas de la OMSA y adaptarlas a su legislación para garantizar que el riesgo de enfermedad se mitigue hoy y que la salud de todos esté protegida mañana.
Los veterinarios en Colombia recorren largas distancias en barco a lo largo del río Amazonas para llegar a comunidades indígenas. Allí, capacitan a las personas en prácticas de manejo animal, medidas básicas de bioseguridad y el reconocimiento y la notificación de síntomas de enfermedades a las autoridades. La experiencia de Colombia demuestra que capacitar a los miembros de la comunidad como parte de un sistema de alerta temprana puede ampliar el alcance de los servicios de sanidad animal incluso en las zonas más remotas mediante modelos de fuerza laboral comunitarios y de bajo costo.
Preservar las tradiciones y la sanidad animal en Colombia Los veterinarios en Colombia recorren largas distancias en barco a lo largo del río Amazonas para llegar a comunidades indígenas. Allí, capacitan a las personas en prácticas de manejo animal, medidas básicas de bioseguridad y el reconocimiento y la notificación de síntomas de enfermedades a las autoridades. La experiencia de Colombia demuestra que capacitar a los miembros de la comunidad como parte de un sistema de alerta temprana puede ampliar el alcance de los servicios de sanidad animal incluso en las zonas más remotas mediante modelos de fuerza laboral comunitarios y de bajo costo. Las comunidades indígenas en Colombia, en el departamento de Amazonas, han organizado sus sistemas productivos en torno al concepto de la chagra desde hace siglos.
Técnicamente, una chagra es un área de policultivos en la que se producen de manera integrada alimentos básicos como el plátano, la yuca, las frutas, las plantas medicinales y las hierbas aromáticas. En este mismo espacio también se desarrolla la producción animal, que incluye aves de traspatio, cría de cerdos a pequeña escala y estanques para la producción de peces. Más allá de su función productiva, la chagra tiene un importante valor cultural, estrechamente vinculado a la preservación del patrimonio comunitario y de los conocimientos tradicionales. Mientras que los hombres suelen dedicarse a la caza y a otras actividades productivas externas, las mujeres son generalmente responsables del trabajo de la chagra. Ellas recolectan, cultivan, cosechan y preparan los alimentos, transmitiendo así técnicas, conocimientos ecológicos y prácticas culturales de generación en generación.
La vigilancia del estado sanitario de los animales y cultivos dentro de la chagra es una prioridad para el Instituto Colombiano Agropecuario (ICA), la autoridad nacional responsable de la sanidad vegetal y animal en Colombia. Actualmente, dos veterinarios y tres técnicos apoyan el programa de extensión en sanidad animal y vegetal en el departamento del Amazonas, un territorio de 110.000 kilómetros cuadrados, aproximadamente del tamaño de Bulgaria o Guatemala. Para hacer frente a los importantes desafíos logísticos que plantea este territorio extenso y remoto, los veterinarios del ICA han capacitado a 26 personas del departamento, de distintas chagras, para reconocer los signos clínicos de las enfermedades animales más comunes. Estos miembros capacitados de la comunidad, conocidos como sensores, realizan tareas similares a las de los agentes comunitarios de sanidad animal en otras partes del mundo, especialmente en lo que respecta a los sistemas de alerta temprana y detección de enfermedades.
Su labor fortalece la capacidad local de vigilancia, lo que permite una notificación y respuesta más rápidas ante posibles amenazas sanitarias en territorios indígenas.
Capacitamos a los sensores para que pudieran identificar signos de enfermedad y notificarnos. Antes de nuestra intervención, las personas no estaban acostumbradas a implementar prácticas preventivas de manejo animal: no había desparasitación ni instalaciones adecuadas, y esto se traducía en altas tasas de mortalidad. Mediante la capacitación en bioseguridad, resistencia a los antimicrobianos y prevención de enfermedades, la comunidad ahora reconoce riesgos como la rabia y la salmonelosis.
Yenny Soledad Infante Rivera, gerente seccional del ICA Amazonas.
«Además, dado que el río Amazonas está afectado por la contaminación con mercurio, varias especies de peces ya no son aptas para el consumo. Por ello, también apoyamos el desarrollo de sistemas de producción de peces más seguros, permitiendo a las comunidades criar sus propios peces en estanques bajo mejores condiciones sanitarias».
Como ilustra el ejemplo de la producción de peces, producir alimentos en la selva amazónica dista mucho de ser sencillo. Aunque muchas comunidades podrían beneficiarse de la introducción de nuevas técnicas y razas mejoradas de aves de corral en sus chagras, esto también implica importantes desafíos. Jairo Eusebio Cachique Hernández, uno de los dos veterinarios del ICA que visita regularmente las comunidades indígenas para labores de capacitación y vigilancia, suele referirse al caso de las gallinas ponedoras. Estas aves suelen ser transportadas en barco hasta lo profundo de la selva y, una vez allí, deben adaptarse rápidamente a condiciones ambientales y sanitarias completamente nuevas.
«Observamos que estas razas especializadas presentaban numerosos problemas respiratorios», explica el señor Cachique Hernández. «Aunque realizamos de forma rutinaria pruebas de influenza aviar y enfermedad de Newcastle en las chagras, nunca hemos detectado ninguna de ellas. Sin embargo, las gallinas no estaban protegidas por la noche y quedaban directamente expuestas a los cambios atmosféricos de la selva, donde las temperaturas pueden descender bruscamente de 40 °C a 19 °C en pocas horas, en ciertas épocas del año. Estas fluctuaciones generan un estrés considerable en los animales, sin mencionar su exposición a aves silvestres y a los virus que estas portan de manera natural. Una vez que trabajamos con la comunidad para construir refugios sencillos, la situación mejoró. La aplicación de medidas básicas de bioseguridad, como la limpieza y desinfección rutinarias, también marcó una diferencia significativa ».
Lo que hacen los veterinarios del ICA en Amazonas va más allá de la introducción de nuevas prácticas o de la sensibilización sobre la sanidad animal en las chagras. Los 26 sensores capacitados en el departamento forman parte de una red nacional de más de 5.000 personas en toda Colombia que fortalecen el sistema de alerta temprana basado en la participación comunitaria. Su función es notificar al ICA sobre signos clínicos compatibles con enfermedades de control oficial u objeto de vigilancia, reforzando así la capacidad de vigilancia en zonas remotas del país. Esta colaboración, que aún requiere inversiones y recursos sostenidos, tiene el potencial de proteger la sanidad de los animales de los que dependen las comunidades indígenas, así como de todo el sector pecuario colombiano.
«Trabajar con las comunidades indígenas requiere respeto mutuo e intercambio de conocimientos. Desde el ICA aportamos información y acompañamiento, pero también aprendemos de ellos. No siempre es fácil, pero han sobrevivido durante siglos en entornos extremadamente complejos. Es un intercambio de saberes, cultura y técnicas », puntualiza Yenny Soledad Infante Rivera, gerente seccional del ICA Amazonas.
Los jóvenes que hoy se incorporan a la ciencia estarán en la primera línea de las crisis sanitarias del mañana. A medida que las enfermedades emergentes surgen cada vez más de la interacción entre humanos, animales y el medio ambiente, la próxima generación de científicos debe contar con habilidades interdisciplinarias para anticipar y prevenir futuros brotes.
Formar a estos jóvenes profesionales para pensar más allá de los sectores salud, ecología y virología, se ha convertido en una prioridad estratégica en la preparación sanitaria global. Bajo este contexto nace el Club de Estudiantes ZOOSURSY, situando a los jóvenes científicos en el centro de los esfuerzos por comprender y prevenir las zoonosis virales emergentes.
En línea con esta visión, el proyecto ZOOSURSY, financiado por la Unión Europea a través de Global Gateway, trabaja para mejorar la preparación frente a zoonosis virales emergentes, como la gripe aviar, mediante un enfoque de “Una sola salud”. El proyecto reúne a socios académicos y de investigación, entre ellos IRD, Cirad, el Helmholtz Institute for One Health, el Instituto Pasteur y la Universidad de Helsinki.
Los jóvenes científicos son el núcleo de esta iniciativa. El 14 de enero de 2026, diecinueve estudiantes de maestría y doctorado involucrados en ZOOSURSY se reunieron por primera vez como parte del recién creado Club de Estudiantes. Procedentes de Gabón, Kenia, Camerún, Zimbabue, Guinea, Congo y la República Centroafricana, y vinculados a universidades de África, Europa y América del Norte, representan una nueva generación de profesionales que trabajan en la dinámica de las enfermedades zoonóticas.

Aunque sus temas de tesis son diversos, su enfoque científico converge en un desafío común: comprender cómo circulan los virus en la interfaz entre humanos, animales y el medio ambiente. Más allá de la virología y la epidemiología, su trabajo también incorpora disciplinas como la ecología y las ciencias sociales para comprender mejor los factores humanos, ambientales y de comportamiento que influyen en la aparición y transmisión. A través del Club de Estudiantes, los participantes aprenden unos de otros, amplían sus perspectivas y fomentan un pensamiento innovador e intersectorial.
El Club de Estudiantes se creó como un espacio de diálogo y aprendizaje entre pares. Su objetivo es promover intercambios regulares entre los estudiantes y el consorcio en su conjunto, fomentar la retroalimentación entre pares sobre proyectos científicos y organizar charlas impartidas por científicos experimentados cuyos trabajos se alinean con los intereses de los estudiantes.
En conjunto, estos esfuerzos buscan fortalecer la preparación frente a futuros brotes, un pilar fundamental del enfoque “Una sola salud” promovido por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) y sus socios.
Más allá de los resultados científicos, la iniciativa aborda otro desafío clave en la salud global: construir y mantener la capacidad de gestión de enfermedades zoonóticas en las regiones más afectadas por estas amenazas. A través de ZOOSURSY, los estudiantes se benefician de formación práctica, oportunidades de trabajo de campo, mentoría y acceso a redes internacionales y locales, incluidas colaboraciones con instituciones y el fortalecimiento de capacidades en instituciones nacionales. Estas experiencias permiten trasladar la teoría a la práctica, al tiempo que refuerzan la experiencia local y regional.
Las reuniones se celebrarán cada dos meses, complementadas con sesiones de mentoría semestrales centradas tanto en el desarrollo científico como profesional. Un punto destacado de esta red será el primer Simposio ZOOSURSY, previsto para octubre de 2026 en Nairobi, Kenia. Para entonces, se espera que los estudiantes presenten sus proyectos a los socios del consorcio, fortaleciendo las relaciones construidas en el club y contribuyendo directamente a la producción científica del proyecto.
En un ámbito donde la preparación depende tanto de la inversión sostenida en las personas como en los datos, iniciativas como el Club de Estudiantes ZOOSURSY desempeñan un papel estratégico. Ayudan a garantizar que la investigación sobre zoonosis emergentes no solo se produzca, sino que también se integre en una comunidad científica en crecimiento, preparada para responder a futuras amenazas sanitarias.
Al situar a los jóvenes científicos en el centro de su enfoque “Una sola salud”, el proyecto ZOOSURSY financiado por la Unión Europea destaca un principio sencillo: fortalecer la preparación global ante los brotes del mañana comienza por empoderar a quienes los estudiarán hoy.
En el Día Mundial de la Vida Silvestre de este año celebramos la funcionalidad y la belleza asombrosas del verde que nos rodea. Las plantas y la vegetación están lejos de ser un simple telón de fondo para el resto de la humanidad: sostienen la vida en la Tierra. Pero, al igual que los animales y los seres humanos, se ven afectadas por acontecimientos que transforman el mundo, incluida la crisis climática y otras actividades de origen humano. Esto hace urgente que los profesionales del enfoque “Una sola salud” imaginen y hagan posible un futuro en el que la interdependencia de los ecosistemas se vea reforzada por cambios de mentalidad, estrategias ecológicas y renovados esfuerzos para garantizar la salud de todos.
Desde alimentar a los animales terrestres hasta proporcionar una infraestructura esencial para los seres naturales submarinos, las plantas desempeñan un papel clave en el ecosistema mundial de la salud, tanto en tierra como en el mar. Limpian el aire y el agua, forman el suelo y sostienen a otros seres vivos. Sin embargo, no se trata de una relación unidireccional: justo al lado, todo un mundo de animales prósperos permite silenciosamente que las plantas florezcan.
Aunque en gran medida pasan desapercibidos, los animales (incluida la fauna silvestre) son fundamentales para el bienestar de las plantas. Desde la polinización hasta la dispersión de semillas y el ciclo de nutrientes, desempeñan un papel vital en el mantenimiento del ecosistema vegetal tal como lo conocemos, prestando servicios esenciales para su supervivencia. La relación mutuamente beneficiosa entre el mundo animal y el vegetal ha creado una red de sistemas vivos autorreforzados como ninguna otra. Cuando uno prospera, el otro también.
Algunas especies, como los grandes simios, incluso han descubierto cómo utilizar las plantas para su propia curación. Los seres humanos han observado durante mucho tiempo a los animales salvajes en este proceso y luego han adaptado estos comportamientos a la medicina humana. Esto pone de relieve cómo una cadena saludable entre animales, plantas y seres humanos puede hacer del mundo un lugar mejor y más sano. Sin embargo, a medida que los entornos de la Tierra se vuelven cada vez más interconectados, existen amenazas a los ecosistemas vegetales que ya no pueden ignorarse.
Proteger las plantas bajo el agua
Las plantas están en todas partes a nuestro alrededor, incluso en lugares que no vemos ni experimentamos todos los días. Basta pensar en el vibrante ecosistema de plantas que viven bajo el agua. Las plantas acuáticas desempeñan un papel crucial en el mantenimiento de la salud de los ecosistemas acuáticos, incluidos los animales acuáticos y la fauna silvestre. Entre sus funciones se encuentran proporcionar una fuente de alimento fiable, producir oxígeno, mejorar la calidad del agua y ofrecer hábitat a una amplia variedad de peces y vida silvestre. Incluso brindan zonas seguras a diversas especies, ofreciendo refugio a peces e invertebrados.
Esta estrecha relación pone de manifiesto que la salud de las comunidades de plantas acuáticas es esencial para sostener poblaciones resilientes de animales acuáticos. Es fundamental que estos valiosos recursos vegetales sobrevivan en la naturaleza. Pero esta experiencia simbiótica también implica que las especies acuáticas pueden verse fácilmente afectadas por el problema recurrente de la toxicidad que afecta a las plantas. Cuando se producen lluvias intensas, la composición biológica de las plantas puede cambiar. Algunas especies pueden verse entonces afectadas con facilidad por una neurotoxina producida por algas. Entre las especies más susceptibles se encuentran los peces y los invertebrados acuáticos, como los caracoles y el zooplancton. Curiosamente, algunas plantas submarinas también pueden verse afectadas por la escorrentía agrícola.
Muchas de estas valiosas plantas submarinas se enfrentan además a amenazas como la destrucción de hábitats, la sobreexplotación, el cambio climático y el comercio no regulado o ilegal. Sensibilizar, reforzar las normativas y garantizar la sostenibilidad de la recolección y el comercio se han convertido en puntos de acción importantes.
“La conservación de las plantas acuáticas es una prioridad mundial. También es un poderoso recordatorio de que debemos mantenernos fieles al enfoque de Una sola salud, ya que sabemos que la salud vegetal es uno de los pilares de la integridad de los ecosistemas”, afirma el Dr. Mwansa Songe, miembro del Grupo de Trabajo sobre Vida Silvestre de la OMSA. “Todo debe abordarse como un único sistema. Se ha vuelto crucial que los actores del ámbito político asuman el liderazgo con un enfoque holístico. Esta es la única manera de prevenir y mitigar las amenazas desde su origen.”
Un legado tóxico: cómo la intoxicación por plomo amenaza la salud mundial
Los cambios en el clima no son el único factor que pone en peligro la salud de las plantas. Otro fenómeno está sometiendo a las plantas a una grave amenaza, con severas repercusiones sanitarias y ecológicas: la intoxicación por plomo. Causada principalmente por la ingestión de plomo procedente de municiones y aparejos de pesca, la contaminación por plomo puede tener consecuencias catastróficas para la cadena plantas-fauna silvestre.
La alta densidad del plomo lo ha convertido en la munición preferida durante siglos, a pesar de su toxicidad. Los efectos de la ingestión de perdigones de plomo y la intoxicación en la fauna silvestre se han observado desde el siglo XIX. Cuando las plantas crecen en suelos contaminados, por ejemplo, cerca de campos de tiro o en lugares donde los cazadores disparan grandes volúmenes de munición, absorben altas concentraciones de plomo en sus tejidos. La exposición a este metal pesado provoca una reducción del crecimiento; estudios sobre especies forrajeras agrícolas importantes como Festuca arundinacea, Trifolium pratense y Medicago sativa muestran reducciones de hasta un 30 % en la altura de los brotes y raíces más cortas. Los pigmentos fotosintéticos también disminuyen, afectando la vitalidad, mientras que el plomo se transfiere a lo largo de la cadena alimentaria, de las plantas a los herbívoros y luego a los depredadores, con el riesgo de una toxicidad ecológica generalizada.
La munición de plomo depositada en tierras agrícolas crea dos vías de exposición para animales y seres humanos. En primer lugar, el metal pesado puede ser absorbido por plantas destinadas al consumo humano, así como por rumiantes en pastoreo que producen leche y carne; en segundo lugar, el ganado puede ingerir directamente perdigones o fragmentos de bala, contaminando así la leche, la carne y los huevos y envenenando a los animales.
Cada año, millones de aves mueren envenenadas tras ingerir perdigones de plomo al confundirlos con alimento o con pequeñas piedras que utilizan en la molleja para triturar la comida. Carroñeros como águilas y buitres, a menudo entre nuestras especies más amenazadas, están muriendo en todo el mundo por perdigones o fragmentos de bala que quedan en las presas cazadas. Estas aves tragan inadvertidamente los fragmentos presentes en presas y carroña; luego, su fuerte ácido estomacal disuelve el plomo, permitiendo que pase al torrente sanguíneo. Los mamíferos carroñeros también están expuestos a estos fragmentos y pueden intoxicarse, pero la mortalidad es mayor en las aves debido al nivel de exposición y a su sistema digestivo particular.
La intoxicación por plomo también provoca una serie de efectos subletales: se ve afectada la capacidad de vuelo de las aves, lo que causa colisiones con infraestructuras como cables eléctricos, y se compromete el sistema inmunitario de las especies silvestres.
Debemos pensar en la salud de manera holística; un individuo con el sistema inmunitario comprometido corre un riesgo mucho mayor de padecer enfermedades infecciosas. En tiempos de una pandemia sin precedentes de gripe aviar altamente patógena, no necesitamos poblaciones de fauna cada vez menos resilientes, no solo por su propio bien sino también por los riesgos para otros sectores.
La Dra. Ruth Cromie, investigadora asociada de WWT
Más allá del legado tóxico creado por la contaminación de los suelos con decenas de miles de toneladas de munición de plomo liberadas cada año, y de la fauna y el ganado afectados, las personas también están en riesgo. Para quienes compran carne de caza, la ausencia de niveles máximos reglamentarios de plomo deja a los consumidores expuestos y en un vacío normativo.
Este es realmente un problema de Una Sola Salud. Reconociendo que el plomo afecta a casi todos los sistemas del cuerpo humano, disparar una sustancia tan altamente tóxica contra nuestros alimentos es algo extraordinario. El potente efecto dañino del plomo sobre el cerebro en desarrollo está muy bien documentado.
La Dra. Ruth Cromie, investigadora asociada de WWT
“Tal vez los cazadores no se preocupen por el aumento del riesgo de hipertensión y enfermedad renal, pero cuando alimentan a sus hijos con carne de caza abatida con plomo, los están exponiendo a un grave riesgo de daño neurológico”, añade Cromie. Para quienes compran carne de caza, la ausencia de niveles máximos reglamentarios de plomo deja a los consumidores expuestos y en un vacío normativo.
A pesar de los riesgos conocidos, resolver el problema ha resultado difícil debido a una combinación de factores culturales y resistencia de la industria. Existen alternativas no tóxicas, pero sin regulaciones que impulsen su uso, el cambio avanza con desesperante lentitud. Cromie sabe que en el futuro miraremos atrás y nos preguntaremos por qué no se prohibió antes el uso de munición de plomo, pero mantiene la esperanza de que los responsables políticos sigan la evidencia, reconozcan los beneficios para Una sola salud derivados del uso de sustitutos no tóxicos y prioricen la protección de la salud. Junto con la regulación, se necesitan más investigaciones y desarrollo, un mejor acceso a alternativas que respeten nuestros ecosistemas compartidos (especialmente en zonas desatendidas) y recursos para ayudar a los cazadores a cambiar a herramientas sin plomo. Esto también se traducirá en una reducción sustancial de la mortalidad de la fauna silvestre y en beneficios asociados al bienestar animal que solo tendrán efectos positivos para la salud de todos.
Desde los productos farmacéuticos que se filtran en las vías fluviales hasta los medicamentos veterinarios que alteran los ecosistemas y los metales pesados que envenenan animales en todo el mundo, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) reconoce los desafíos que enfrentan la fauna silvestre y nuestro ecosistema interconectado. Sin embargo, existen soluciones a través del enfoque de Una Sola Salud. La gestión de estos grandes riesgos sanitarios mundiales no puede hacerse de forma aislada ni por un solo sector. Este enfoque va más allá de enfermedades individuales y exige la cooperación plena de los sectores de la salud animal, humana, vegetal y ambiental. A la luz de ello, la OMSA continúa aportando su experiencia en sanidad y bienestar animal a estas necesarias alianzas multisectoriales.
Al amanecer, los mercados comienzan a cobrar vida. Llegan camiones procedentes de aldeas lejanas. Los agricultores conducen ovejas y cabras por calles estrechas. Los compradores examinan a los animales, negocian los precios y se preparan para el viaje de regreso a casa. Para muchas familias, este momento representa esperanza: un animal vendido puede significar matrículas escolares pagadas, comida sobre la mesa o dinero reservado para la próxima temporada. Para quienes eligen una oveja o una cabra para una celebración, también es una fuente de orgullo y reconocimiento dentro de la comunidad.
En todo el mundo, se estima que 330 millones de personas dependen de los pequeños rumiantes —ovejas y cabras— para su sustento y su seguridad alimentaria. Estos animales son fundamentales para los sistemas de agricultura familiar, especialmente en comunidades marginadas. Proporcionan carne y leche, pero también lana y cuero para la vestimenta, y estiércol para los cultivos. En muchas regiones, las mujeres desempeñan un papel clave en su cuidado y manejo, lo que convierte a la cría de pequeños rumiantes en una vía importante hacia la independencia económica y el bienestar familiar.
Sin embargo, detrás de esta escena tan familiar se esconde una realidad menos visible. El movimiento de animales, tan esencial para el comercio y la supervivencia, también crea oportunidades para la propagación de enfermedades. El riesgo asociado al traslado de ovejas y cabras rara vez es evidente para compradores o vendedores, pero influye en la salud de los rebaños y en la estabilidad de los mercados.
Un viaje que conecta granjas y mercados
Las ovejas y las cabras se encuentran entre los animales domésticos más móviles del mundo. Los pastores las trasladan en busca de pastos y agua mediante migraciones estacionales conocidas como trashumancia, recorren largas distancias para llegar a los mercados y las comercian entre regiones y a través de fronteras. Cada desplazamiento pone en estrecho contacto a animales procedentes de distintos rebaños. Una oveja que parece sana puede haber contraído una infección días antes sin mostrar síntomas. El estrés del transporte, el hacinamiento y los cambios en la alimentación pueden debilitar sus defensas y hacerla más propensa a transmitir enfermedades a otros animales.
En algunos países, las encuestas realizadas en mercados ganaderos han demostrado la intensidad de estos movimientos, con miles de animales cambiando de manos en períodos muy cortos. Cuando los animales se desplazan con rapidez y frecuencia, resulta difícil saber de dónde proceden o adónde se dirigen después. Si aparece una enfermedad, rastrear su origen puede ser como intentar seguir huellas en la arena.
Ciertas infecciones se aprovechan especialmente de esta movilidad. La peste de los pequeños rumiantes, una enfermedad altamente contagiosa de ovejas y cabras, puede propagarse rápidamente a lo largo de las rutas comerciales y acabar con rebaños enteros. La fiebre aftosa afecta a todos los animales de pezuña hendida y puede perturbar tanto los mercados locales como el comercio internacional, ya que las ovejas y cabras pueden actuar como portadoras silenciosas. Algunas enfermedades, como la brucelosis, también pueden afectar a los seres humanos. Para los hogares que dependen de solo unos pocos animales, la pérdida de un rebaño puede significar la pérdida de ingresos, de alimentos y de seguridad.
Estos efectos van más allá de los agricultores individuales. Cuando se producen brotes, pueden desestabilizar las cadenas de suministro, elevar los precios de los alimentos y ejercer una gran presión sobre los Servicios Veterinarios. Las consecuencias se sienten no solo en las zonas rurales, sino también en pueblos y ciudades donde las personas dependen de un acceso constante a los productos de origen animal.
Proteger los medios de vida protegiendo la salud animal
Por esta razón, los expertos en sanidad animal se centran cada vez más en comprender cómo y por qué se mueven los animales. El mapeo de las rutas entre granjas, mercados y zonas de pastoreo ayuda a identificar dónde los riesgos son mayores. La vigilancia de la salud animal en puntos clave de concentración facilita la detección temprana de problemas. La vacunación y los sistemas básicos de identificación y trazabilidad animal pueden reducir aún más la probabilidad de que las enfermedades se propaguen sin ser detectadas.
La Organización Mundial de Sanidad Animal y sus asociados han destacado estos vínculos entre el movimiento de animales y la propagación de enfermedades, no para desalentar el comercio ni las prácticas tradicionales, sino para hacerlas más seguras mediante el control de los desplazamientos. El objetivo no es impedir que los animales se muevan, sino garantizar que sus viajes no transporten amenazas ocultas.
Los pequeños rumiantes son más que simples mercancías. Son cuentas de ahorro con cuatro patas, fuentes de alimento y símbolos de resiliencia para millones de familias. Favorecen la participación económica de las mujeres y ayudan a los hogares a superar tiempos difíciles. Su valor no se mide solo en dinero, sino también en estabilidad y dignidad.
Cuando una oveja o una cabra inicia un viaje, transporta algo más que su propio peso. Lleva consigo las esperanzas del hogar que la crió y, en ocasiones, el riesgo de enfermedad si no existen medidas de protección adecuadas. Comprender esta relación no es solo una cuestión técnica. Se trata de proteger los medios de vida, fortalecer los sistemas alimentarios y garantizar que el movimiento de animales siga siendo una fuente de oportunidades y no de vulnerabilidad.
Lograrlo requiere una responsabilidad compartida. Agricultores, comerciantes y Servicios Veterinarios desempeñan un papel fundamental para mantener sanos a los animales durante sus desplazamientos —mediante el intercambio de información, la aplicación de medidas básicas de bioseguridad y la respuesta rápida cuando surgen riesgos— Al prestar atención a cómo viajan los animales y al apoyar prácticas que los mantengan saludables durante el trayecto, todos pueden contribuir a que estos viajes sigan siendo un camino hacia la prosperidad y no una vía de propagación de enfermedades.
En el transcurso del último año, la cuestión del género en la profesión veterinaria se ha convertido en un tema central para la OMSA. Los eventos paralelos, entre ellos uno celebrado durante la 92.ª Sesión General, han puesto de relieve el firme compromiso de los Miembros de sumarse al debate mundial y de promover la igualdad de género.
A escala mundial, la medicina veterinaria ha experimentado lo que muchos denominan una «feminización», ya que las mujeres representan actualmente aproximadamente la mitad de los profesionales en ejercicio y cerca del 80 % del estudiantado en medicina veterinaria. Este rápido cambio ha reavivado la atención sobre cuestiones como la representación en los puestos directivos, la sostenibilidad de la fuerza laboral y el futuro de los Servicios Veterinarios. Al mismo tiempo, la disminución del número de hombres que ingresan en la profesión plantea interrogantes sobre la diversidad y la capacidad del sector para cumplir sus funciones esenciales a largo plazo.
Pero romper el ciclo no basta. Aunque cada vez más mujeres ingresan en las facultades de veterinaria y se incorporan a la profesión, esta tendencia no se traduce automáticamente en una representación equitativa en los cargos directivos, las asignaciones sobre el terreno, los niveles salariales o la autoridad en la toma de decisiones. En realidad, persisten desigualdades estructurales. Los puestos de liderazgo, la titularidad de las clínicas y las funciones de campo siguen estando ocupados de manera desproporcionada por hombres. Por el contrario, las mujeres suelen concentrarse en laboratorios, en el cuidado de animales de compañía y en funciones administrativas o de apoyo, donde la influencia y la autoridad son relativamente limitadas. Para agravar aún más la situación, la brecha salarial en la profesión veterinaria sigue siendo una realidad persistente. Las mujeres veterinarias continúan percibiendo ingresos inferiores a los de sus homólogos masculinos, especialmente entre los recién graduados y los grupos de mayores ingresos, una situación impulsada por estructuras laborales obsoletas y estereotipos de género profundamente arraigados.
La disminución de la participación masculina en la fuerza laboral añade un nivel adicional de complejidad, al modificar la manera en que funciona la profesión. Según datos recientes, por cada aumento del 1 % en el número de mujeres en el alumnado de una facultad de veterinaria, se registran aproximadamente 1,7 solicitudes masculinas menos al año siguiente. Si bien las causas aún deben esclarecerse, las implicaciones son evidentes: escasez crónica de personal en las zonas rurales y en los puestos físicamente exigentes sobre el terreno, donde las mujeres afrontan limitaciones relacionadas con la seguridad y suelen disponer de condiciones laborales poco atractivas.
“Tenemos sectores enteros, profesiones y sistemas de trabajo que han sido diseñados por hombres”, señala E. Scott Osborne, presidente de Through Women’s Eyes. “Ya se trate del entorno físico, de la jerarquía corporativa, de los horarios de trabajo, de las modalidades de ascenso o de los criterios de promoción, todo fue concebido por hombres. Hasta literalmente la segunda mitad del siglo pasado, los hombres crearon sistemas para satisfacer las necesidades, objetivos, prioridades y horarios de los hombres, a menudo en una época en la que muchos tenían una esposa que no trabajaba fuera del hogar. Hoy vivimos en un mundo en el que muchas mujeres forman parte de la población activa, pero esos sistemas han permanecido en gran medida inalterados ”.
En otras palabras, el aumento de la participación femenina también pone de manifiesto la incapacidad del sistema para adaptarse a los cambios de la fuerza laboral. Sin abordar los obstáculos estructurales y culturales, el efecto combinado de la «feminización» y de la disminución de las matriculaciones masculinas corre el riesgo de producir el resultado contrario al deseado: el debilitamiento de la cobertura de los servicios y la interrupción de la continuidad de las funciones veterinarias esenciales.
Nuevas prioridades en materia de igualdad de género
La OMSA ha dialogado con sus Miembros en el marco de recientes eventos institucionales con el fin de identificar sus prioridades relacionadas con la feminización de la fuerza laboral y de orientar la elaboración de la futura estrategia de género de la Organización.
Entre los principales desafíos identificados figuran:
- la falta de políticas específicas para atraer y retener una fuerza laboral equilibrada desde el punto de vista del género;
- las presiones derivadas de las responsabilidades de cuidado y las limitaciones en materia de conciliación entre la vida profesional y la vida privada;
- la persistencia de expectativas sociales que refuerzan los estereotipos de género y siguen relegando a las mujeres a funciones poco dinámicas, alejadas de las zonas rurales o del trabajo de campo.
Ante estos desafíos, los Miembros han expresado de forma mayoritaria su deseo de que la OMSA apoye activamente estrategias sensibles al género para hacer que la comunidad sea más inclusiva. Asimismo, desean que la OMSA recopile y analice datos sobre la fuerza laboral y proporcione orientaciones sobre el uso de esta información para elaborar políticas equitativas y sostenibles.
Hacia una visión común de Servicios Veterinarios sensibles al género
Los recientes estudios de evaluación de género realizados en África y en Asia y el Pacífico, encargados por la OMSA, han puesto de manifiesto la subrepresentación de las mujeres en los puestos directivos y una distribución desequilibrada de las asignaciones sobre el terreno.
Los resultados también muestran que la cultura organizacional, el acceso a la formación y un liderazgo favorable son factores determinantes para la elaboración de políticas de fuerza laboral sensibles al género en el sector, desde programas específicos de desarrollo del liderazgo hasta sistemas de cuotas que garanticen una representación equilibrada.
Si bien estas evaluaciones aportan información útil, también revelan una carencia: los Servicios Veterinarios necesitan una cultura más sólida de utilización de los datos para orientar las políticas de recursos humanos. La recopilación sistemática, el análisis y la aplicación de datos probatorios constituyen un elemento esencial que falta para cerrar la brecha final y alcanzar una igualdad de género sostenible. Este enfoque analítico basado en datos se ve reforzado asimismo por las recomendaciones emanadas de la Conferencia Continental Africana sobre el Desarrollo de la Fuerza Laboral Veterinaria.
No obstante, en lo que respecta a la recopilación de datos utilizables, los Servicios Veterinarios no están solos. Las facultades de veterinaria pueden ser aliados valiosos en esta tarea. Los datos desglosados por sexo procedentes de los centros de enseñanza permiten comprender mejor cómo las normas de género, las expectativas y las percepciones de la profesión influyen en las decisiones del alumnado incluso antes de su incorporación al mercado laboral. Esto resulta especialmente importante en un contexto en el que los estudios veterinarios registran un descenso de las matriculaciones masculinas, probablemente influido por las perspectivas profesionales, la remuneración y las normas sociales que asocian el cuidado de los animales con funciones de atención tradicionalmente atribuidas a las mujeres.
Una cosa está hoy más clara que nunca: fortalecer las capacidades analíticas no es únicamente un requisito técnico, sino una inversión estratégica que proporciona a los responsables de la formulación de políticas la información necesaria para impulsar el progreso en el sector de la sanidad animal.
A medida que la profesión veterinaria se feminiza, resulta esencial comprender todos los matices de este cambio. Esta evolución plantea cuestiones fundamentales sobre el futuro del sector: ¿cómo distribuyen las estructuras laborales las oportunidades y permiten un liderazgo equitativo? ¿Contribuye la disminución de las candidaturas masculinas a la escasez de personal en las zonas remotas, donde las mujeres siguen estando subrepresentadas? ¿Y de qué manera influyen las transformaciones de las dinámicas de género en la identidad profesional, las aspiraciones de carrera y el atractivo general de la profesión veterinaria?
Explorar estas cuestiones mediante un enfoque analítico basado en datos permite a la OMSA y a sus Miembros ir más allá de las tendencias numéricas y comprender los mecanismos que subyacen a la organización, la distribución y la resiliencia de la fuerza laboral.
Teniendo en cuenta esta complejidad, la OMSA y sus Miembros trabajan conjuntamente para construir Servicios Veterinarios equitativos, sostenibles y mejor preparados para proteger la sanidad animal y la salud pública. La OMSA se compromete a utilizar los conocimientos derivados de las consultas con los Miembros y de los estudios de evaluación de género para elaborar una estrategia integral en materia de género que ponga en valor las buenas prácticas, refuerce la base de datos probatorios a escala mundial y garantice que la profesión veterinaria siga siendo dinámica, inclusiva y atractiva para todos.
Cuando la fauna silvestre y el ganado comparten los mismos entornos, aumentan las posibilidades de transmisión de patógenos entre ellos. Esto plantea un problema particular para las enfermedades animales transfronterizas, como la peste porcina africana (PPA), la influenza aviar (IA) y la fiebre aftosa (FA), que continúan propagándose a escala mundial, afectando tanto a la sanidad animal como a los medios de subsistencia de las poblaciones que dependen de ella.
Comprender las interfaces fauna silvestre–ganado (IFSG) —los espacios físicos donde interactúan animales silvestres y domésticos— e identificar intervenciones capaces de reducir la transmisión de enfermedades en estas interfaces es esencial para aliviar la carga de enfermedades que pesa sobre los animales, los seres humanos y las economías.
Como parte de su misión de proteger la sanidad animal en todo el mundo, la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA, WOAH) ha publicado un nuevo recurso: Mitigar el riesgo de transmisión de enfermedades en la interfaz fauna silvestre–ganado: Guía práctica para los Servicios Veterinarios. Estas directrices proporcionan a los Servicios Veterinarios recomendaciones claras y adaptables para ayudarles a diseñar intervenciones eficaces y específicas al contexto, con el fin de hacer frente a los riesgos sanitarios allí donde la fauna silvestre y el ganado se encuentran.
Las características de las enfermedades, como la capacidad de un patógeno para sobrevivir en el medio ambiente, el modo de transmisión (directa, indirecta o vectorial), así como las tasas de morbilidad y mortalidad, desempeñan un papel importante en las IFSG. Sin embargo, no son los únicos factores. Las IFSG también varían según las regiones, los sistemas de producción pecuaria, las especies silvestres y los factores ambientales. Estas interacciones son, además, dinámicas y están fuertemente influenciadas por el clima, los hábitats y las actividades humanas. En conjunto, estos elementos pueden crear vías complejas de transmisión de patógenos entre la fauna silvestre y el ganado, y viceversa.
El ganado y la fauna silvestre tienen necesidades similares: alimento, agua y refugio. Si estos recursos son fácilmente accesibles en las explotaciones agrícolas, por ejemplo, pero no en el entorno circundante, pueden convertirse en puntos críticos de transmisión de enfermedades. Del mismo modo, cuando los asentamientos humanos se acercan a estos recursos, aumenta la probabilidad de interacciones entre la fauna silvestre y las personas, abriendo la puerta a eventos de desbordamiento (spillover) y a infecciones zoonóticas.
Cartografiar los riesgos relacionados con las IFSG antes de un brote puede proteger la sanidad animal durante el mismo
La cartografía y la comprensión de las características de las IFSG pueden reforzar considerablemente la capacidad de los profesionales veterinarios para evaluar cómo podría propagarse una enfermedad. Esto implica comprender bien la enfermedad objetivo y los escenarios en los que podría difundirse. Lamentablemente, estas tareas no son sencillas. Las diferencias en el nivel de conocimiento sobre las enfermedades entre países pueden constituir un obstáculo para tener en cuenta con precisión todas las características de un brote, al igual que la existencia de datos inexactos o de baja calidad.
Sin embargo, contar con un plan de acción bien pensado y específico para cada explotación, orientado a reducir las interacciones entre la fauna silvestre y el ganado, puede mitigar en gran medida el riesgo de transmisión de enfermedades en la interfaz fauna silvestre–ganado. Estos planes de acción pueden incluir medidas como la mejora de las infraestructuras, el desplazamiento de puntos de agua o comederos y la reducción del atractivo de los recursos agrícolas para la fauna silvestre.
Clasificar las acciones en categorías como «prioritarias» y «alternativas», o «generales» y «específicas», permite traducir las evaluaciones de riesgo en decisiones prácticas y aplicables sobre el terreno. Las acciones prioritarias pueden centrarse en las medidas con mayor potencial de reducción del riesgo en la interfaz, mediante intervenciones directas o estructurales, mientras que las acciones alternativas ofrecen una opción realista cuando limitaciones como los permisos o la viabilidad dificultan la aplicación de las medidas prioritarias. Las acciones generales permiten establecer un nivel básico de bioseguridad mediante prácticas de gestión amplias que afectan a toda la explotación, mientras que las acciones específicas se dirigen a puntos de riesgo claramente identificados, como parcelas o puntos de agua.
En conjunto, estas distinciones permiten elaborar planes de acción adaptados a cada explotación y equilibrar la eficacia con los desafíos prácticos de implementación a los que se enfrentan los Servicios Veterinarios y los productores.
La bioseguridad como inversión
En la gestión de los riesgos en las interfaces fauna silvestre–ganado, la bioseguridad debe considerarse una inversión y no un costo adicional. Cuando se aplica correctamente, la bioseguridad ayuda a prevenir brotes de enfermedades —cuya gestión posterior puede resultar extremadamente costosa— antes de que se produzcan. Así, aunque la mejora de las infraestructuras agrícolas implique costos iniciales, estos son bajos en comparación con los costos asociados a los tratamientos, las pérdidas de producción y el sacrificio sanitario.
La mitigación de los riesgos en la interfaz fauna silvestre–ganado no es una solución única para todos los casos. Las enfermedades transfronterizas como la PPA, la IAAP y la FA son complejas a su manera y requieren soluciones adaptadas tanto a las características específicas de cada enfermedad como al contexto propio de cada país. Los países deberían aplicar el principio de «no causar daño» para garantizar que las soluciones implementadas sean ambientalmente sostenibles y socialmente aceptables. Las directrices ayudan a los países a desarrollar programas de mitigación de riesgos a medida, que reflejen las realidades y capacidades locales. Al adaptar las intervenciones, los países pueden proteger mejor la sanidad animal y el comercio.
Mitigar el riesgo de transmisión de enfermedades en la interfaz fauna silvestre–ganado: Guía práctica para los Servicios Veterinarios proporciona a los Servicios Veterinarios las herramientas necesarias para poner en marcha intervenciones adaptadas y de alto impacto allí donde la fauna silvestre y el ganado se encuentran. Invertir en la mitigación de la transmisión de enfermedades en las interfaces fauna silvestre–ganado permite construir un futuro más seguro y sostenible tanto para los animales como para las personas.
El Segundo Informe de Seguimiento del Observatorio se ha publicado y ofrece nuevos conocimientos sobre la adopción mundial de las normas de sanidad animal. Descubra cómo Brasil no solo implementó eficazmente la zonificación, sino que también ayudó a moldear las normas internacionales que respaldan esta práctica. Inicialmente utilizada por el país como herramienta para erradicar la fiebre aftosa, la implementación exitosa de estas normas se ha convertido desde entonces en un mecanismo poderoso para acceder a los mercados internacionales. Por eso, las recomendaciones del informe podrían ser valiosas para muchos responsables de la toma de decisiones.
El mandato fundamental de la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) es establecer normas internacionales que garanticen la sanidad y el bienestar animal, apoyen el control y la erradicación de enfermedades y faciliten el comercio internacional seguro de animales y productos de origen animal. Para entender estas normas, se puede pensar en ellas como medidas acordadas y adoptadas por todos los países. Estas medidas, en última instancia, orientan las estrategias y regulaciones nacionales relacionadas con la sanidad y el bienestar animal.
Marcelo de Andrade Mota es el Director de los Servicios Veterinarios de Brasil y el Delegado de la OMSA para el país. En 2025, lideró con éxito los esfuerzos para que Brasil fuera reconocido como libre de fiebre aftosa en todo su territorio. La fiebre aftosa es una de las seis enfermedades para las cuales la OMSA otorga un estatus oficial de libre de enfermedad. La implementación de las normas de zonificación de la OMSA, en cuya elaboración Brasil participó activamente, desempeñó un papel crucial en este logro. Marcelo de Andrade Mota conoce bien tanto el potencial como los desafíos asociados a estas normas:
“Creo que la parte más interesante del proceso de establecimiento de normas de la OMSA es que se basa en el consenso, lo cual es esencial para que los países puedan realmente implementar las normas. Dicho esto, hay que ser honestos: nosotros, los delegados, acordamos las normas en París, en la OMSA, y eso está muy bien. Pero una vez que regresamos a nuestros países, debemos hacer nuestra tarea. Tenemos que dar seguimiento, aplicar las reglas en nuestro contexto nacional y negociar con las partes interesadas pertinentes. Esto puede ser un desafío, pero el hecho de que estas normas se establezcan por consenso recuerda la importancia de su adopción.”
Para evaluar si y cómo los países implementan las normas, el Observatorio de la OMSA ha publicado su Segundo Informe de seguimiento. El estudio de caso de Brasil proporciona un ejemplo claro de la importancia de las normas y del impacto positivo que pueden tener a varios niveles.
El Segundo Informe de Seguimiento del Observatorio
El Segundo Informe de seguimiento del Observatorio proporciona a la OMSA y a sus Miembros conocimientos y recomendaciones sobre el uso e implementación de las normas de la OMSA. A través de un ambicioso metaanálisis de múltiples conjuntos de datos, tanto internos como externos a la OMSA, el informe está diseñado como una herramienta práctica para orientar la estrategia futura de la OMSA y sus Miembros. Por esta razón, se publicará cada cinco años, en consonancia con los ciclos de los Planes Estratégicos de la OMSA.
El informe completo está disponible en línea y aborda temas como comercio y medidas sanitarias, autodeclaraciones y estatus oficial, control de movimientos dentro de países/territorios y precauciones en fronteras, zonificación y compartimentación, uso de antimicrobianos y resistencia a antimicrobianos, así como la implementación del enfoque “Una sola salud”. También se encuentran disponibles fichas informativas y paneles interactivos para que cualquiera pueda consultar y extraer información.
Uso y mejora de las normas de zonificación en Brasil
La zonificación es una práctica que permite a las autoridades veterinarias dividir el territorio de un país en áreas más pequeñas, cada una con animales con un estatus sanitario específico para una enfermedad determinada. De este modo, si se produce un brote en una zona, puede ser contenido sin afectar a las demás, permitiendo que las actividades y el comercio continúen con normalidad en las regiones libres de enfermedad. Para implementar la zonificación de manera eficaz, los países deben establecer identificación de animales, controles de movimiento y medidas de bioseguridad. Mantener zonas libres de enfermedades respalda la producción y el comercio seguro de animales y sus productos.

La introducción del concepto de zonificación en Brasil estuvo estrechamente vinculada a la lucha contra la fiebre aftosa, durante un período de rápido crecimiento y aumento de la demanda de producción de carne. Como explica Marcelo de Andrade Mota:
“Desde la década de 1950, el objetivo de erradicar la fiebre aftosa ha dado forma a la organización de nuestros Servicios Veterinarios en todo el país. Esto impulsó la industria farmacéutica para la producción de vacunas y, eventualmente, también influyó en nuestro enfoque de la zonificación. Brasil es un país muy grande: si queríamos que fuera libre de fiebre aftosa, sabíamos que teníamos que trabajar en áreas más pequeñas, dividiendo el país en zonas y priorizándolas según las necesidades y la capacidad de los Servicios Veterinarios locales.”
Abordamos la enfermedad zona por zona, rodeando cada brote, vacunando animales y luego eliminando gradualmente la vacunación, nuevamente zona por zona. En la década de 1990, tuvimos la primera área reconocida como libre de enfermedad con vacunación; en 2024, todo el país estaba libre de enfermedad sin vacunación, y en 2025, la OMSA reconoció oficialmente este estatus.
Marcelo de Andrade Mota, Director de los Servicios Veterinarios de Brasil y el Delegado de la OMSA.
Para un país como Brasil, hoy uno de los mayores productores y exportadores de carne del mundo, la zonificación es más que una herramienta para erradicar enfermedades. En su nueva era libre de fiebre aftosa, Brasil ha establecido “zonas de paz”, como las llama el Dr. de Andrade Mota, que pueden activarse si la enfermedad reaparece. Si se detectara un caso, la zona afectada se aislaría, mientras que los agricultores en otras zonas podrían continuar moviendo animales y gestionando sus negocios sin interrupciones.
Recomendaciones del Observatorio
El Segundo Informe de seguimiento del Observatorio ofrece recomendaciones prácticas tanto a la OMSA como a sus Miembros para mejorar la implementación de estas normas. Por ejemplo, la OMSA recomienda que los Miembros apliquen medidas funcionales, como controles de movimiento, para apoyar la zonificación. También sugiere considerar el uso de esta medida junto con los mecanismos de la OMSA, como el reconocimiento oficial del estatus y la autodeclaración, lo que puede facilitar acuerdos comerciales bilaterales. Este enfoque se alinea estrechamente con la experiencia de Brasil y podría interesar a muchos otros países.
El mundo hoy está más interconectado y los países están cada vez más interesados en mantener un comercio seguro. Medidas como la zonificación ayudan a mitigar los riesgos y los impactos económicos de las enfermedades animales en el comercio internacional. Ahora que Brasil es libre de fiebre aftosa, nuestro objetivo es aprovechar este estatus y nuestro eficiente sistema de zonificación, reconocido por la OMSA, en los acuerdos comerciales.
Marcelo de Andrade Mota, Director de los Servicios Veterinarios de Brasil y el Delegado de la OMSA.
Esto es posible gracias a las normas internacionales. Para que un país obtenga el respaldo de la OMSA a su estrategia de zonificación, debe cumplir con las normas de la Organización. Sin embargo, no se trata de un proceso unidireccional en el que los países simplemente se adapten a reglas externas. Basándose en su experiencia nacional y sus éxitos, Brasil ha participado activamente en las discusiones sobre las normas de zonificación desde la década de 1980, ayudando a dar forma a estas normas mediante consenso con otros países. Como explica el Dr. de Andrade Mota: “Implementar normas reconocidas por la OMSA es un cambio radical. No solo protegen la sanidad animal y elevan los Servicios Veterinarios, sino que también abren el acceso a los mercados globales, impulsan el crecimiento económico y posicionan a los países como socios confiables en una cadena de suministro ganadera segura y sostenible.”
Más información
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El Segundo Informe de Seguimiento del Observatorio
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El segundo Informe de Seguimiento del Observatorio: Zonificación y compartimentación
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El panel de control sobre zonificación
Después de fuertes lluvias en septiembre de 2025, la fiebre del Valle del Rift apareció en Senegal, Mauritania y Gambia, afectando gravemente tanto a los animales como a los humanos. Aunque la enfermedad no es nueva en estos países, su impacto fluctúa significativamente a lo largo del tiempo, lo que subraya la importancia de la preparación y la vigilancia. Durante el pico de la epidemia, Senegal demostró cómo la recolección y notificación oportuna de datos a través del Sistema Mundial de Información Zoosanitaria (WAHIS) puede marcar la diferencia.
Entre el 16 y el 18 de septiembre de 2025, Mathioro Fall se encontraba en Abiyán, Costa de Marfil, participando en una sesión de formación organizada por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OMSA) sobre la notificación de enfermedades animales a través de WAHIS. Como jefe de la División de Protección de la Sanidad Animal en el Ministerio de Agricultura, Soberanía Alimentaria y Ganadería de Senegal, el Dr. Fall es responsable de compartir actualizaciones sobre brotes de enfermedades animales a través de WAHIS, razón de su viaje a Costa de Marfil.
En ese momento, la fiebre del Valle del Rift ya estaba presente en Senegal, habiéndose reportado desde al menos septiembre de 2020 en la región de Rao. Poco después de completar la formación, el Dr. Fall inició sesión en WAHIS para cerrar el evento anterior y abrir uno nuevo, debido al aumento de los brotes de fiebre del Valle del Rift tanto en animales como en humanos. A finales de septiembre, las autoridades sanitarias senegalesas confirmaron infecciones humanas, incluyendo varias muertes, marcando el inicio de un evento importante que abarcó Senegal, Mauritania y Gambia. Este evento epidémico fue posteriormente reconocido como de alto riesgo para la salud humana y animal a nivel nacional, tras una evaluación conjunta de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la OMSA.
A principios de diciembre, Mathioro Fall regresó a Saint-Louis —a cuatro horas en coche de Dakar, la capital de Senegal— para una misión de seguimiento de los brotes de fiebre del Valle del Rift. Según los datos que ha estado recopilando y compartiendo semanalmente con la comunidad internacional, la epidemia parece haber alcanzado su punto máximo y se espera que el número de casos disminuya con el tiempo.
« Las medidas de contención están demostrando ser efectivas», explica el Dr. Fall durante una pausa en su misión de campo. «Pero ahora estamos revisando las acciones llevadas a cabo para desarrollar un plan de mejora para futuras epidemias. La fiebre del Valle del Rift es una enfermedad prioritaria en Senegal: conocemos las zonas donde es probable que reaparezca y sabemos que sigue un patrón cíclico. Por lo general, regresa cada dos o tres años, por lo que este es el momento de aprender de lo que hemos hecho y fortalecer la vigilancia y la prevención en las poblaciones animales ».
Vigilando las infecciones animales para proteger la salud de todos
La fiebre del Valle del Rift es una enfermedad transmitida por vectores que puede afectar a diferentes especies animales. El virus es transportado y propagado por mosquitos y, en algunos casos, incluso puede sobrevivir durante años en sus huevos, incluso en condiciones de sequía. Cuando las lluvias intensas provocan la eclosión de los huevos, el virus puede resurgir y comenzar a propagarse nuevamente entre los animales. Los humanos también pueden infectarse, principalmente por contacto con sangre o fluidos corporales de animales infectados, pero también por picaduras de mosquitos.
La enfermedad es particularmente peligrosa para los corderos y cabritos, con tasas de mortalidad que van del 70 % al 100 %. En ovejas adultas y terneros, la mortalidad baja al 20 %–70 % y varía ampliamente entre otras especies. Las ovejas y vacas gestantes casi siempre abortan: un resultado devastador para los agricultores y una señal crucial para los epidemiólogos. Como explica el Dr. Fall: « Junto con las vacunaciones dirigidas, la vigilancia activa de las especies centinelas y el uso de insecticidas en las granjas, debemos trabajar en sensibilizar a los productores sobre los síntomas de la enfermedad para que puedan notificar eficazmente los abortos en sus animales. Esto nos ayuda a reconocer un brote en curso y, en última instancia, permite a nuestros colegas en salud humana estar alertas ante posibles amenazas emergentes ».
Formando a las personas en el mejor uso de WAHIS
Tan pronto como ocurre un brote de una enfermedad animal listada, nueva o previamente erradicada, los Miembros de la OMSA deben notificarlo a través de WAHIS.
Si bien el sistema de información sirve como una fuente clave de datos para los Servicios Veterinarios, las organizaciones internacionales y los investigadores interesados en recopilar y reutilizar información sobre la sanidad animal, la efectividad de WAHIS depende de la dedicación y cooperación de las personas que realizan los informes. Como destacó un estudio reciente en la región Asia-Pacífico, la capacidad es crucial para garantizar notificaciones oportunas de enfermedades. Por ello, se organizan regularmente formaciones en todo el mundo.
« He estado notificando a través de WAHIS durante muchos años », reconoce Mathioro Fall, « pero debo admitir que la última formación a la que asistí me proporcionó consejos útiles para usar la plataforma de manera más eficiente y rápida ».
Las enfermedades más allá de las fronteras
El mapa muestra los brotes de fiebre del Valle del Rift reportados por Senegal, Mauritania y Gambia a través de WAHIS entre el 30 de septiembre y el 10 de diciembre de 2025.
Como todas las enfermedades, la fiebre del Valle del Rift no conoce fronteras, y su carácter vectorial hace que sea particularmente difícil de contener en un área específica. Senegal no es el único país afectado a finales de 2025. Mauritania y Gambia informaron casos durante el mismo período, y Sudáfrica también experimentó una recurrencia de la enfermedad en un evento no relacionado.
Desde el panel de situación de enfermedades de WAHIS, se puede ver que desde 2023 el virus también ha sido reportado en Burkina Faso, Burundi, Ruanda, Madagascar, Uganda, Ghana, Mozambique y Kenia. Notificar de manera transparente la situación de la enfermedad es el primer paso para combatirla, como explica el Dr. Fall:
Un solo país no puede controlar de manera definitiva una enfermedad transfronteriza. El evento de este año fue excepcional, pero habríamos notificado la presencia de la enfermedad de todos modos, porque es nuestro deber como Miembro de la OMSA. Compartir datos sobre los brotes actuales es vital para ayudar a otros países a comprender la situación.
El Dr. Fall, Jefe de la División de Protección de la Sanidad Animal en el Ministerio de Agricultura, Soberanía Alimentaria y Ganadería de Senegal.
«Al notificar, capacitamos a nuestros colegas en otros países para que entiendan lo que está sucediendo, evalúen los riesgos, se preparen en consecuencia y, si es necesario, soliciten recursos con evidencia sólida ».
Diferentes formas de notificar a través de WAHIS
Al recopilar y poner a disposición grandes cantidades de datos para todos, WAHIS sirve como una fuente de información diversa y consultable por un amplio público. Se espera que los países y territorios reporten datos de dos maneras: a través del sistema de alerta temprana y del sistema de seguimiento.
En el primer caso, cuando una enfermedad previamente ausente o erradicada ocurre en animales, el país notifica a la OMSA de inmediato mediante WAHIS. Se emite una alerta y el país que reporta debe proporcionar actualizaciones semanales.
Este sistema está diseñado para ofrecer una visión general de la presencia o ausencia de una enfermedad en un área determinada. Se espera que los Miembros de la OMSA presenten un informe cada seis meses, proporcionando datos epidemiológicos sobre todas las enfermedades presentes en su territorio. Estos datos se muestran en WAHIS y también pueden descargarse y reutilizarse por cualquier persona interesada.
La fiebre del Valle del Rift ha sido noticia en África Occidental en los últimos meses y, como muchas enfermedades transmitidas por vectores, es poco probable que desaparezca pronto. Su capacidad para infectar tanto a animales domésticos como silvestres, combinada con los efectos del cambio climático y los fenómenos meteorológicos extremos, significa que probablemente la población deberá familiarizarse más con esta enfermedad. Mientras tanto, los responsables de la sanidad animal ya están recopilando y compartiendo datos para estar preparados y tomar las mejores decisiones cuando sea necesario.



